El Cine-Bis es una publicación que alcanza su quinto número pisando fuerte dentro del nuevo resurgir que parece vivir el fenómeno del fanzine. No es para menos cuando el comandante de su nave es el incombustible Javier G. Romero, figura indispensable del fandom nacional en su labor de editor y analista cinematográfico, responsable de la que posiblemente es hasta la fecha la más completa y fascinante publicación nacional sobre el cine de géneros, Quatermass. Como si de una nueva y renovada concepción de aquella se tratase, Cine-Bis se presenta bajo el seductor subtítulo de «Cine de género alrededor del mundo», con el objetivo claro de procesar una meticulosa y completista mirada a todo tipo de corrientes cinematográficas de cualquier índole y nacionalidad, prevaleciendo vertientes fílmicas de culto y que habitualmente no suelen encontrar ubicación en las publicaciones más convencionales. Sigue leyendo
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31 de Octubre. Halloween… Destripando una saga.
Llega Halloween al Gabinete, la noche de las brujas, las almas impías, los demonios y los monstruos. Y para celebrarlo, el Reverendo se rodea de un exquisito grupo de amigos que han tenido a bien analizar cada una de las partes de una de las más recordadas e icónicas sagas cinematográficas que se recuerdan: Halloween. Inaugurada en el año 1978 por John Carpenter en la majestuosa La Noche de Halloween, quien ponderaría en el establishment del cine de terror de entonces las constantes a seguir en la explotación comercial del Slasher, la franquicia pasaría ipso facto a ser una de las más recordadas del subgénero fabricando uno de esos iconos anexos para siempre al reverso más tenebroso de la cultura popular, Michael Myers. A continuación, nueve plumas se confabulan para repasar y analizar cada una de esas películas que han llevado a Myers a ser historia viva del celuloide. Enjoy, amigos:
Express Reviews: «The Final Girls», «Deathgasm», «Cuentos de Halloween», «Maggie»
The Final Girls (íd, Todd Strauss-Schulson, 2015)
Catapultada como una de las cintas más aclamadas en la pasada edición del festival de Sitges, The Final Girls se desarrolla bajo unas claras querencias reivindicadoras hacia uno de los (sub)géneros más adorados y explotados del fantástico como es el slasher. Strauss-Schulson pretende un homenaje, exageradamente auto-confeso aunque a la vez honesto en sus propósitos, en un juego metalingüístico en el que sus protagonistas acabarán siendo los principales partícipes de una ficción que aclimata en una pretendida y confesa exageración las constantes del mencionado (sub)género; esta maniobra retrotrae al espectador al instante a artificios creativos mucho más interesantes como Demons de Lamberto Bava o Angustia de Bigas Luna, aunque aquí la pirueta narrativa se acaba ahogando en las cansinas y gratuitas ganas de provocar el chiste, olvidándose de procrear un homenaje consecuente con el propio slasher y que acabará, de manera lamentable, en un batiburrillo de gags insulsos y olvidables. El rescate de los más manidos tópicos del slasher serán fruto de un conjunto de secuencias que explotan las bromas sin el cinismo y la mordacidad necesarios, cayendo en un tono cómico excesivamente superior a su empaque fantastique.
Dossier Nasty: «Bahía de Sangre» (Mario Bava, 1971)
Otra de las más populares cintas que entraron dentro de la lista de las «Video Nasties» es Bahía de Sangre, de Mario Bava, cuyo original, Reazione a catena, es mucho más estimulante y esclarecedor. Convendría centrarse en la película no como una pieza más del terror italiano, aquí en unas maneras mucho más cafres y exacerbadas respecto al estado del género en aquel entonces (donde los gialli ya habían dado cuenta de los últimos efluvios del gótico transalpino), sino como fenómeno. Bahía de Sangre de hecho es considerado uno de los gialli más peculiares y singulares de la historia, aquí con la particularidad de provenir del considerado creador de la vertiente. Y es que, en esencia, y bajo el modesto punto de vista de quien esto firma, el film viene a significar algo así como el anti-giallo, ya que rompe de una manera exquisita los elementos compositivos de la corriente pero ofreciendo, de paso, algunas resoluciones que luego mutarían en expropiaciones para el futuro slasher americano. Sigue leyendo
In Memoriam: Wes Craven (1939-2015)
De él se llegó a decir que revolucionó el cine de terror hasta en tres ocasiones. Aunque pueda a sonar a la típica afirmación condescendiente sobre una muerte reciente, lo cierto es que en la filmografía de Wes Craven se encuentran bastantes piezas que de una u otra manera, han marcado. Su debut, La última casa a la izquierda, fue una tropelía que Craven fraguó junto a Sean S. Cunningham bajo los estandartes del cine underground norteamericano, siendo la primera pieza colocada para convertirse en uno de esos directores del nuevo horror, ese que en la década de los 70 presentaba unas intenciones reaccionarias hacia el terror clásico para ofrecer unas ínfulas de realismo incómodas pero verdaderamente efectivas, no aptas para todos los estómagos de una década donde se dice que todo se cambió. Sigue leyendo
«La Horca» (Travis Cluff, Chris Lofing, 2015)
La Horca tiene de inicio dos puntos bastante interesantes a tener en cuenta: el film viene producido por la Blumhouse Productions, compañía que además de responsabilizarse de una de las sagas de terror más exitosas de los últimos años (Paranormal Activity) parece luchar por una seria reivindicación del horror como género, auspiciada por un conjunto de filmes que lograron destacar en el campo; el otro aspecto cautivador recae en su propia premisa, un supuesto inicial heredado de los clásicos efluvios del slasher que propone encerrar en un instituto a un pequeño grupo de adolescentes que pretenden boicotear una obra de teatro que, 20 años antes, había acabado en tragedia. Sigue leyendo
Estrenos de género: 31/07/2015
Con el epicentro de la cartelera veraniega llega este viernes uno de los estrenos más esperados por estos lares: La Horca, que viene siendo más conocida por su título original (The Gallows), promete ser el estreno estrella de nuestros cines en lo que a cine de terror se refiere. Un slasher que se ensambla bajo el recurrido formato del found footage y que tiene tras de sí una campaña de márketing brutal por parte de la Warner Bros. Hasta la promoción de la película convirtió en viral el juego «Charlie, Charlie», una especie de ouija moderna que pasó de fenómeno a realidad cuando Youtube se encontró con un montón de vídeos de jóvenes invocando a un espíritu que se comunica a través de dos lápices colocados en cruz encima de un papel. Las críticas de la película están siendo para todos los gustos, aunque servidor tiene enormes ganas de verla gracias al show mediático «internetero» que se ha formado a través de esta The Gallows, dirigida por los principiantes Travis Cluff y Chris Lofting. Produce la interesante compañía Blumhouse Productions, el estudio fundado por Jason Bloom responsable de la saga Paranormal Activity e interesantísimas propuestas dentro del género como Insidious de James Wang o The Lords Of Salem de Rob Zombie. Pronto, la crítica de The Gallows en el Gabinete. Sigue leyendo
Tú eres el siguiente (Adam Wingard, 2011)
Tú eres el siguiente fusiona no sin cierto maniqueísmo la invasión doméstica con el slasher, subgénero anclado perpetuamente al cine de terror y cuyo mecanismo parece totalmente desgastado salvo honrosas excepciones. Adam Wingard, uno de esos enfant terribles del nuevo cine de terror norteamericano, construye la eterna y reiterada propuesta del grupo de supervivientes ante una amenaza exterior, siendo esto una influencia clara y confesa del cine de John Carpenter quien nutrió esta vertiente en base a su amor por Rio Bravo (1959) o La Noche de los Muertos Vivientes (1968). El film de Wingard se ha proclamado como una de las películas estrella de la pasada temporada, auspiciada por un supuesto retorno al slasher en su faceta más vintage. Sigue leyendo
Wolf Creek 2 (Greg McLean, 2013)
Al escribir sobre Wolf Creek 2 es bastante difícil abstenerse de plantear las escasas necesidades de la secuela, cuando la película de Greg McLean estrenada en el 2005 ya gozaba de un status propio que, aún amparándose en viejas aunque eternamente recurridas fórmulas, ya había alcanzando un culto casi instantáneo. Wolf Creek se lanzaría casi al momento como un clásico moderno del nuevo cine extremo arraigado en los estandartes más coléricos del horror de los años 70, convirtiendo a su antagonista, un redneck primigenio interpretado por un John Jarratt extraordinariamente desalmado, en toda una efigie primitiva de la maldad. Es precisamente con esta predisposición como se desarrolla Wolf Creek 2, que dando un ya desmesurado protagonismo a su villano aprovecha de una manera mucho más lumínica los pasajes desiertos de la Australia más profunda: si en la primera parte se exponía la aridez y asfixia de las llanuras aquí estas gozan de un componente mucho más fulguroso, que hace de esta atmósfera de un elemento algo más secundario pero que continúa imprescindible para la potencia visual de la película. Sigue leyendo
Wolf Creek (Greg McLean, 2005)
Urbanitas perdidos y sometidos al desconocido e infravalorado poder del espacio rural, siendo cruelmente ajusticiados por subestimar al lugareño ante una supuesta posición privilegiada del habitante de ciudad. Esta atractiva premisa alimentó buena parte del terror de los años 60 y 70, desde los inicios del splatter de la mano de Herschell Gordon Lewis en su 2000 Maniacos (1964), pasando por el Tobe Hooper que fomentara toda una oleada de terror que abrasaba con su calurosa y asfixiante ambientación del territorio rural con La Matanza de Texas (1974), surgiendo a raíz de ella toda una retahíla de émulos. Greg McLean parte en Wolf Creek de una premisa idéntica a la ideada por Hooper, heredando dos principios básicos: el abrumador y desasosiego provocado por la amplitud del terreno campestre (la sofocante Texas es sustituida aquí por la aridez del estéril campo australiano) y un intento de fomentar una violencia realista, dura y muy directa, que en el caso de La Matanza de Texas, en un ejercicio de ponderación de la sutileza, trabajó en base a una siniestra insinuación en detrimento de una tendencia expositiva. Supuestamente basada o inspirada en hechos reales, el poso que Wolf Creek deja en el espectador es el de un trabajado revival de aquel horror, aunque aquí se abogue por un exhibicionismo, controlado y comedido, de lo explícito de la violencia, no enturbiando la mejor de las intenciones de este tipo de propuestas: el dibujo de un terror primitivo y natural, basado en la recreación realista. Sigue leyendo
In Memoriam: Robert Z´Dar (1950-2015)
El pasado 30 de marzo fallecía a los 64 años Robert Z´Dar, de un aparente paro cardíaco. Mucho más conocido por su peculiar físico que por su nombre (padecía una extraña enfermedad denominada «querubismo», que le atavió con una mandíbula desproporcionada), es uno de los símbolos del cine fantástico de los 80 desde que se pusiese en la piel de Matt Cordell, el iconográfico villano de la saga «Maniac Cop» orquestada por William Lustig. Z´Dar consiguió añadir una fisonomía y estilo muy peculiares a Cordell, llevando un paso más allá las maneras de ejecutar el poderío físico del villano dentro del slasher. Además de interpretar este papel en las tres entregas de la saga, su peculiar rostro también es conocido por aparecer en «Tango y Cash» (íd, Andrey Konchalovskiy, 1989), «Gnomo Cop» (íd, Stan Winston, 1990), «Soultaker» (íd, Michael Risi, 1990), o»Samurai Cop» (íd, Amir Shervan, 1991), aunque su figura ha estado ligado a la Serie B hasta el día de su muerte (seguía rodando varias películas al año, aunque prácticamente todas de segunda fila). Se va un icono, querido y adorado, que supo transmitir con su imponente físico de 1 metro y 88 centímetros la monumental presencia de Matt Cordell, el policía fantasmogórico y siniestro por el que siempre será recordado. Su compañero de reparto en las dos primeras entregas de «Maniac Cop», Bruce Campbell, le recordaba con enorme cariño desde su cuenta de Twitter. Sigue leyendo
Nadie Vive (Ryûhei Kitamura, 2012)
Kitamura presenta en Nadie Vive un capítulo más en su más que evidente perfilación de estilo, más patente aún desde que saltó a las américas. Desde la melancolía hacia el horror que de un relato de Clive Barker hizo en El Vagón de la Muerte (2008) , si hay algo que destaca y rotula al director de Versus (íd, 2000) o Azumi (íd, 2003) es algo ya patente en aquellas obras que rozan el culto: las inverosímiles, sorprendentes y súbitas normas que aparecen de imprevisto en sus metrajes, dando la sensación que cualquier cosa puede ocurrir tanto en la formalidad como evolución de sus cintas. Esto se presenta en Nadie Vive como una re-fórmula hacia el slasher, una de esas vertientes de constantes infranqueables, con una trama rocambolesca que presenta a un Luke Evans con anexa sobredosis testosterónica en una peculiar reversión del villano, inabordable cazador y sufrido cazado, que ejecuta bajo normas impredecibles y fórmulas rebuscadas algunos de los patrones del subgénero.
Aunque la película comienza bajo los típicos pasajes del terror rural presentando a una joven pareja perdida en inhóspitos parajes, la trama pronto se tornará en locura mostrando una disparatada historia de «mata mata», de estallidos hemoglobínicos mostrados sin tapujos y una factura hasta en cierta medida algo efectista, maquillada bajo la aridez de una tonalidad sucia hacia la oscuridad; siendo, este apunte visual, bastante efectivo. A pesar de ser un film cuyo disfrute se apoya en lo excesivo, la bizarra sensación que se palpa en algunas de las escenas principales, pronto se le pillan las claras ambiciones bufonescas del producto. Esto primeramente hacen echar en falta su etiqueta de película de género (sus formas parecen más amoldadas al splatter de acción de los primeros trabajos del realizador que al terror), además de apoyar la broma en una sobreexplotación de ciertos cánones algo machacados a estas alturas, que da poco lugar a la innovación dentro del slasher salvo su anhelo de broma macabra.
Superficial a nivel de caracteres y algo estéril en su ritmo (el film da la impresión de ser una conjunción de escenas grotescas premeditadas sin una unidad conceptual entre ellas), de ella se destaca principalmente esa oda a lo desmesurado, con poco sutiles y muy extravagantes romances con los clásicos del splatter. Acaba derrumbándose cuando su guión quiera de manera algo torpe engranar unas ligaduras con el género que Kitamura parece obviar en su narración, a pesar de alguna vuelta de tuerca digna de destacarse. Para el aficionado fiel y exquisito con este tipo de productos, como el que esto suscribe, quedarán marcadas algunas de las set pieces clave de la obra, aunque en su conjunto deje la sensación de insuficiencia para quien supo tan bien mimetizar en la pantalla el desfase mental de Clive Barker años atrás.
Saludos desde el Gabinete, camaradas.














