La Momia de Lee Cronin (Lee Cronin, 2026)


Un matrimonio formado por un corresponsal de noticias en Egipto y una enfermera vive con sus dos hijos en El Cairo. La mujer espera otro bebé. Bajo una vida aparentemente normal, nadie sospecha de la existencia de una presencia que acecha a la familia, una extraña mujer que llama la atención de la hija sobornándola con chocolatinas. Un día su hija desaparece, siendo inútiles tanto sus esfuerzos como los de las autoridades por encontrarla. Todo parece indicar que la misteriosa desaparición tiene su origen en esa mujer que tenía interés en la niña. Varios años después, con la familia ahora viviendo en Alburquerque, Nuevo México, reciben una llamada de la Embajada de Estados Unidos en Egipto. Su hija Katie ha aparecido, aparentemente catatónica y en un estado físico deplorable.

Tras ganarse un nombre propio dentro del panorama actual del terror con Evil Dead Rise (2023), secuela oficial de la inolvidable franquicia comandada por Sam Raimi, el cineasta irlandés Lee Cronin se ha ganado el privilegio de revisitar un mito tan importante como La Momia, icono inexorable del folclore del terror, con una versión que llega a los cines de todo el mundo como uno de los estrenos de la temporada. Manufacturada con un gran secretismo y con el apadrinamiento de dos importantes compañías para el género como son Blumhouse y Atomic Monster, la supuesta vuelta al mito ha quedado bifurcada en una hibridación de géneros que propone drama familiar, thriller policíaco, terror primigenio con leyendas del pasado y un enfoque hacia el terror focalizado en unas enrabietadas dosis de energía y sarcasmo. Estas dos últimas cualidades, conexión directa con el énfasis autoral visto en su anterior película, pasa a ser lo más interesante de una obra que tiene la importante cualidad de sentir la libertad de un autor que parte de la base del mito para ramificarlo hacia diferentes tonalidades en su construcción del terror, aunque peque de unos manierismos en su ejecución que disipan la frescura impartida desde su intrínseco libertinaje.

Sus ramalazos de terror visceral quedan un tanto oscurecidos por la mala gestión de la narrativa, que acaba fracturándose hacia el nudo del relato; su concepción de drama familiar ante la desaparición de la hija (justificando la confesa inspiración en Poltergeist [1982] de Tobe Hooper), con un misterio que irrumpe ante su posterior aparición en un estado cuasi momificado, genera un mórbido interés por su recreación de una especie de terror orgánico mortuorio, donde el horror corporal pasa a ser el principal arma de impacto (dejando un puñado de planos realmente efectivos), para luego disiparse con los diferentes desvíos que toma la trama; la conjunción de cierto calado festivo del horror, con la trascendencia dramática del drama y el impulso de thriller con la trama policiaca dejan una pieza un tanto decompensada. No obstante, eso no impide que en cuestiones dramáticas la interpretación de la española Laia Costa acabe siendo estupenda, y el enfoque de terror infantil con la figura de los niños esté planificado con mucho atino. Lamentablemente, y al igual que le ocurría a Evil Dead Rise, el carácter transgresor de Cronin queda lastrado por una estética de plataforma y unos tics visuales más propios de la factoría mainstream del terror moderno, oscureciendo la voz interior que clama por la vuelta del horror disruptivo que se vislumbra en el director irlandés.

Rodada a medio camino entre Irlanda y Almería (incluido el desierto de Tabernas), en la película muchos hemos visto una especie de secuela apócrifa del universo de El Exorcista, cinta de la que claramente ha tomado sus andamiajes conceptuales. Aún quedando una ejecución final un tanto desequilibrada, las buenas intenciones de Cronin dejan claros síntomas de optimismo con un autor que al igual que otras voces coetáneas parece querer impregnar de sentimientos cinéfilos muy esperanzadores el catatónico sentido visual del horror actual. En la reciente tendencia de retorno hacia el horror «old school» agitador en la que lo excesivo se convierte en el timón creativo, La Momia de Lee Cronin funciona como un baúl de gratas pretensiones, aunque se niegue escapar de estancados códigos actuales. Fallido (y confeso) intento de revivir el mito del que coge título, esperanzador agite interno para la actual temporada de estrenos de género.

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