“Cromwell, el rey de los bárbaros” (Albert Pyun, 1982)

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Publicada originalmente en Cine Maldito

A principios de los 80, la espada y brujería, género de referencia de la literatura pulp y el cómic underground, sufrió en la gran pantalla un agradecido e inesperado resurgimiento. Dentro de aquella ola, quizá originada por el estreno de Conan el Bárbaro en 1982, también destaca entre la memoria del aficionado un curioso émulo del film de John Millius  (probablemente no premeditado, ya que ambas películas son del mismo año) llamado por nuestros lares Cromwell, el rey de los bárbaros, libre traducción del original y más perspicaz The Sword and the Sorcerer. Este estará dirigido por Albert Pyun, ese  hawaiano afincado en Estados Unidos que hizo de la Serie B norteamericana un filón de oficio y devota artesanía, surcando todo tipo de géneros en una dilatada carrera casi siempre avocada a la distribución minoritaria y a los bajos presupuestos, coqueteando incluso con la Cannon de Golan-Globus y la Full Moon de Charles Band, nada más y nada menos. Cromwell, el rey de los bárbaros sería su ópera prima, que nos sitúa ante el malvado caballero Cromwell (dramatizado por el icónico e inolvidable Richard Lynch) que acompañado de la leyenda de un brujo malvado presentará batalla de conquista ante una tierra indefensa; un anónimo héroe, Talon (el olvidado Lee Horsley, rescatado recientemente por Quentin Tarantino), intentará que el malvado Cromwell no lleve a cabo sus planes entre los que se encuentran también el secuestro de  una joven damisela.  Sigue leyendo

“Capitán América” (Albert Pyun, 1990)

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(Colaboración de Miguel Ángel Muñiz)

Hay películas que ya están malditas incluso antes de que se filme un solo plano. El caso de Capitán América entraría por derecho propio en esta categoría. No es desde luego el caso más famoso de película “mutilada” en todas sus fases, pero sí una de las que pueden resultar más interesantes, habida cuenta del lugar que Marvel ocupa hoy día dentro de la industria de Hollywood. No se puede olvidar que en el año 1989, cuando se realizó esta obra del menospreciado Albert Pyun, tan solo DC había logrado cosechar gran éxito en el cine con las dos primeras entregas de la saga de Superman iniciada en 1978 por Richard Donner. Los mandamases de Warner Bros, propietaria de DC Comics, aún estaban contando los dólares que llevaba recaudados el Batman (1989) de Tim Burton y, por otra parte, el anterior intento de llevar a la gran pantalla a un personaje original de Marvel, Howard el pato, en 1986, se había saldado con un estrepitoso fracaso; este caso fue aun más sangrante teniendo en cuenta de que se trataba de una gran producción bajo el sello de George Lucas. Sigue leyendo