Especial Caníbal: “The Green Inferno” (Eli Roth, 2013)

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En su incesante espíritu reivindicador de cinematografías del horror pasadas, Eli Roth pretende con este The Green Inferno rendir culto al clásico  Holocausto Caníbal (1980) de Ruggero Deodato, que a su vez sería en su tiempo el polémico film estrella del subgénero de indígenas antropófagos. En realidad, y dentro de ese ímpetu del cineasta que siempre antepone su cualidad de cinéfago a la de director, Roth invoca todo un homenaje y revisión al canibalismo italiano no sólo recordado por el film de Deodato, sino también impulsado por cineastas como el Umberto Lenzi de ¡Comidos Vivos! (1980) y Caníbal Feroz (1981), el Sergio Martino de La montaña del Dios caníbal (1978) o el Joe D´Amato de Emanuelle y los últimos caníbales (1977), entre otros. Como films de explotación se aprovechaban de frondosas localizaciones selváticas para mostrar de manera exacerbada los instintos carnívoros y primarios de grupos de indígenas, dentro de un horror de enorme calado gore que en algunos casos, como el propio Holocausto Caníbal, gozaban de un realismo natural aterrador y más concretamente en el film de Deodato con una mirada al horror directa gracias a sus formas narrativas que de paso inaugurarían en popularidad el llamado found footage. Influenciado y apadrinado por el subgénero mondo (con gran relevancia en los años 60 y que el film Este perro mundo a.k.a. Mondo Cane [1962]) popularizaría, ofrecía una interacción con la imagen auspiciada por su intrínseco carácter documental), y tan odiado como amado a partes iguales, el cine de caníbales  se recuerda bajo la alta exposición de su violencia que aunque le sea achacable cierta gratuidad en su incidencia, se alimentaba de una lectura sobre el despertar del lado más salvaje del ser humano, quien recibiría una especie de justicia poética cuando los caníbales hiciesen despertar sus instintos más bajos. 

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La premisa de Eli Roth parte de una idea común en la mayoría de los films que toma como referencia, la de meter en la selva de las Amazonas a un grupo de jóvenes urbanitas que chocan directamente con lo primitivo; en este caso una troupe de jóvenes activistas emprenden un viaje a las Amazonas para protestar por la destrucción de parte de la selva por los siempre injustos motivos industriales. Aquí es donde The Green Inferno (epíteto que Roth extrae de uno de los títulos que se barajó en primer término para  Holocausto Caníbal y que a la postre sería uno de los títulos internacionales de su secuela) se emparenta con sus films de base, la de agrupar a una serie de jóvenes civilizados dentro de los frondosos bosques amazónicos por motivos de investigación o labor periodística. Roth traza un primer acto que introduce en situación al grupo de jóvenes (con especial protagonismo para Lorenza Izzo, a la postre musa y esposa del director y aquí estrella de la función), tanto  en su periplo activista y reivindicatorio como su posterior aventura selvática por la supervivencia. Con un buen ritmo que presenta tanto historia como su empaque ambiental, la película está muy bien medida en esta parte, donde Roth se esfuerza en mostrar enormes planos generales que introduzcan el frondoso paraje selvático; cabe decir  que se ha huido, de manera muy acertada, del found footage, auténtico revulsivo artístico en Holocausto Caníbal pero que aquí fácilmente hubiera propiciado el caer en los síntomas de repetición que ahogan al subgénero del “metraje encontrado” en esta segunda juventud que parece vivir. Por lo tanto Roth prefiere trazar la narración convencional heredada de clásicos como el Canibal Feroz de Lenzi (allí, como ya vimos en el Dossier Nasty, era una periodista junto a un grupo de amigos quienes se adentrarían en la aventura) pero apoyándose en un calado visual muy potente y en el que la película se ayuda de manera constante: el verde de la selva goza de un poderío y nitidez impresionantes que se contrapone a los tonos rojos de las pinturas de los caníbales, haciendo que la fotografía del film sea uno de sus grandes bazas, aunque lo separen de la turbiedad propia de las nebulosas imágenes del calado visual del cine grindhouse tan emparentado con el subgénero caníbal. Uno de los puntos fuertes de este es la ambientación selvática, punto visual trascendental en los films caníbales, que aquí se ve enormemente favorecido por lo dicho anteriormente aunque en un calado mucho más convencional que las películas predecesoras.

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Ya en la selva el film se dedicará a repetir los esquemas del subgénero cuando los caníbales (indígenas reales) ofrezcan tanto la muestra de algunas costumbres locales como los brutales actos de violencia cometidos contra los jóvenes. La incursión de los estos en la selva (previo accidente de aviación, realmente bien filmado) pasa a ser uno de los tramos más interesantes de la película, donde el film se ayuda de su encaje visual para causar cierta conmoción. Hay que decir que Roth no duda en mostrar contenido violento explícito cuando realmente lo necesita, bajo las habituales pautas del director en la exposición de lo retorcido pero sin hacer que el film enloquezca, mostrando en su justa medida el elemento exploit que capitanea el subgénero: las torturas y el sadismo hacia los urbanitas. Sorpresivamente, los efectos especiales clásicos, esplendorosos, se amoldarán con un CGI algo más artificioso, como el que protagonizará una de las escenas estrellas del film: uno de los protagonistas será atacado por un grupo de hormigas carnívoras, secuencia que recordará (al menos a servidor) a uno de los momentos estrella de El más allá (1981) de Lucio Fulci donde uno de los personajes verá su carne devorada por un grupo de tarántulas; lo que en el film italiano, a pesar de sus precarios medios, era la apuesta por una espectacularidad cruenta hacia la escena del horror, en The Green Inferno se logrará más bien una indiferencia impropia de su director, que dejó escapar la que podría ser uno de los momentos estrella de la película. Aún así, la escena clave del film, donde uno de los jóvenes verá sus miembros cercenados y vísceras extraídas sin ningún tipo de paliativos, mostrará al Roth más visceral y tenaz, en uno de los momentos donde se vislumbran las buenas maneras del realizador a la hora del manejo de la incomodidad tan propia de su saga Hostel. Es en este instante, que realmente puede saber a bastante poco, donde The Green Inferno se emparente con esa mirada hacia el horror tan propia al subgénero caníbal, que parece hacer partícipe al espectador del disfrute de un espectáculo dantesco y siniestro.

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Quizá moderado por la troupe chilena con la que Roth ve apadrinados sus últimos proyectos, el resto de la película se verá desarrollado de una manera mucho más ligada a las convencionalidades actuales del género (lejano al poso de mirada clásica y american gothic que inspiran Cabin Fever [2002], o el pretendido encarnizado espectáculo que es Hostel [2005]) e incluso los habituales apuntes mordaces del director ven aquí su revulsivo con una broma, con alucinógenos de por medio, que no logrará la mirada irónica pretendida y con otro momento que cediendo en sus intenciones de provocar el chiste socarrón genera un impropio anti-clímax justo cuando los pocos supervivientes pretenden su huida del poblado. El final, que pueda ser acusado de previsible, se liga a las conclusiones clásicas de las películas basadas y está conducido de una manera bastante loable, conformando una narración directa y sin ningún tipo de estridencia, con posible trampa final incluida. Como ya ocurría en sus preámbulos fílmicos italianos, el film también pretende cierta crítica al grupo de protagonistas (aquí unos jóvenes  estudiantes de espíritu agitador quizá influenciados en demasía por el poder mediático y egocéntrico del mal uso de las redes sociales), con incluso ciertas enfrentamientos morales entre ellos, para mostrar después la siempre recurrida justicia poética en su final. En conclusión, se puede decir que Eli Roth consigue un producto que triunfa en su propósito de hacer un producto reivindicador de todo un subgénero con unas maneras realmente notables, aunque se noten carencias en el empleo de la visceralidad hacia la mirada de un horror, aquí teñido de color verde, que fraguó toda una retahíla de películas que basaban lo cruento de su mensaje para causar estupor en toda una generación de espectadores. 

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Saludos desde el infierno verde, camaradas.

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