Dirty Pool (Ed Stevens, 1970)

Una pareja hacen ruta con su coche deportivo a través de las soleadas colinas de Hollywood, donde no tendrán ninguna objeción para dar rienda suelta a sus más carnales instintos a través de las praderas californianas. De entre todas las mansiones del lugar, acabarán por encontrar un lujoso emplazamiento donde vive un adinerado matrimonio que utiliza su piscina para todo tipo de prácticas sexuales. Cuando la pareja de extraños vean las voluptuosas formas de la dama de la casa, harán un necesario alto en el camino…

Dirty Pool es una de las innumerables obras del cine erótico destinado a los cines grindhouse, en aquellos inicios del porno donde se obviaba el mostrar planos explícitos (lo que popularmente acabaría llamándose softcore) pero que iban más allá del nudie a la hora de mostrar actos sexuales sin ningún tipo de acotación. Está protagonizada por la valquiria europea Uschi Digard, absoluta musa de este tipo de cintas, y que alcanzó la fama en el cine de género tras sus participaciones en el cine de Russ Meyer, cineasta que la convirtió en una de sus actrices más representativas dentro de la etapa más importante de su carrera, alzándola como un enorme mito erótico de la época. Aunque no será la última vez que Uschi Digard se pase por este humilde rincón virtual, y siendo una personalidad sobre la que hay mucho oscurantismo acerca de su vida, impulsado por su animadversión a hacer público muchos datos de su vida privada (hay muchas leyendas en torno a ella, como su supuesto trabajo de intérprete de la ONU, o su propiedad de una línea de perfumes que fue toda una explosión comercial en Asia), intentemos añadir un pequeño repaso biográfico de uno de los rostros (y cuerpos) más hechizantes del cine de género norteamericano: si hacemos caso a la IMDb Uschi nació en la localidad sueca de Saltsjö-Duvnäs el 15 de agosto de 1948 como Ursulla Bernell (aunque en algunos sitios se hace referencia a que en una entrevista reciente afirmó que esos datos eran incorrectos, y que en realidad nació en Suiza), tuvo una adolescencia rebelde en la que cansada de estar recluida en un internado huyó de casa para recorrer algunas de los países más importantes de Europa (Francia, Italia, Inglaterra…) para finalmente establecerse en Estados Unidos en 1967; allí, tras trabajar primero como traductora para la industria de la joyería (se dice que habla hasta ocho idiomas, incluido el español), es animada a probar suerte en el mundo del modelaje, un trampolín bajo el que acabaría en el cine para adultos en la explosión del subgénero a finales de la mencionada década. Al mismo tiempo se convirtió en una de las modelos más populares de las revistas masculinas, con una natural belleza europea que elevó a la belleza pin up a salvajes estertores en medio de la revolución sexual californiana. Aunque mayoritariamente ha realizado películas softcore como esta Dirty Pool (siempre rechazó intervenir en escenas hardcore, tuvo innumerables ofertas), también participaría en películas junto a grandes estrellas ‘x’ del momento como John Holmes en I Want You! (1970). Sus portentosas curvas también aparecieron en algunas piezas populares del grindhouse norteamericano como, entre otras, The Scavengers (1969) de Lee Frost (con quien volvería a colaborar en la inclasificable blaxploitation The Black Gestapo [1975]), la «mansonexploitation» The Cult (Albert Zugsmith, 1971), la biker Ratas del desierto (The Dirt Gang, Jerry Jameson, 1972), o dos entregas de la saga Ilsa junto a Dyanne Thorne, otro mito erótico contemporáneo con quien aparecería también en Aquelarre sangriento (Blood Sabbath, Brianne Murphy, 1972); pero sería sus trabajos con Russ Meyer en cintas como Supervixens (1975) o Más allá del valle de las ultravixens (1979) las que hoy le otorgan culto, con su inolvidable rol de Supersoul. Retirada del cine desde mediados de los 80, hoy Uschi vive junto a su marido de toda la vida a caballo entre Palm Springs y North Hollywood.

Dirty Pool es toda una oda al lucimiento de Digard, ya que su personaje, apodado Sun Goddes, es el principal objeto de deseo de los escasos personajes que la acompañarán a lo largo del metraje, tanto su marido como la pareja «invasora», para ser más exactos. Por ello la cinta se apropia de las baratas maneras de producción del grindhouse de la época en su estética y formas de producción, ofreciendo como telón del fondo las soleadas carreteras de Hollywood Hills. En realidad nos encontramos ante una película muda (no hay sonido directo, y la trama es relatada en voz en off), acompañada por una partitura musical, y cuyo desarrollo consiste en una serie de escenas eróticas en la prototípica mansión californiana donde una piscina será el punto central de las carnales acciones. La cinta tiene características propias del cine erótico de la época, como la recreación ingenua de algunas prácticas sexuales, la habitual sobreactuación que suministra un aliento camp a las actos recreados, además de una especie de dramatización en escena del espíritu sexual libertario contracultural de aquella California aquí trasladado a las clases altas. Este rol es representado por el matrimonio principal (Uschi interpreta a la insatisfecha mujer burguesa), al que primeramente se atribuye monotonía y decadencia en sus relaciones íntimas, logrando ver la luz a sus problemas con la rebeldía carnal que les ofrecerá la pareja de outsiders que pasean con su coche a través de las carreteras de Hollywood.

La película, aún estando editada en dvd en Estados Unidos, goza de un mal estado de conservación, ya que el bruto en celuloide que se ha utilizado para su conversión digital está repleto de un degradado especialmente visible en los últimos minutos. Dirige Ed Stevens, del que dentro del oscuro y ampuloso mundo del softcore norteamericano sólo se le conoce esta película; su trabajo aquí adolece de cualquier atisbo de pretensión artística, pero acaba por realizar un erótico decente de una hora escasa de duración y con un mínimo de recursos: una mansión en Hollywood, un coche descapotable y cuatro actores. De estos, recalcar que Digard es la protagonista absoluta, y es acompañada por otro rostro popular del softcore americano como Neola Graef, amiga personal de Uschi y con la que compartió escena en varias películas; retirada del cine a finales de los 70, reconvirtió su carrera interpretativa hacia el teatro, representando varias obras incluso probando suerte en la dirección. En el papel del marido encontramos a Marland Proctor, un actor que alternó su presencia en el grindhouse con la televisión, llegando incluso a trabajar en La Furia (The Fury, 1978) con Brian de Palma.

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