Una joven mujer embarazada (Silvia Aguilar) y su marido (Javier Escrivá) se trasladan a vivir a una lujosa mansión a las afueras de Madrid, con el objetivo de que el embarazo se desarrolle con tranquilidad y no carente de lujos. Todo se complica cuando la joven empieza a tener unos extraños recuerdos que la llevan directamente a un episodio de su vida que tuvo lugar en el mismo inmueble, cuando la ampulosa casa a las afueras era en realidad un centro clandestino.
Aquella casa en las afueras es una de las películas menos rescatadas de Eugenio Martín, cineasta todoterreno recordado especialmente tanto por Pánico en el transiberiano (1972), una de las producciones del fantaterror español que mejor supieron imprimir su facultad de exportación, y Una vela para el diablo (1973), pesadilla rural en aquella España de provincias previa al fin del franquismo. Martín contó también con una época en la que ofició de manera notable su trabajo de hombre para la industria con numerosos proyectos al calor del estrellato de importantes figuras de la década de los 60, además su experimentación en diversos géneros como el pre-giallo en Hipnosis (1962) o el Spaghetti Western con El precio de un hombre (1966), a modo de somero ejemplo de una vasta filmografía al calor de los subgéneros. En el cénit de su carrera con el inicio de la década de los 80 aún se guardaría un par de aportaciones a un terror hispánico ya en claros síntomas de decadencia, con Sobrenatural (1981) y más especialmente la cinta que ocupa las líneas de este análisis. Con producción de la mítica Kalender Films y un guion que lleva la firma de numerosas plumas (desde el productor Antonio Cuevas, el propio Eugenio Martín y hasta el humorista Chumy Chúmez, que dirigió a Silvia Aguilar en ¿Pero no vas a cambiar nunca, Margarita? [1978] ), Martín imprime un ejercicio de suspense con la elegancia formal que acostumbraba a mostrar en algunos de sus mejores trabajos (Una vela para el diablo, sin ir más lejos, cinta de similares aportaciones formales), donde la sombra de Alfred Hitchcock (y más concretamente, Rebeca [1940]) se hace notar en la personalidad y pretensiones para el suspense.


La cita a Hitchcock no es para nada gratuita una vez que se asimila Aquella casa en las afueras, cinta de tintes melodramáticos en la que el thriller se sumerge por los parajes del terror en aquellos momentos en los que pretende cierto impacto escénico. Martín se entromete en el drama a la hora de narrar esta historia de una joven mujer ingenua y dócil que se siente abrumada por el enclave (una enorme mansión de tinte gótico) y una serie de circunstancias misteriosas personificadas en un personaje secundario excelente, Isabel (Alida Valli), que se enlaza con el estereotipo de personaje en un principio dócil y amigable y bajo el que la película va mostrando los crecientes resquicios de misterio que se van exteriorizando. Si bien la mezcla de suspense, terror y drama se presenta en la película con cierta compensación y de manera natural, la cinta no está exenta de ciertas lagunas narrativas, especialmente en un primer acto con innecesaria dilación y una conclusión algo atropellada, pero no carente de cierto impacto al ser ese momento de la película en la que más directamente se concatena con las aristas del terror. Se juega bajo una hoja de ruta ligada a la historia de terror clásica (la mansión con misterio, conclusión final con impacto, eterna sensación de incomodidad), y como tal, Martín acierta a la hora de escapar de los tropos formales del momento más ligados la visceralidad, para favorecer la narrativa en base al thriller y sus armas escénicas.


Ejemplo perfecto de cinta de género olvidada y fecundada en un periodo convulso para la producción del fantástico nacional como fue el comienzo de la década de los 80, de esta obra de Martín conviene destacar algunas cosas. En primer lugar, su puesta en escena, heredera del mejor calado mediterráneo y con una asimilación del terror gótico a la italiana, con sus mundos paralelos (el terrenal y el onírico) que rápidamente se asocian, su damisela en apuros, secundarios ambiguos y una opresión escénica cuya orografía de interiores nos pretende trasladar a otras épocas; la fusión entre esta atmósfera y la buena mano de Martín en la confección del misterio supone el principal andamiaje bajo el que se sustenta la película. Por otra parte, y siendo también una constante en el trabajo de su director, el calado interpretativo de la película es altamente destacable, desde la protagonista Silvia Aguilar, en el que probablemente haya sido uno de los mejores papeles de su carrera (y bastante alejado de los roles «picantones» en los que quisieron encasillar a esta actriz de belleza superlativa) bajo la estampa de la típica mujer embarazada con sexto sentido en su instinto de supervivencia, hasta Alida Valli, una de las grandes damas de la escena interpretativa italiana, que alcanzó enorme peso en el culto por sus participaciones en el terror (venía directar de Suspiria [1978] e Inferno [1980] de Dario Argento) y cuyo rol aquí supone uno de los mayores atractivos de la película, no muy alejado en el tercio final del talante interpretativo para el horror que ya demostró en sus colaboraciones con el citado cineasta italiano. No conviene olvidar la presencia de Javier Escrivá como el marido de la joven embarazada, y la aparición, en una de sus primeros papeles, de una joven Carmen Maura.


La película fue rodada en 1979 en España con un presupuesto modesto, siendo estrenada en salas, según IMDb, el 20 de octubre de 1980. Fue editada en el mercado doméstico en una primera edición en VHS por parte de Video Disco, que respeta el póster original, y otra por parte de Kalender Video con una imagen de de Silvia Aguilar y otra de Carmen Maura. Internacionalmente conocida That House in the Outskirts, goza de cierto culto en Estados Unidos como pieza underground de terror español y muestra tardía de la enorme producción de género acontecida en España en la década anterior. A modo de conclusión, es digno de mencionar el cómo esta película se adelantó a cierto fenómeno de la producción española de terror de principios de los 2000, en el que con cintas como El Orfanato (2007) se instauró ese cliché de historias con protagónicas femeninas aprisionadas emocionalmente en ampulosas mansiones de tinte gótico. El pasado mes de mayo de 2024 Aquella casa en las afueras fue proyectada en el Cine Club Luis Buñuel de Elche, rindiendo homenaje a la allí presente Silvia Aguilar.
