Las Mujeres Caníbales de la Selva del Aguacate (J. D. Athens, 1989)

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Saludos, camaradas. Volvemos a rescatar un texto de hace unos años que, en un principio, iba a ir destinado a una publicación que finalmente no pudo ver la luz, como los previos artículos relativos a Chicas de la Fraternidad en la Bolera o Metamorphosis a.k.a. Re-Animator 2. De momento, aquí tenéis unas palabras dedicadas a uno de los títulos menos recordados de la factoría de Charles Band, Las Mujeres Caníbales de la Selva del Aguacate. Próximamente, más.  

Uno puede esperar un prometedor producto de género cuando se enfrenta a un título tan sugestivo como Las Mujeres Caníbales de la Selva del Aguacate (1989), y más observando los encomiables films sobre visceral antropofagia de los que se fraguó el cine de explotación durante la década de los 80. Pero no, las posibles connotaciones con el terror se quedan en el título, por lo que quien espere ver una nueva réplica más del éxito de Holocausto Caníbal (1980) de Ruggero Deodato se puede sentir tan defraudado como el que esto suscribe. Y es que, aunque tenemos a Charles Band ejerciendo de manera no acreditada la producción ejecutiva, este producto se aleja bastante de la temática fantastique tan habitual de la Empire, decantándose aquí por la comedia, como si se llevasen las (innegables) comicidades implícitas de la factoría Band al extremo. La trama es surrealista, y hasta en cierto punto rocambolesca: tenemos al gobierno norteamericano (no faltan las alusiones al enemigo yankie de aquellos años 80, la Unión Soviética) que requiere los servicios de una profesora universitaria, feminista extrema y convencida, para que vaya a la Selva del Aguacate, una región forestal donde habita una tribu de mujeres caníbales que ven al hombre únicamente como fuente de comida. Uno no sabe muy bien como afrontar esta trama que a pesar de su disparidad hubiese dado unos resultados bastante más aprovechables dentro de los marcos del género de terror. Sin embargo, el guión apuesta por la comedia pura y dura dentro del género de la aventura, tan en boga en la década de los 80 gracias al éxito de la saga de Indiana Jones y algunos de sus émulos instantáneos como los Allan Quatermain de la Cannon o la divertida Tras el Corazón Verde (1984) de Robert Zemeckis, también nacida a raíz del éxito del héroe “Spielbergiano”.

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La película hoy en día es recordada, principalmente,  por ser uno de los primeros papeles en cine de Shannon Tweed, la despampanante esposa del bajista de Kiss Gene Simmons que durante buena parte de los 90 popularizó su impresionante figura a través de multitud de thrillers eróticos de videoclub con sus correspondientes pases televisivos a altas horas de la madrugada. La carrera de la actriz comenzó en el modelaje, llegando a ser una de las más populares “chicas Playboy” con su correspondiente portada en la prestigiosa revista; es más, Tweed llegó incluso a tener un noviazgo con el mítico Hugh Hefner, fundador y editor jefe de la famosa publicación destinada al público masculino. En la interpretación, la explosiva rubia se fraguó una productiva carrera en televisión apareciendo en series como Falcon Crest (íd, 1981-1990), la cual le dio sus primeras nociones de fama; Las Mujeres Caníbales de la Selva del Aguacate es una de sus primeras interpretaciones como protagonista donde además se le permite explotar una poco destacable vis cómica; posteriormente a la película que ocupa este análisis, y como se ha señalado, se convertiría en una de las musas del telefilm erótico, faceta por la que es principalmente recordada hoy en día. En esta película de la factoría Band Tweed es la  protagonista doctora Margo Hunt, siendo enviada a la temible selva del Aguacate a tomar contacto con esa temible tribu de mujeres caníbales. Junto a ella, dos personajes que formarán el trío actoral de la película: por una parte, a Hunt la acompañará la bella Bunny, una de sus alumnas bastante ligera de cascos interpretada por Karen M. Waldron, de cuya modesta carrera destaca su protagonismo en otra B-Movie mítica de la época como El Retorno de los Tomates Asesinos (ohn De Bello, 1988). El pequeño grupo que pondrá rumbo a la Isla del Aguacate se completa con Jim, antigua aventura romántica de la doctora Hunt y que será el contrapunto masculino a esta historia repleta de mujeres con un odio extremo a los hombres; de este personaje, a modo de émulo barato de Indiana Jones, se encarga Bill Maher, uno de los miembros más populares de la “stand up comedy” norteamericana bajo la que ha ejercido numerosas labores como presentador, guionista e interprete llegando a tener incluso programa propio en la HBO.

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Este trío protagonista será el eje principal de la comedia. En ella se ve una clara dependencia del gag, además una evidente apuesta por una comicidad absurda cuyos exagerados propósitos en relación al tono que se le dota a la historia hacen que acabe cansando con su excesiva parodia, y más para quienes no estén muy acostumbrados a un tipo de humor, por otro lado, bastante habitual en aquella década; la comedia norteamericana de entonces apoyaba sus nociones de diversión en una  recurrente sucesión de chistes, aunque la historia pida otro tipo de connotaciones. Podemos distinguir esta corriente como una auto-definida comedia absurda, la misma que requiere bastante talento para no caer en los cansinos ridículos del sinsentido. A pesar de que se pasen las líneas de estas naturalidades del humor, hay bastantes errores achacables a la comedia de esta Las Mujeres Caníbales de la Selva del Aguacate, como es su recurrente manera de efectuar los gags sobre el feminismo de manera totalmente reiterada; son innumerables las ocasiones que se hace alusión al término, que por mucho que esté justificado dentro de la historia, acaba lastrando el supuesto retrato mordaz del fenómeno. Otro punto en contra es que su concepto del humor está perfectamente explotado desde los primeros veinte minutos, restando demasiado interés en el resto de la cinta; aún así, posteriormente el film navega por los terrenos del slapstick, con la gracia insustancial y humor físico que pueda regalar algunas de sus escenas de acción. ¿Se puede salvar de la quema al trío protagonista? Ciertamente, Shannon Tweed cumple en ese rol principal de “florero”, si se me permite el término, donde se potencia de manera bastante clara su espectacular físico (y hasta en algunos momentos del último tramo del film la vemos en un más que probable émulo de Sheena, un personaje del cómic popular del mismo exotismo que la película que nos ocupa), que maquillan las limitadas dotes de la actriz en la comedia. Podría hundir la película su enorme falta de carisma en el gag, aunque el respaldo de Bill Maher como antagonista ayuda a identificar la película en la tipificada comedia a la que el intérprete siempre estuvo anexo, y que solo disfrutarán quienes entren en este tipo de comicidad. Ambos forman esa típica relación hombre-mujer que les une una efímera relación pasada, vista también en En Busca del Arca Perdida (Steven Spielberg, 1978), y que, como ocurría en aquella, se desarrolla en ese tándem amor-odio que acapara gran parte de los chistes.

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Donde la película tiene unos tintes algo más interesantes es en su inseparable categoría de explotación, etiqueta que la liga irremediablemente a la figura de Charles Band. Si bien, como decíamos, lo rimbombante de su título y las afinidades que este tenga con lo exagerado de este tipo de productos “B” podría hacer esperar altos contenidos en violencia y sexo (lamentablemente, no estamos en Italia), cierto es que esto defraudará a muchos. La primera escena sirve a modo de introducción de la insigne tribu de mujeres caníbales del aguacate, que darán caza a dos hombres que se inmiscuirán de manera demasiado atrevida en su selva. Esta secuencia es la más notable en esos término hacia el exploit, por ser probablemente el momento más serio de todo el film (este tono hace despertar otro tipo de esperanzas con el resto del metraje) y donde sus desnudos crean también una falsa expectación en cuanto a un contenido extremo. Desgraciadamente, una trama que daba para unos matices más circunspectos se va por la comedia de entonaciones paródicas  y derroteros caricaturescos; ahí es donde se ve como el film parece asumir unas influencias abiertamente claras para copiar si ningún de rubor algunos entramados, situaciones y matices. En algunos casos de manera totalmente imitatoria; otros, más interesantes, apostando por la pantomima como en ese instante que se alude a uno de los momentos claves de 2001: una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968): el personaje de Maher insta a un grupo de hombres (de aspecto simiesco, para apoyar así la caricatura extrema al feminismo) a decantarse por la masculinidad que supuestamente aporta meterse en pecho y espalda un buen trago de cerveza. Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) tampoco se libra de la parodia.

Uno de los mayores lastres del film es su ritmo, que hace que en bastantes momentos de la narración la película resulte tremendamente aburrida. Esto, achacable en todo tipo de géneros, se ve como algo imperdonable en una comedia que intenta encandilar al espectador con un gag tras otro. Se recupera el interés en el tramo final, cuando descubramos que el personaje interpretado por Adrienne Barbeau es la suprema gobernante de la tribu de las mujeres caníbales. En este sector de la trama el film se vuelve más típico y tira más por los derroteros de la aventura de acción, incluyendo una irremediable historia de amor entre la doctora Hunt y uno de los esclavos del grupo feminista. Especialmente agradecida para los fans del género es la presencia de Barbeau que, aunque su imponente físico parece aquí algo desaprovechado (como muchas de las connotaciones eróticas que pudieron haberse explotado en la trama) derrocha cierto carisma en el rol de villana de la función. Barbeau es una figura bastante popular entre los amantes del cine fantástico de los años 70/80 por su relación con la figura de John Carpenter, su pareja sentimental en aquel tiempo y para quien rodó La Niebla (1980) y 1997: Rescate en Nueva York (1981). Acostumbrada a ofrecimientos interpretativos donde explotar su espectacular físico, cierto es que su aparición en esta película se ve algo desperdiciada, aunque siempre es de agradecer verla aparecer en subproductos de este tipo.

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Dirige  y escribe el desaguisado un hombre mucho más conocido por su labor de guionista, J. F. Lawton (aquí acreditado como J. D. Athens): él es el responsable de los libretos de Pretty Woman (Garry Marshall, 1990), la comedia romántica por excelencia de los 90, Alerta Máxima (Andrew Davis, 1992), uno de los mayores hits de la carrera de Steven Seagal, Reacción en Cadena (Andrew Davis, 1995), cinta de acción bastante popular en su tiempo, y más recientemente DOA: Dead Or Alive (Cory Yuen, 2006), adaptación de un videojuego donde también se podría discernir sobre una sobre-exposición de feminidad de las protagonistas. En su faceta de director, de J. F. Lawton podríamos destacar Pizza Man (1991), que dirige años después como vehículo de lucimiento para Bill Maher. Las Mujeres Caníbales de la Selva del Aguacate se rodó en  los cultivos de aguacate mantenidos por la Universidad de California, en Riverside, y su financiación corrió a cargo principalmente de Beyond Pictures, una de las subdivisiones del imperio de Charles Band (quien como ya se ha mencionado, es el productor ejecutivo de la cinta pero de manera no acreditada, como acostumbraba a hacer en algunos de sus productos) además de Gaucamolle Pictures (productora creada expresamente para este film) y Phantom Productions, la compañía que estuvo detrás de otros productos del sello Band como Dr. Alien (David DeCoteau, 1989) o el súper slasher Intruso en la Noche (Scott Spiegel, 1989). Como era de prever, esta historia de mujeres caníbales y selvas de aguacate se estrenó directamente en el mercado del videoclub en aquel año 1989 (no hay, que se sepa, estreno comercial en salas) , al menos en Estados Unidos. Posteriormente llegaría al mercado doméstico de todo el planeta convirtiéndose en una película con cierto prestigio gracias, se insiste, al atractivo tanto de su título como del plantel femenino que figuraba en las portadas de sus ediciones en VHS.

Saludos desde el Gabinete, camaradas.

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