Dossier Nasty: “Snuff” (Michael Findlay, Horacio Fredriksson, Simon Nuchtern, 1975)

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Nos encontramos con uno de los casos más estrambóticos hechos que han acontecido alrededor del fenómeno de las Video Nasties; su concepción ya intenta romper cualquier límite sobre el mercado underground y marginal en el que se producían muchas de las películas que irrumpieron de lleno en la lista censora del gobierno británico. Para quien no conozca la película y esté ahora mismo inquieto con el título de la cinta, en efecto, su origen viene como alusión clara al fenómeno de las grabaciones con muertes reales que han dado para sí todo un supuesto mercado clandestino, aunque la existencia real de estas películas esté más cerca de la leyenda urbana dentro de la contracultura que de ser una temida realidad. Aún así, el productor Allan Shackleton vio en las supuestas grabaciones snuff un gancho perfecto para estrenar una película que encandilase al público más morboso y deseoso de emociones fuertes. Según parece, el empresario leyó un recorte de periódico que hablaba de una supuesta expansión de este tipo de grabaciones por ciertas regiones de Sudamérica.

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Allan Shackleton fue durante la final de la década de los 60 y principio de los 70 un productor, con cierto nombre, de todo tipo de películas grindhouse; como sabemos, este tipo de cine estaría casi exclusivamente destinado para el mercado de los cines de barrio y los drive in. De entre su producción previa a este Snuff se comprenden cintas como  la muy desconocida Acid Girls (1969), Blue Summer (1973) blue-summero Mrs. Barrington (1974), estas dos últimas dirigidas por Chuck Vincent (infatigable realizador de este tipo de productos) y ya con mucha más repercusión comercial que la primera película producida por Shacklenton; en este encontramos al típico empresario del cine con muchas ganas de obtener un éxito rápido que proporcionase un beneficio inmediato. Por ello, urdió un plan para conseguirlo; como primer paso se agenció los derechos de explotación de una película argentina llamada The Slaughter (1971), dirigida por Michael Findlay. El film se iniciaba con la historia de un productor de cine que llega a Buenos Aires con su más importante estrella, una preciosa actriz llamada Terry London; pronto la trama se enturbiará con las tentaciones de asesinato de la intérprete sobre el productor, con el trasfondo de un grupo hippie-sectario aficionado al culto de tintes satánicos. Las intenciones de Shackleton sobre el metraje que tenía entre manos comprendieron una jugada maestra: añadió a The Slaughter un epílogo, rodado por Simon Nuchtern (posterior director de Locura Sangrienta [1984] y Amanecer Salvaje [1985]) en el que, en un incomprensible juego de metaficción, se veía al supuesto director de The Slaughter torturando y destripando a una de las chicas de producción, dando por hecho que lo que el espectador estaba viendo era una muerte real; otros planos adicionales serían rodados por Horacio Fredriksson. Aprovechándose de la por entonces creciente fama de las supuestas grabaciones snuff, cuya supuesta existencia atemorizaba en aquella década del éxtasis de la imagen, Shackleton decidió llamar a su proyecto “Snuff”, estrenándola en cines con la siguiente frase promocional: “La película que sólo se pudo rodar en Sudamérica, el país donde la vida no tiene precio“. El infame productor tenía su jugada preparada: ese éxito que tanto anhelaba parecía estar a punto de fraguarse urdiendo una auténtica estrategia de márketing que haría creer a los espectadores que Snuff, su nueva producción, contenía en su metraje una muerte real.

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Todo estaba preparado. Shackleton inmoviliza a los medios preparando un pase multitudinario de Snuff en un cine de Times Square, en Nueva York. El productor va mucho más lejos: avisa a las fuerzas del orden de que se va a proyectar una película que tiene una escena de muerte real, poniendo en conocimiento de la policía el supuesto delito. Además, como había que armar un revuelo de los grandes, a Shackleton se le ocurre la idea de contratar a unos falsos manifestantes para hacerse pasar por enfervorecidos espectadores que exponen su total rechazo a que se utilice la violencia real en pantalla. Solo faltaba algo en la ecuación: la presencia de varios grupos feministas, también alertados por Shackleton ante una más que evidente exposición de violencia contra una mujer. Al insigne productor la jugada le salió totalmente redonda: se armó un enorme revuelo sobre Snuff, hasta el punto de llevar varios años circulando la teoría de que la muerte era real y que nos encontrábamos ante la primera película “oficial” de este tipo, con el escandaloso hecho de que en una pantalla de cine se podía ver una muerte verídica. El follón hizo que la película recaudase 300.000 dólares en tan solo tres semanas. Ante la polémica, y ya con Shackleton consiguiendo su objetivo de nadar en billetes, y a pesar de que la revista Variety en aquel 1976 publicase la estafa que rodeaba a la película, se realizó una investigación policial en la que se dictaminó que Snuff no contenía ninguna muerte real; se tuvo que demostrar de hecho que la actriz protagonista de la escena seguía viva. Parece increíble que hubiese duda, aún en la época, ante los pobres efectos especiales con los que se llevó a cabo esa escena final, rodada en los estudios del realizador porno Carter Stevens

Hablemos ahora de The Slaughter, la producción argentina cuyo metraje nutre prácticamente todo el contenido de Snuff. Como hemos dicho, la película está dirigida por Michael Findlay,uno de esos nombres que dieron rienda suelta a la realización de cine grindhouse de toda índole durante los años 60 y 70, especializándose en el roughie (esa variante de la sexploitation centrada en el sadismo), con títulos tan variopintos como su saga “In Her Flesh” (The Touch of Her Flesh [1967], The Curse of Her Flesh [1968] y The Kiss of Her Flesh [1968]) o All Night Rider (1969). vlcsnap-2016-09-21-15h34m51s270A Findlay siempre le acompañaba en sus correrías fílmicas su mujer Roberta Findlay, quien le suministraba labores de dirección de fotografía y de cámara, además de participar en algunos de sus guiones o apareciendo como intérprete de manera esporádica. En 1971 el matrimonio se va a Argentina para rodar The Slaughter, un film inspirado claramente en la escenografía de la contracultura americana influida por los crímenes de La Familia Manson, rodándose enteramente en las cercanías de la ciudad de Buenos Aires. Aún teniendo un origen en la distribución minoritaria del cine grindhouse, campo de cultivo de toda la obra de los Findlay, The Slaughter sería una película que pasaría en aquel 1971 totalmente desapercibida y con un estreno en salas totalmente insustancial en Estados Unidos (en su país de origen, Argentina, ni llegaría  a ser distribuida). Allan Shackleton lo sabía y por eso decidió adquirir los derevlcsnap-2016-09-21-15h37m28s279chos para pergeñar una de las mayores tomaduras de pelo de la historia, aunque desde luego sería algo que proporcionaría al matrimonio Findlay que una de sus películas haya sido en esencia una de las Video Nasties más buscadas y morbosas para el público. Redondeando esta historia de cine oculto y transgresión, lo que sí fue real fue la siniestra muerte de Michael Findlay en 1977; acabaría decapitado en una azotea por las alas de un helicóptero, mientras planeaba mostrar a unos productores franceses una cámara que rodaba en tres dimensiones que él mismo había utilizado en su película Funk (1976). Tras su muerte, su viuda Roberta, quien se había labrado una infatigable carrera en el porno hardcore en aquella década de los 70, se especializaría en el cine de terror en el siguiente decenio.

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Analizando ya Snuff (o The Slaughter, según se mire) de manera estrictamente cinematográfica, es un film del que poco habría que señalar. De ella se podría destacar, básicamente, su composición en base a un retrato social de la época bastante centrado en el hálito hippie de la época, tema eternamente recurrido en el grindhouse de aquellos años (el film se inicia, casi como una declaración de pretensiones, con un tema musical sospechosamente parecido al Born To Be Wild), vlcsnap-2016-09-21-15h36m30s172guiños a este respecto al auge del cine biker… Aunque a la película le acabe dominando una trama bastante indeterminada (quizá esto sea debido al montaje que Shackleton haya hecho en base al material original) de la que podemos citar esa historia del productor que llega a Argentina con su musa, originándose una extraña atmósfera de complot y misterio. Destacará sobretodo por su narración caótica, que da la sensación de que los Findlay no sabían en ningún momento que película estaban rodando, pero dejándose querer por los efluvios del trash: amateurismo incipiente, sobreexposición de las bellezas femeninas (en especial la espectacular Mirta Massa), con los consecuentes desnudos gratuitos, una presuntuosa recreación de una juventud libre y hechizada ante el exceso… En su imprecisión narrativa, durante el nudo de la película llegarán una serie de asesinatos, a modo de ritual, que serán su principal acierto a nivel estético; vlcsnap-2016-09-21-15h37m45s216el blanco y negro sepia protagonizará el más acertado a nivel visual, con otra serie de crímenes donde sí se verá a todas luces esa confesa influencia de La Familia Manson: además de tener como telón de fondo un grupo de jóvenes criminales seducidos por la violencia y el sexo libre, la actriz protagonista de la ficción será acuchillada sin compasión en su propia cama, con claras alusiones al trágico crimen que se cobró la vida de Sharon Tate en 1969, el capítulo más célebre de los crímenes urdidos por Manson. Sobre esto, y aunque la película camine en una total sensación de batiburrillo  e inconexión, hay que reconocerle apuntes psicodélicos que en cierta medida sí son muy deudores de su época y que parecen retratar con cierta locura esa vena hippie-satánica que rodeó a Manson y su séquito. Lamentablemente, la poca entidad que tiene la película acabará por defenestrar esto, aunque sus secuencias de muerte tienen cierto fascinación en su poso deprejuiciado. De su célebre y polémico epílogo final poco más que añadir a lo ya dicho en líneas atrás: un Grand Guignol exacerbado y tan consecuentemente bufonesco, que cuesta creer que haya gente a día de hoy que incluso se plantee (como parece ser que así ocurre) que estamos ante una película snuff real.

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Cabe añadir que el reparto de este Snuff está provisto mayoritariamente de rostros totalmente desconocidos (aunque haya actores como Aldo Mayo o Alfredo Iglesias, más conocidos para el público argentino), y la figura de sus principales responsables artísticos ya han sido mencionadas líneas atrás. Destacar, nuevamente, la enorme belleza de la actriz argentina Mirta Massa, aquí protagonista, una modelo argentina de la época con bastante prestigio en su país, desde que fuese coronada como Miss nacional, con el consecuente protagonismo en el papel couché de su nación natal con una supuesta relación con Julio Iglesias inclusive. También pintora, su participación en el cine fue testimonial: además de en The Slaughter, aparecería en El sátiro (1970), el musical Destino de un capricho (1972, película que incluso se jactaba de ser la primera aparición en pantalla de la modelo, lo cual nos da una idea de la poca repercusión de la película de Findlay) y La super, super aventura (1975).

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Snuff entró de lleno en la lista de las Video Nasties como una de las películas procesadas judicialmente, con su consecuente prohibición en el mercado británico. No sería hasta el año 2003 donde, no sin sorpresa, sería aprobada en el Reino Unido sin ningún tipo de corte, pero sin alcanzar de momento ningún tipo de estreno comercial en las islas; en Estados Unidos la distribuidora Anchor Bay lanzaría una edición limitada con el metraje íntegro de la película. Conocida como uno de los casos más singulares y morbosos de la lista de las Video Nasties, sería estrenada en diferentes países con títulos alternativos como El ángel de la muerte (Argentina), American Cannibale (otro título con el que sería conocida en Estados Unidos) o Big Snuff (Alemania).

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Saludos desde el Gabinete, camaradas.

fin

 

 

 

3 comentarios en “Dossier Nasty: “Snuff” (Michael Findlay, Horacio Fredriksson, Simon Nuchtern, 1975)

  1. Fantástico Dossier!!! fantástico blog!!!! Hace tiempo que te sigo en las sombras, vouyerismo puro, pero después de éste currazo, uno tiene como mínimo que agradecerlo. Es de agradecer tener ésta referencia didáctica en la red, por todos sus contenidos. Bravo Reverendo!!!!

  2. Pingback: Dossier Slasher: Introduciendo un género. Máscaras, cuchillos y gritos en la oscuridad… (3) | El Gabinete del Reverendo Wilson

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