
El pasado 13 de febrero fallecía Seijun Suzuki, uno de los más elementales cineastas que ha dado la cinematografía asiática. Especialmente recordado por sus incursiones en el cine de gángsters, cuyo sello fue de tal importancia en occidente que cineastas del calado de Quentin Tarantino o Jim Jarmusch han reivindicado continuamente sus obras más esenciales, Suzuki comenzaría a trabajar poco después de finalizar sus estudios en la prestigiosa Academia Kamakura, que realizaría después de su alistamiento en el ejército de su país. Se especializaría en la asistencia de dirección, cargo que efectuaría en sus primeras incursiones profesionales, Ore no kenjû wa subayai y
Kuroi ushio, ambas del año 1954. Pronto comenzaría a trabajar principalmente para la prestigiosa compañía Nikkatsu, debutando dos años más tarde con Minato no kanpai: Shôri o waga te ni (1956), a la que seguirían un buen número de películas que realizaría mayoritariamente en un régimen de total mercenario. Sigue leyendo