“Cromwell, el rey de los bárbaros” (Albert Pyun, 1982)

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Publicada originalmente en Cine Maldito

A principios de los 80, la espada y brujería, género de referencia de la literatura pulp y el cómic underground, sufrió en la gran pantalla un agradecido e inesperado resurgimiento. Dentro de aquella ola, quizá originada por el estreno de Conan el Bárbaro en 1982, también destaca entre la memoria del aficionado un curioso émulo del film de John Millius  (probablemente no premeditado, ya que ambas películas son del mismo año) llamado por nuestros lares Cromwell, el rey de los bárbaros, libre traducción del original y más perspicaz The Sword and the Sorcerer. Este estará dirigido por Albert Pyun, ese  hawaiano afincado en Estados Unidos que hizo de la Serie B norteamericana un filón de oficio y devota artesanía, surcando todo tipo de géneros en una dilatada carrera casi siempre avocada a la distribución minoritaria y a los bajos presupuestos, coqueteando incluso con la Cannon de Golan-Globus y la Full Moon de Charles Band, nada más y nada menos. Cromwell, el rey de los bárbaros sería su ópera prima, que nos sitúa ante el malvado caballero Cromwell (dramatizado por el icónico e inolvidable Richard Lynch) que acompañado de la leyenda de un brujo malvado presentará batalla de conquista ante una tierra indefensa; un anónimo héroe, Talon (el olvidado Lee Horsley, rescatado recientemente por Quentin Tarantino), intentará que el malvado Cromwell no lleve a cabo sus planes entre los que se encuentran también el secuestro de  una joven damisela.  Sigue leyendo

“Schizofrenia di un attore” (Franco Garofalo, 2002)

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Con Schizofrenia di un attore nos encontramos ante un proyecto enteramente impulsado por el protagonista de esta semana en el Gabinete, Franco Garofalo. El film es un mediometraje de 35 minutos, rodado apenas sin medios, y en el que Garofalo oficia de auténtico hombre orquesta: dirige, produce, escribe y protagoniza. Aunque estamos ante un producto underground y muy desconocido, ha obtenido una gran admiración y respeto entre el reducido público y crítica que ha conseguido visionarlo. Para hablar de su origen hemos de situarnos a principios de los 80 cuando Franco se ve obligado  a interrumpir su carrera interpretativa de manera repentina, debido a una serie de problemas personales.
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