Dossier Lovecraft: “Una Semblanza del Dr. Johnson”

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Siempre es interesante valorar y rescatar al H. P. Lovecraft que en determinados escritos dejara a un lado su concepto del terror. En Una Semblanza del Doctor Johnson nuestro autor predilecto rinde tributo y consideración a Samuel Johnson, uno de los iconos literarios más importantes de la Inglaterra de siglos recientes. Poeta y ensayista, desarrollando en estas facetas una narración encomiable y hasta hoy venerada, Johnson sería uno de esos autores por los que Lovecraft sentía especial pasión y así lo demuestra en este pequeño relato, no siendo el único en el que repite estas constantes autorales de fervor a gente de su propio oficio.  Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “Dagon”

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“Entonces, de repente, lo vi. Tras una leve agitación que delataba su ascensión a la superficie, la entidad surgió a la vista sobre las aguas oscuras. Inmenso, repugnante, aquella especie de Polifemo saltó hacia el monolito como un monstruo formidable, de pesadilla, y lo rodeó con sus brazos enormes y escamosos, al tiempo que inclinaba la cabeza y profería ciertos gritos acompasados. Creo que enloquecí entonces.”

Dagon es uno de esos títulos que siempre se recuerdan a la hora de repasar la obra del maestro de Providence, y sería interesante intentar discernir el por qué sobre ello, ya que, dentro de sus obras más consagradas, se trata de una de las más reducidas en cuanto a extensión. Este relato quizá tenga debida su importancia a la manera de exponer de forma abierta y clarificadora muchos de los escenarios y composiciones iconográficas tan distinguidas de su estilo, en una narración directa y ágil que la hacen muy útil como relato representativo de su estilo. Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “La Tumba”

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“Sobre tumbas y sepulcros ya era mucho lo que sabía e imaginaba, aunque por mi peculiar carácter me había apartado de todo contacto con camposantos y cementerios…”

La Tumba es otro de los mini-relatos que pocas veces son recordados a la hora de hacer balance sobre  lo más relevante de  la literatura de H.P.  Lovecraft, pero que sin embargo parece gozar de cierta reivindicación en las cada vez más habituales retrospecciones hacia la obra del genio de Providence. Quizá por su alta efectividad a la hora de dotar de vigor y potencia a la estructura narrativa de corta duración, en esta historia se presentan muchas de las siempre recurrentes características del estilo de su autor, en el que vuelve a cautivar al lector la capacidad descriptiva de su escritura en primera persona. Lovecraft escribe La Tumba (literal traducción de The Tomb) en Junio de 1917, en esa época donde el escritor volvía a la ficción (tanto esta como Dagon serían las principales historias de este retorno) tras una temporada en la que se encontraba mucho más centrado en la poesía y donde su existencia se reducía a una marginalidad social que a la postre estaría presente en muchos de los protagonistas de sus obras, como la que nos ocupa.   Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “El Alquimista”

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Nunca sea que un noble de tu estirpe homicida
viva para alcanzar mayor edad de la que ahora posees

Nos encontramos con uno de los relatos de nuestro autor con más puro hálito clásico. Escrito en 1908 cuando el autor estaba en plena adolescencia, esta corta historia es bastante particular dentro de la obra del genio de Providence por apostar por un terror de ímpetu tradicional, lejano del posterior horror cósmico que catalogaría por siempre a Lovecraft. Publicado en Noviembre de 1916, cuenta la historia de una familia aristocrática maldita por siempre jamás por las malas artes de un brujo negro, llamado Charles “Le Sorcier”, que sentenciaría a la estirpe de nuestro protagonista para siempre: en el Siglo XIII, cuando el castillo que sirve como localización principal era un enorme emplazamiento sólido y tenaz, su estampa simbolizaba la alta categoría social de sus propietarios; en un caserón próximo a él vivía el viejo Michel “El Malhadado”, un alquimista que coqueteaba constantemente con el reverso más oscuro de la magia. Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “Tras las paredes” (Stuart Gordon, 2005)

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En el año 2005 Mick Garris pretendía, en pleno auge de los nuevos seriales de televisión, reunir a muchos de esos considerados “maestros del terror” que en pasadas décadas habían construido imperecederos clásicos del horror y que parecían vivir una sequía artística quizá fruto de un género ya demasiado agotado por las nuevas tendencias narrativas. Stuart Gordon (Re-Animator [1985], Re-Sonator [1986]…) fue uno de los jóvenes realizadores que en los años 80 habían pegado fuerte en el género apoyándose adaptaciones de la obra de H.P. Lovecraft, autor que le obsesionaba tanto a él como a su compañero de fechorías Brian Yuzna. Por ello,  la propuesta de Mick Garris consistía en una serie  de episodios de escasa hora de duración para conformar así una antología de pequeñas piezas del horror que supondrían comebacks tan esperados como los de John Carpenter, Tobe Hooper, Joe Dante, John Landis o Dario Argento, entre otros. Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “Los Sueños de la Casa de la Bruja”

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Los sueños estaban más allá del límite de la cordura, y Gilman pensaba que eran resultado conjunto de sus estudios de matemáticas y de sus lecturas sobre leyendas populares. Había estado pensando demasiado en las vagas regiones que, según sus fórmulas, tenían que existir más allá de las tres dimensiones conocidas, y en la posibilidad de que la vieja Keziah Mason, guiada por alguna influencia imposible de conjeturar, hubiera encontrado la puerta de acceso a aquellas regiones.

Walter Gilman es uno de los más aventajados estudiantes de matemáticas de la Universidad de Miskatonic, además de ferviente seguidor del folklore oculto e inquietante de los mitos contra-culturales de la ciudad de Arkham. Por ello, y con el fin de avanzar en sus estudios matemáticos en un extraño y misterioso ambiente, alquila una vieja habitación de una casa donde la leyenda dice que habitó Keziah Mason, una bruja que escapó de los tribunales de Salem en unas circunstancias muy extrañas. Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “La Casa Maldita”

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En mi niñez, la Casa Maldita estaba vacía, con sus árboles desnudos, nudosos y viejos, su alta hierba de una palidez extraña y cizaña de aspecto de pesadilla en el abandonado patio en el que jamás se posaban los pájaros.

La Casa Maldita (The Shunned House) no es de los más célebres relatos de H.P. Lovecraft, aunque sí de los preferidos por los acólitos del autor a la hora de reivindicar algunas de sus obras menos conocidas. Escrita por el genio de Providence durante 3 días de Octubre de 1924, fue publicada originalmente en el magazine pulp Weird Tales en el año 1937.  Comenzando con un entregado homenaje a Edgar Allan Poe, relata la historia de una casa enorme y abandonada de Nueva Inglaterra, sobre la que pesa una maldición que despierta sensaciones de rechazo entre los habitantes del lugar. Parece ser que Lovecraft se basó en una casa real de su Providence natal para relatar la que muchos consideran uno de sus mejores relatos cortos. Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “La Novia de Re-Animator” (Brian Yuzna, 1989)

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Continuamos con el Dossier Lovecraft referenciando de nuevo un artículo  para Ultramundo. Se trata de La Novia de Re-Animator, la secuela oficial y oficiosa del Re-Animator de Stuart Gordon capitaneada en esta ocasión por Brian Yuzna, el principal impulsor creativo de aquella y quien aquí toma las riendas en solitario de esta segunda parte. Siguiendo una labor plenamente continuista y con una relación más estrecha con los relatos de Lovecraft sobre Herbert West (que ya hemos revisado aquí), el director filipino (quien tendrá en escasas semanas un estudio propio en el Gabinete) se rodea de un grupo de especialistas de efectos de maquillaje de excepción para añadir extremismo y sordidez a esta historia que usurpa la concepción del título y premisa argumental del clásico La Novia de Frankenstein. Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “Re-Animator” (Stuart Gordon, 1985)

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Reciban cordiales saludos, camaradas del Gabinete. Como complemento al Dossier Lovecraft, hoy les presento un trabajo realizado por servidor que sirve como preámbulo a una futura colaboración de mis compañeros de Ultramundo con Applehead Team Creaciones (editorial joven responsable del recientemente publicado Cannon Films – La Generación del Videoclub. Vol 1) de una publicación que tendrá como epicentro la extensa y prolífica producción cinematográfica de Charles Band. Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “En Las Montañas De La Locura”

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Así pues, he de poner fin al silencio y hablar incluso de aquella postrera cosa sin nombre que se encuentra más allá de las montañas de la locura

En Las Montañas De La Locura es una de las piezas angulares de la literatura “lovecraftiana”. Escrita en 1931 y publicada en la revista pulp Astounding Stories, suele ser uno de los primeros caminos escogidos por muchos neófitos del autor de Providence para iniciarse en su obra, debido a su gran popularidad dentro de la literatura fantástica. Craso error, que dirían algunos, ya que el relato es uno en los que las formas y herramientas del escritor están presentadas de una manera extrema, lo que puede llevar a la desesperación  de sumergirse en una narración tremendamente densa poco habituada dentro de la literatura del horror, de la que Lovecraft es erigido como uno de sus máximos exponentes. Analicemos las principales características de esta pieza clave del horror literario y excelsa muestra de comprobación las maneras con las que Lovecraft compone su concepción del horror. Sigue leyendo

Dossier Lovecraft: “Herbert West: Reanimador”

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“De Herbert West, amigo mío durante el tiempo de la universidad y posteriormente, no puedo hablar sino con extremo terror. Terror que no se debe totalmente a la forma siniestra en que desapareció recientemente, sino que tuvo origen en la naturaleza entera del trabajo de su vida.”

Justo un día después de que se celebrase por las redes sociales y rincones virtuales varios el aniversario de Howard Phillips Lovecraft (ayer hubiera cumplido 124 años) se inicia en el Gabinete un dossier dedicado a su obra. Nacido el 20 de agosto de 1890 en Providence, Estados Unidos, Lovecraft es una de las cunas de la literatura fantástica clásica. Su huella dejó para la posteridad una concepción  del horror inexacto, siempre en fiel apuesta por el género bajo unas influencias de corte clásico como pudieran ser los seres de corte mitológico de Algernon Blackwood o la densidad argumental de un Edgar Allan Poe con el que compartía la obsesión de una tortuosa existencia. Imágenes sobrenaturales arrinconando emocionalmente a sus personajes, la composición de un universo onírico o una narrativa poblada de las reconstrucciones formales de lo abstracto, son algunas características de uno de esos literatos claves dentro del fantástico, al que ha ayudado a la hora de darle consistencia como género.

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Iniciamos el recorrido por Lovecraft con una de esas obras que, de no haber sido por una adaptación fílmica, hubieran permanecido dentro del reducto artístico más desconocido del autor. “Herbert West: Reanimador”, es la historia contada en primera persona por el ayudante de un estudiante de medicina que trata de conseguir la forma de revivir a los muertos. Nacida como una parodia confesa al mito de “Frankenstein”, el moderno prometo de Mary Shelley, del que usurpa la idea del científico obsesionado por un propósito de naturaleza irreal, para cuya resolución no escatima en romper cualquier tipo de barrera moral. Aquí, un individuo anónimo del que pronto descubriremos que acompaña al doctor protagonista en su experimentación, nos relata  todos los prolegómenos que rodean a los hechos. Desde la necesidad de unos cadáveres frescos para poder inyectarles un propuesto de suero con el fin de devolverles a la existencia, hasta los astrosos resultados de algunas resoluciones experimentales, casi siempre encaminadas a la tragedia. Curiosa es también la relación descrita entre West y su ayudante, del que adivinamos un punto de vista que destila un tono de pavor y desesperación ante las fatalistas consecuencias de los hechos pero que al mismo tiempo parece sentir una especial atracción de todo ello.

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La obra está dividida en seis capítulos que recorren segmentos biográficos de West durante sus investigaciones. Aunque en un principio las intenciones por parte del autor eran las de componer un relato corto, la obra se extendió en otros cinco que aún siendo auto-conclusivos guardan entre sí cierta unidad, a pesar de caer en algunos detalles redundantes. “Desde La Oscuridad”, que nos sitúa en los primeros años de West en la prestigiosa Universidad de Miskatonic (enclave habitual del universo ficticio creado por el escritor), da inicio al relato describiendo uno de los primeros fallidos intentos en la gran ambición de resucitar a los muertos. A partir de aquí Lovecraft da origen a la descripción de la esquizoide personalidad de West, acontecida a partir de esa imposibilidad de dominar su experimentación. La cosa no mejorará en “El Demonio de la Peste”, cuya trama principal (recordemos, siempre narrada por el anónimo ayudante) se para aquí en las aventuras de ambos protagonistas por la búsqueda de cadáveres “frescos” sobre los que poder trabajar: aún no ahondando en características científicas profundas, Lovecraft sí da ciertos apuntes como en los concernientes a la descomposición de los cuerpos. West necesita cadáveres de fallecimiento muy reciente para sus propósitos. En este segmento el autor encamina la obra a través de algún que otro toque de mordacidad, añadiendo una curiosa comicidad al funesto calado de la historia. “Seis Disparos a la Luz de la Luna” es el tercero de los capítulos, donde el mad doctor y su pupilo trasladan su centro de operaciones al terreno rural. Sitúan su laboratorio en un recóndito paraje alejado de la civilización, para que su búsqueda de cuerpos inertes pase lo más desapercibida posible. El final, donde una de las abominables criaturas surgidas a raíz de los experimentos clama su ira contra su “creador”, es cruelmente bello y una de las situaciones más extremas de toda la obra. No perdérselo.

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El Aullido del Muerto” tiene en su narrativa un corte mucho más intimista, por decirlo de alguna manera, centrándose en muchos aspectos sobre West que antes solo parecían ser meras suposiciones. No deja de ser una especie de preámbulo a la traca final que suponen los dos últimos episodios, además de centrarse en algún que otro aspecto de la experimentación como las reacciones cerebrales. “El Horror de las Sombras” viene presentado por un cambio de escenario tan grandilocuente como es el viaje de West a la Primera Guerra Mundial, tras llegar a la tenaz conclusión de que la contienda supone un campo de recolección de frescos cadáveres insuperable. El más completo de todos los capítulos, en él nuestro desequilibrado protagonista se ofrece a participar en la llamada Gran Guerra para prestar labores de ayuda aprovechando sus conocimientos de medicina, aunque sus verdaderos propósitos ya son para el lector muy obvios. Trae consigo además otra de esas mini-tramas donde la épica de lo macabro nos ofrece a un Lovecraft más irónico que nunca, no escondiendo el calado cuasi-paródico de la obra completa. Como colofón a este “Herbert West: Reanimador”, un desenlace grotesco y majestuosamente funesto: “Las Legiones de la Tumba”, donde todas esas grotescas y burlescas creaciones que han dado de sí sus extremos experimentos se rebelan contra West clamando venganza. La eterna rebelión de la creación ante el creador, aquí dibujado como abrupto desenlace para erupcionar la atmósfera fatalista que rodea a la obra en su conjunto.

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Aunque, como se señala al principio del texto, “Herbert West: Reanimador” ni se considera ni encuadra como pieza clave para descubrir los arquetipos de la literatura “lovecraftiana”, en el relato sí encontramos elementos que lo hacen muy destacable: la facilidad con la que se mezclan la tensión con esa reversión irónica del horror (camino por el que discurrirían las adaptaciones fílmicas), como la habitual descripción de los hechos del autor (que apoya cierto cometido en potenciar lo grotesco de la historia), hacen muy recomendable la lectura de esta obra segmentada. Además, la agilidad narrativa nos regala un personaje singular, paradigma de la demencia y con el que es inevitable caer en el hechizo de su desequilibrio: el Doctor Herbert West, que gracias a la explotación de su carácter mordaz bajo la piel de Jeffrey Combs en “Re-Animator” (íd, Stuart Gordon, 1985) ya es todo un icono dentro de la imaginería del fantástico.

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