El Último Exorcismo (Daniel Stamm, 2010)

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El Último Exorcismo nace como uno de los episodios más importantes del nuevo falso documental, recluida aquí en la variante del found footage, posiblemente la distinción más aprovechable y explotable de ese subgénero auspiciado en la cámara mano con su juego implícito con el espectador en el que a través de ciertas aproximaciones al metalenguaje intenta hacer pasar por verídico lo expuesto en pantalla. El film de Daniel Stamm se aleja de las propuestas más mediáticas del subgénero, como el Holocausto Caníbal (1980) de Ruggero Deodato o El Proyecto de la Bruja de Blair (1999) de Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, heredando de ellas sólo la auto-asimilación de las formas y procesos de su impronta como mero recurso de estilo (no intenta ir más allá de elevar la etiqueta de terror a ningún otro tipo de intención lejana del lenguaje cinematográfico), predominando así sus puntos a favor en un marco formal tan limpio y enérgico como la cámara en mano. Sigue leyendo

The Babadook (Jennifer Kent, 2014)

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De los áridos terrenos australianos llega la que muchos se han empeñado en ver como una de las grandes sensaciones del cine de terror de los últimos tiempos. The Babadook, dirigida por la debutante Jennifer Kent, cuenta la historia de una viuda que años después de perder a su marido le toca convivir con un hijo exageradamente aterrorizado con el personaje al que da nombre la película. Esto ocurre cuando a manos del infante llegue un extraño libro llamado «The Babadook», hasta convertirse en epicentro de una historia que sin contar nada nuevo bajo el sol sí muestra ciertos elementos que la hacen destacar entre la producción de género actual. Es en su eficiente mezcla y fomento de relaciones entre el drama y el terror donde el film se asienta acertadamente y logra perpetuar su discurso. Madre e hijo protagonizan una relación traumatizada por el temor, que supone un viaje al origen más ancestral del miedo bajo el enclave de los terrores infantiles, la creencia en el folkclore o la catastrofista sensación con la que castiga la soledad, aquí mostrada en el drama de la incapacidad de asumir la pérdida. Sigue leyendo

House of the Witchdoctor (Devon Mikolas, 2013)

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Popularmente se dice que toda película de serie b debe tener al menos alguna estrella pasada del género en decadencia artística. Esta táctica, bien requerida actualmente entre la nueva generación de cineastas del terror que traen para sus productos a aquellos actores que idolatraban cuando eran púberes espectadores, se convierte casi en el principal reclamo de este House of the Witchdoctor. Y es que, como ya adelantábamos en el Coming Soon de hace semanas sobre la película, en este film nos encontramos con nada más y nada menos que Bill Moseley, reactualizado como icono del terror gracias a Rob Zombie; Leslie Easterbrook, la voluptosa y espectacular teniente Callahan de la saga Loca Academia de Policía  (también rescatada por Zombie en Los Renegados del Diablo y Halloween. El Origen; Dyanne Thorne, uno de los mayores iconos de la sexploitation gracias a la saga de Isla, la dominatrix nazi, que aquí además estará acompañada por su marido Howard Mauer (compañero de reparto habitual de la actriz, la misma que vive ahora en un retiro interpretativo cobrando por sus autógrafos en las convenciones de fans).

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«Perdida» (Gone Girl, David Fincher, 2014)

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Se había creado mucha expectación con el último trabajo de David Fincher. Esta tenía una clara extra motivación al encontrarse el director con su género predilecto, aquel que le lanzó a la fama de cabeza con Seven (1995) conformando el enclave narrativo donde ha sabido sacar mucho mejor su potencial, no desdeñando sus otros importantes trabajos para todos sabidos. La trama, aunque dentro de unos elementos quizá demasiado recurridos, se antoja muy interesante: una pareja está a punto de cumplir su quinto aniversario de boda y la mujer desaparece súbitamente de su casa dentro de un escenario que podría dar que pensar hacia a una desaparición en contra de su voluntad. El marido, interpretado por un Ben Affleck quien ya ha circulado con temática similar en su debut como director en Adiós pequeña, adiós (2007),  asume rápidamente el protagonismo de una trama que permitirá a Fincher desarrollar unos inquietantes juegos con su peculiar forma de ver, sentir y vestir el género. Gillian Flynn guioniza su propia novela, logrando un libreto sólido y con sus aristas bien cimentadas, dando carta abierta al director a una manipulación interesantísima. Sigue leyendo