Especial Caníbal: “Perdidos en el valle de los dinosaurios” (Michele Massimo Tarantini, 1985)

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A mediados de los 80 la situación de la cinematografía italiana de géneros nadaba ya a contracorriente y sumergida, en su mayoría, entre las corrosivas y excesivas maneras del exploit. Así llegaba esta muestra del cine de caníbales aún de moda en aquella década, que se iniciaba con la mediática entrada en escena de la polémica Holocausto Caníbal (1980) de Ruggero Deodato. En 1985 el incombustible e infatigable realizador Michele Massimo Tarantini (aquí acreditado como Michael E. Lemick), que curtió a la Serie B  italiana de una multitud de títulos que iban principalmente desde la comedia erótica italiana (La profesora enseña en casa [1978], La maestra va al mar con toda la clase [1980]) hasta la espada y brujería de baratillo (La espada salvaje de Krotar [1984]), dirige una de los últimos vestigios del subgénero antropófago en esta historia en el que un grupo de personas, de distinta índole, alquilan un avión para emprender un viaje al llamado valle de los dinosaurios, región con bastantes impresiones de dicha especie extinguida pero que en ese momento parece estar ubicada por ciertas tribus caníbales. Sigue leyendo

“La noche de la ira” (Javier Elorrieta, 1985)

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La segunda película del singular director español Javier Elorrieta (recordado por el drama urbano La larga noche de los bastones blancos [1979], la taurina Sangre y Arena [1989] o la comedia Los gusanos no llevan bufanda [1991]) viene a ser como una versión hiperbólica y expandida del siempre citado clásico El malvado Zaroff (1932), con la cacería humana como motor narrativo de una historia que parece sacar a relucir los más oscuros instintos del ser humano. La noche de la ira lleva esto al terreno rural puramente hispánico, con generosas dosis del reverso más sórdido del terror campestre americano de los 70, que proponía en bastantes ocasiones el choque del urbanita contra los férreos y primitivas cotidianidades de la salvaje vida en el campo. En un pequeño pueblo castellano por determinar, ejemplarmente fotografiado para mostrar una arquitectura de lo agreste, llega un nuevo médico que ha sufrido una reciente crisis sentimental. Sigue leyendo