Dossier Lovecraft: “El Alquimista”

alchemist

Nunca sea que un noble de tu estirpe homicida
viva para alcanzar mayor edad de la que ahora posees

Nos encontramos con uno de los relatos de nuestro autor con más puro hálito clásico. Escrito en 1908 cuando el autor estaba en plena adolescencia, esta corta historia es bastante particular dentro de la obra del genio de Providence por apostar por un terror de ímpetu tradicional, lejano del posterior horror cósmico que catalogaría por siempre a Lovecraft. Publicado en Noviembre de 1916, cuenta la historia de una familia aristocrática maldita por siempre jamás por las malas artes de un brujo negro, llamado Charles “Le Sorcier”, que sentenciaría a la estirpe de nuestro protagonista para siempre: en el Siglo XIII, cuando el castillo que sirve como localización principal era un enorme emplazamiento sólido y tenaz, su estampa simbolizaba la alta categoría social de sus propietarios; en un caserón próximo a él vivía el viejo Michel “El Malhadado”, un alquimista que coqueteaba constantemente con el reverso más oscuro de la magia. Junto a su hijo Charles, que sería instruido en estas malignas artes desde sus más jóvenes años, formaban una dupla temida por la vecindad del paraje, hasta el punto de que los habitantes del lugar culparían al anciano de la muerte de su mujer (quemada viva en un sacrificio) y la desaparición de algunos jóvenes campesinos. Cuando desaparece un hijo del popular conde Henri, antecedente de nuestro protagonista Antoine, el noble acude al caserón de Michel y en un forcejeo el mago  negro acabará pereciendo injustificadamente, ya que el joven aparecía sano y salvo poco después. El por entonces infante Charles, ante tal injustificado acto, y aprovechándose de los conocimientos oscuros que había aprendido, planea una venganza contra la familia del conde Henri: todos sus descendientes morirán jóvenes. Antoine se prepara en el presente para impedir que esta maldición supla efecto en su persona, conociendo los entresijos de la alquimia para intentar dar con el elixir que le libere de tal temible condenación.

Lovecraft utiliza su siempre recurrida narración en primera persona para componer un relato con muchos de los códigos que otro maestro de la literatura fantástica, como Edgar Allan Poe, tan bien supo utilizar. El autor se aprovecha aquí de su agilidad narrativa para componer un relato que se degusta oscuro desde sus inicios, en un corte clasicista que nos permite navegar por los tenebrosos efluvios de opresión y tormento de los relatos góticos; de ellos Lovecraft intenta extraer la sensación de opresión y tormento que suelen vivir sus protagonistas, aquí un joven que vive bajo el aura catastrofista la pesadilla de una muerte próxima, precisamente una diatriba muy habitual en los personajes de Poe. Aquí se dan cita dos elementos muy allegados a la literatura clásica del horror, que siempre han interesado al genio de Providence: por una parte la magia negra y brujería (tan ligadas a los siglos pasados en los que se ambienta esta obra), conocimientos que Antoine pretenderá dominar de manera incesante para combatir esa maldición que le atrapa en una absoluta crisis existencial; el villano principal, el consabido Charles “Le Sorcier” que tiene una espectacular aparición final, podríamos incluso asemejarlo al celebérrimo Aleister Crowley, icónico ocultista de la contracultura popular de principios del siglo XX que seguramente ocasionaría la fascinación del joven H.P. Lovecraft. La alquimia, otra práctica oscura que implica aquí extraños conocimientos científicos y espirituales sobre el cambio de la materia, es otro elemento que siempre llamaría la atención del autor, cuyo ímpetu por su conocimiento será clave en los devenires del protagonista Antoine. La acertada dramatización de los parajes y enclaves góticos de los que recurre la narración para componer una atmósfera hipnótica y opresora, sería otra de las admirables tácticas de Lovecraft para conseguir una de las más señalables particulares de su filmografía: el terror etéreo que imbuye la historia.

Conviene destacar también el periodo en el que El Alquimista fue escrito. Nos encontramos en 1908 donde el joven H. P. Lovecraft vivía una etapa donde escribía principalmente poesía apesadumbrado por la muerte de su abuelo, con el que el pequeño Howard tenía una cercana relación, situación acentuada por la crisis económica que afectaba en aquellos momentos a la familia. Con enorme pesimismo el joven acentuaría aún más su predisposición a la soledad, donde el pesimismo vivido por entonces quedaría patente en gran parte de su obra. En El Alquimista, escrita como hemos dicho en ese periodo, el joven Antoine es un joven retraído y huraño, que vive bajo el aura de la fatalidad una desmoralización constante. Posteriormente, los personajes taciturnos y melancólicos serán bastante habituales en la obra de Lovecraft, que en el relato que hoy reseñamos navega en un clasicismo narrativo algo impropio de sus creaciones más populares pero que el oriundo de Providence demuestra manejar con esquemática soltura.

Saludos desde el Gabinete, camaradas.

ey

 

7 comentarios en “Dossier Lovecraft: “El Alquimista”

  1. Pingback: Dossier Lovecraft: “La Tumba” | El Gabinete del Reverendo Wilson

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