Repaso a una de las más grandes musas que nos ha regalado el cinemabis, la imponente deidad austriaca Sybil Danning. Extraído de la fuente en el que se publicó originalmente, el número 415 de la revista Imágenes de Actualidad, de enero de 2021.
Sybil Danning es uno de esos imborrables iconos representativos del cinemabis de décadas pasadas que, arropada por una incombustible carrera siempre ligada a los márgenes del cine de bajo presupuesto, se coronó como uno de los rostros más populares y recordados de ese tipo de películas que encontraron en el videoclub un vasto campo de cultivo. Su desvergonzado carisma en pantalla, bajo una especie de divinidad salvaje que le confirió un pétreo reverso a su canónica belleza de rubia escultural, le permitió participar en un gran puñado de films representando a todo tipo de personajes, aunque acabase especializada en aquellos que mejor aprovechaban su árida feminidad, impropia de los papeles prototípicos que el cinemabis solía destinar a las actrices del momento. Nació como Sybille Johanna Danninger en Wels, Austria, hija de madre austriaca y de un soldado mayor del ejército estadounidense; la ocupación de su progenitor hizo que creciese en varias bases militares de la geografía norteamericana como las de Nueva Jersey, Maryland o Sacramento. Criada y educada en Estados Unidos, a los catorce años encontró trabajo como asistente de la clínica dental de su tío, volviendo a Europa dos años más tarde; en Viena o Salzburgo, continuó con su experiencia laboral en empleos de similares características. Es en esta segunda ciudad donde reinventa su oficio profesional y se matricula en una escuela dedicada a la cosmética, que le supuso un trampolín para dar sus primeros pinitos en el mundo de la moda. El poderío escénico que exhala su belleza de raíces centroeuropeas hace que muy pronto se le abran las puertas del cine; lo hace representando a la mitológica Lorelei en una comedia alemana de ínfulas eróticas como Komm nur, mein liebstes Vögelein (Rolf Thiele, 1968) , haciendo lo propio en otra encarnación de índole legendaria, Kriemhild, en Mi erótico Sigfrido (Siegfried und das sagenhafte Liebesleben der Nibelungen, Adrian Hoven, 1971); encasillada en estos primeros vestigios de su vida interpretativa en este tipo de productor que requerían únicamente de su belleza, decide tomarse en serio su carrera como actriz recibiendo clases bajo la tutela de una de las más prestigiosas profesoras de teatro de Munich, momento en el que le empiezan a llover ofertas en el entonces emergente cine europeo de subgéneros. Italia le da alguna de sus primeras oportunidades, que la llevan a participar en dos gialli, El ojo del laberinto (L’occhio nel labirinto, 1972) de Mario Caiano y La dama rosa mata siete veces (La dama rossa uccide sette volte, 1972) de Emilio Miraglia; consigue aparecer en algunas co-producciones de Estados Unidos con algunos países de Europa, rodadas en el viejo continente, como el Barba Azul (Bluebeard, Edward Dmytryk, 1972) protagonizado por Richard Burton o las dos adaptaciones que en aquel momento hizo Richard Lester de Los cuatro mosqueteros. A mediados de la década, donde incluso también llega a trabajar con importantes cineastas europeos como Andrzej Zulawski, le llega una irrechazable oferta desde Israel, con dos primos, Menahem Golan y Yoram Globus, que se encontraban en los primeros pasos de lo que luego sería su imperio Cannon; contrataron a Sybil para dos producciones, un tardío eurowestern llamado Seis balas… una venganza… una oración (Diamante Lobo, 1976) dirigido por el italiano Gianfranco Parolini, donde coincide con dos leyendas del calibre de Lee Van Cleef o Jack Palance, y Operación Relámpago (Mivtsa Yonatan, 1977), que inspirándose en el secuestro real que sufrió un avión de Air France y bajo la dirección del propio Menhamem Golan, fue un proyecto en el que la joven actriz ya recibe un papel de cierta importancia, compartiendo además escena con el infatigable Klaus Kinski.
Quizá motivada por la nominación al Óscar a la mejor película de habla no inglesa que recibió Operación Relámpago en representación de Israel, 1978 es un año trascendental para Sybil porque se traslada a la meca del cine, Hollywood, con la intención de continuar allí su carrera interpretativa. Sus primeros pasos en este nuevo periplo la llevan a aparecer en dos pequeños papeles dentro de los últimos vestigios del cine de catástrofes americano de los 70 como Meteoro (Meteor, Ronald Neame, 1979) o Aeropuerto 80 (The Concorde… Airport ’79, David Lolwell Rich, 1979), produciéndose su ascenso al estrellato dentro de los márgenes de la llamada Serie B con su presencia en todo un clásico dentro de la filmografía de Roger Corman: Los siete magníficos del espacio (Battle Beyond the Stars, Jimmy T. Murakami, 1980) , uno de los disparatados émulos salidos a colación del entonces recién inaugurado fenómeno de Star Wars; una película cuyo personaje aquí representa las maneras con las que Sybil Danning se entromete y se asienta en el cine de género del momento; una amazona cinematográfica de estoica presencia, con singular facilidad para suministrar temperamento interpretativo, con un erotismo cargado de una vehemente fogosidad teatral. No en vano, la guerrera Saint Exim a la que da vida en la producción de Corman establece un prototipo que rodea la entonces incipiente leyenda de Sybil en la industria del cine a la que en ese momento se disponía a conquistar: el tipo de rol relativo a la valquiria explosiva, encorsetada en atuendos estrafalarios y con un duro carácter exudante de poderío y persuasión, todo un torbellino de dinamita en formato de vídeo. No sorprende, de hecho, que sería para este tipo de roles para los que poco después se la empezó a requerir, en proyectos como los relativos a sus siguientes colaboraciones con la Cannon (en este caso, dentro del periplo italiano de la compañía) con El desafío de Hércules (Hercules, 1983) de Luigi Cozzi o Los Siete Gladiadores (I sette magnifici gladiatori, 1983) de Bruno Mattei, compartiendo en ambas protagonismo con Lou Ferrigno, además de piezas venideras en la posterior cumbre de su carrera como Warrior Queen (Chuck Vincent, 1987), que como los films de Cozzi y Mattei, proponía otra curiosa revisión del péplum; Los Dregs (The Phantom Empire, 1987) de Fred Olen Ray, sin obviar otra de otra de sus participaciones más recordadas, la película episódica Amazonas en la luna (Amazon Women on the Moon, 1987), firmada, entre otros, por John Landis o Joe Dante.


Pero además, ese temperamento interpretativo tan alejado de las habituales presencias femeninas de entonces, y que ya a mediados de los 80 la habían convertido en uno de los rostros más populares y exuberantes de las estanterías de los videoclubs, le permitió desarrollar más personajes de inflexible carácter y dureza impasible; participó así en dos women in prison, primero como presa en Rejas Ardientes (Chained Heat, Paul Nicholas, 1983), compartiendo presencia con otras grandes damas de la Serie B como Linda Blair, Tamara Dobson o Stella Stevens, y de cruel carcelera en Motín en el reformatorio de mujeres (Reform School Girls, Tom DeSimone, 1986). Fue una mujer de armas tomar, en el sentido más literal del término, en producciones europeas de acción como Guerreros de la jungla (Euer Weg führt durch die Hölle, Ernst Ritter von Theumer, 1984) o Escuadrón Pantera (The Panther Squad, Pierre Chevalier, 1984), que en sus carátulas de VHS utilizaron a Sybil como principal reclamo. Tal fue el gancho comercial de Sybil en el maravilloso mundo del videoclub, que se convirtió en la Elvira del cine de acción: una distribuidora de vídeo norteamericana crea la colección “Sybil Danning’s Adventure Video”, que dio cabida a diversas películas de explotación que ella misma introduce al espectador equipada con todo tipo de armamento y embutida en sugerentes vestimentas. Además de su intervención en el universo de Andy Sidaris con Malibu Express (1985), sería imperdonable no citar uno de los personajes más recordados de su carrera, la mujer lobo Stirba de la inenarrable Aullidos 2 (Howling II: Stirba – Werewolf Bitch, Philippe Mora, 1985). No escatimó en trabajar en otro tipo de producciones más alejadas de estos cánones, como en El día del Cobra (Il giorno del Cobra, 1979) de Enzo G. Castellari donde, en una de sus esporádicas vueltas a Italia, forma una inolvidable pareja con Franco Nero, así como uno otro de los hitos populares de su carrera: Jugando con fuego (They’re Playing with Fire, 1984), una película dirigida por Howard Avedis, antaño experto en el melodrama destinado a los autocines americanos, donde Sybil es aquí una profesora que ve como la relación que comienza a mantener con uno de sus estudiantes se ve coartada por una trama donde la inicial tonalidad de thriller erótico se ve abruptamente centrada con elementos de crimen y misterio.
Con una carrera que abarca casi unos 80 títulos, entre tanto tuvo tiempo para ser portada de la revista Playboy en 1983 y probar las mieles de la televisión, apareciendo en algunos populares seriales de los 80 como V, El halcón callejero, o Las aventuras de Superboy. Su reinado de gran dama del cine de género de los 80 concluye con un inesperado retiro que acontece justo al final de la década; siempre achacado a razones personales, se cree que una serie de problemas de salud la obligaron a abandonar la interpretación después del rodaje de L.A. Bounty (Worth Keeter, 1989), una modesta cinta de acción que ella misma producía, escribía y protagonizaba. Es precisamente el rol que al que Sybil crea y da vida en esta cinta, Ruger, el que protagoniza su última inmersión en el cómic, mundo en el que ya tenía experiencia tras prestar imagen a la serie Black Diamond a principios de los 80. Erigida como poderoso icono femenino de una época ahora tan añorada como reivindicada desde la nostalgia, Sybil Danning volvió a la interpretación de la mano de Rob Zombie, quien la rescató para sus dos proyectos de 2007: una pequeña aparición en su remake de La Noche de Halloween, siendo más especialmente significativa su presencia en Werewolf Women of the S.S (2007), ese falso tráiler del proyecto Grindhouse (Robert Rodriguez, Quentin Tarantino, 2007); revival a modo de cortometraje de la nazisploitation y diversas corrientes del género fantástico, es aquí donde nuestra protagonista se vuelve a embutir, décadas después, del poderío carismático con el que es recordado su legado. Sybil Danning, una de las grandes guerreras de ese cine disruptivo repleto de temperamento iconográfico, carácter que ella supo exportar a sus personajes consiguiendo un espacio propio dentro del star system de la Serie B, convertida ya en un mito inmortal para todos aquellos que amamos los márgenes más osados del cine popular.



