“La novia del Diablo” (Terence Fisher, 1968)

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Publicada originalmente en Cine Maldito

El satanismo ha sido, desde los primeros años de la historia del cine, una de las temáticas más recurridas y necesarias dentro del cine de terror. Häxan (1922) de Benjamin Christensen sería en el año 1922 una de las primeras aportaciones que se conocen del llamado cine satánico, aquel que alberga en sus contenidos todo lo concerniente a las misas negras, brujería o al ocultismo en términos generales, siempre con la figura del Diablo o Anticristo como inminente amenaza. El subgénero eclosionaría al heredar el séptimo arte una realidad social que comenzó a tratarse de forma mediática y sin tapujos durante la década de los 60, ante la proliferación de un gran número de sectas satánicas cuyos extraños rituales y creencias pasaron a formar parte de un importante porcentaje de la opinión pública. El tema no pasaría desapercibido para el cine de género que encontraría en estos hechos un nuevo filón que comenzaría principalmente con La Semilla del Diablo de Roman Polanski y alcanzaría un dulce cénit con la archiconocida El Exorcista de William Friedkin, la máxima expresión en cuanto a calado se refiere de la figura del Diablo en el cine.  Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “El Alquimista”

alchemist

Nunca sea que un noble de tu estirpe homicida
viva para alcanzar mayor edad de la que ahora posees

Nos encontramos con uno de los relatos de nuestro autor con más puro hálito clásico. Escrito en 1908 cuando el autor estaba en plena adolescencia, esta corta historia es bastante particular dentro de la obra del genio de Providence por apostar por un terror de ímpetu tradicional, lejano del posterior horror cósmico que catalogaría por siempre a Lovecraft. Publicado en Noviembre de 1916, cuenta la historia de una familia aristocrática maldita por siempre jamás por las malas artes de un brujo negro, llamado Charles “Le Sorcier”, que sentenciaría a la estirpe de nuestro protagonista para siempre: en el Siglo XIII, cuando el castillo que sirve como localización principal era un enorme emplazamiento sólido y tenaz, su estampa simbolizaba la alta categoría social de sus propietarios; en un caserón próximo a él vivía el viejo Michel “El Malhadado”, un alquimista que coqueteaba constantemente con el reverso más oscuro de la magia. Sigue leyendo