Double Feature: “Contacto Sangriento” + “Mortal Kombat”

Double Feature

Iniciamos una nueva sección en la que aglutinar algunas de esas dobles sesiones que el Reverendo lleve a cabo. La “Double Feature” fue uno de los más recurridos métodos de proyección en los antiguos cines de barrio y grindhouse donde se exhibían dos films (algunas veces un mayor número, en sesión continúa, constituyendo auténticos maratones cinéfagos) que habitualmente tenían en común varios nexos de unión, sobretodo en temática. Eso será lo que se tendrá en especial cuenta para la sección, films con algunas similitudes argumentales (o connotaciones comunes para el que esto escribe) que aumenten el encanto de su visionado, siempre con cintas afines al espíritu del Gabinete. Para debutar, dos películas de hostias que tienen en el combate clandestino su punto en común. “Contacto Sangriento” (Bloodsport, Newt Arnold, 1988) y “Mortal Kombat” (íd, Paul W.S. Anderson, 1995) proclaman la celebración de sendas competiciones arraigadas en las ensaladas de tortas. Aunque este concepto, que añade clandestinidad y suciedad a las peleas, sea algo existente desde ya tiempos remotos, uno lo encuentra muy ligado al mítico “Street Fighter“, popular videojuego que se basaba en una enorme competición mundial con luchadores de variopintas nacionalidades, todos ellos con especiales habilidades. En el libro editado por Applehead Team Creaciones sobre la Cannon se citan algunas referencias que parecen indicar que “Contacto Sangriento” tiene bastantes similitudes con el primer “Street Fighter” (donde aparecía en el año 1987 la premisa de competición mundial  de luchadores), por lo que a servidor le pareció muy apropiado hacer una doble sesión con un revisionado de aquella, uno de los primeros films de Jean-Claude Van Damme como protagonista, con “Mortal Kombat”, la adaptación del videojuego homónimo perpetrado por el insigne Paul W.S. Anderson. El juego, muy popular en esa época en la que se instauró una moda por las hostias a mansalva en videoconsolas y ordenadores, marcaría cierta escuela tanto en el mundo del gaming como en otros medios. Hagamos pues, un repaso a ambas películas, que de manera trivial parecen tener bastantes similitudes a pesar de su separación en el tiempo.

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“Contacto Sangriento” (Bloddsport, Newt Arnold, 1988)

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Comenzamos con este film proveniente de la incombustible producción de la Cannon en una de las primeras películas de Jean-Claude Van Damme como protagonista absoluto. Es además su primera película para Golan-Globus con cierta relevancia, ya que había participado de manera secundaria en otras producciones de la compañía (a modo prácticamente de sendos cameos) en “Breakdance” (Breakin´, Joel Silberg, 1984) y “Desparecido en Combate” (Missing In Action, Joseph Zito, 1984). Poco después llegaría “Cyborg” (íd, Albert Pyun, 1989), su film estrella para los primos israelíes.  “Contacto Sangriento” centra su historia en el kumite, un campeonato de lucha clandestina que se celebra en Hong Kong cada cinco años y pretende aglutinar a los luchadores más importantes del planeta (claras reminiscencias posteriores al previamente citado “Street Fighter”). Además, el guión escrito entre otros por Sheldon Lettich (futuro colaborador del actor belga dirigiendo para él algunos de sus vehículos de lucimiento) se basa en la historia real de Frank Dux, luchador que compitió realmente en el mencionado torneo sin reglas convirtiéndose además en el primer hombre occidental en ganar el asiático torneo. Ojo a las declaraciones de Dux acerca de ello, extraídas sin escrúpulos de la Wikipedia: “Mi participación en este torneo fue parte de un plan, iniciado en 1975, para infiltrarme en las organizaciones criminales que organizan las luchas. La idea original era participar en el torneo del Kumite y hacer algunos contactos. Inicialmente se supone que perdería, pero finalmente me convertí en uno de los mejores luchadores del Kumite que nunca había participado en el evento.”

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La trama de “Contacto Sangriento” propone la dramatización de uno de los torneos del kumite, dentro de los patrones del cine de acción que ya se habían desencadenado en aquel 1988 gracias en parte al empeño de la Cannon, aunque sería injusto dejar a un lado otros productos ajenos a Golan-Globus que también instauraron años atrás los cánones por los que la década es hoy en día añorada. Cierto es que la popularidad e imparable producción de Cannon tuvo gran culpa de esta corriente del actioner que pretendía un extremismo escénico y argumental de las propuestas (siempre al servicio de la estrella de turno, aquí a un Jean-Claude Van Damme en plena ebullición de popularidad), un sentido de la violencia ajeno al convencionalismo y una desvergüenza absoluta hacia las formas. En los 80, el cine de acción, que venía de los 70 donde se promulgaba un estilismo hacia el urbanismo  (las mejores cintas de la década aprovechaban con mucha soltura la arquitectura de las ciudades) y la aridez (la acción muchas veces se envolvía en thriller secos de estilistas recursos visuales), abogó por un extremismo muy recordado y ubicado como no podía ser de otra forma en un producto como “Contacto Sangriento”. No ocultando su condición de vehículo de lucimiento para Van Damme, la trama presenta su argumento como una sucesión de los mejores combates del campeonato, dando especial importancia a la realización y coreografía de las peleas; estas, que pueden presumir de ser dirigidas con un estilo que permite distinguir perfectamente lo que está ocurriendo sobre el ring, ocupan la mayor parte del interés de la propuesta. En ellas encontramos a prototípicos personajes que nos son presentando a medida que avanza la trama haciendo hincapié a unos exagerados arquetipos que componen su personalidad escénica, algo en lo que se apoyaron propuestas similares para definir a sus protagonistas, volviendo a la posible relación de la película de Arnold con “Street Fighter” y toda la amalgama de productos similares que salieron tras de ella.

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El resto de “Contacto Sangriento” brilla ciertamente por componer elementos de relleno, dentro de lo enclenque de su entramado argumental que hace de la historia algo simple y realmente llano, además de una sub-trama romántica que no aporta absolutamente nada y que parece más bien a responder a las necesidades narrativas de incluir un personaje femenino que no era para nada necesario. Pero esto, que en cualquier película de arte y ensayo podría suponer un error fatal,  no debería tomarse como algo negativo en un género como este y dentro del desarrollo del cine de acción de aquella época. Para suplir esta carencia la película se arma con esos elementos con los que encandilar al público de entonces (y también al de ahora, que vive una época de añoranza hacia estos productos) como es el exagerado carisma de sus personajes: Van Damme a parte, quien aporta el carácter protagonista-heróico de la cinta cumplidor en lo físico (la sapiencia de Juan Claudio a la hora de aplicar el noble arte de repartir hostias está muy bien aprovechada) y raquítico en lo interpretativo (aunque como decíamos antes, no eran necesarios esfuerzos mayores en ello), encontramos al gigantón Donald Gibb como Ray Jackson, uno de los luchadores más característicos del campeonato y que se convertirá en uno de los iconos de la película y de paso en el mejor compañero de Dux; Bolo Yeung, quien tiene el honor de presumir de haber compartido reparto con Bruce Lee en “Operación Dragón” (Enter The Dragon, Robert Clouse, 1973) es Chong Li, el rival a batir, antagonista principal y otro de los más inolvidables rostros de la película y las artes marciales norteamericanas de los 80. También aparecen por ahí Forest Whitaker en un papel secundario (uno de los detectives que investigan todo el entramado) y Leah Ayres como la intrascendente presencia femenina, que servidor siempre asociará a su protagonismo en “The Burning” (íd, Tony Maylam, 1973), uno de los slashers más adorados por el Reverendo.

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En definitiva, “Contacto Sangriento” es una película previsible y muy mecánica, repetitiva en sus esquemas para/con el modelo de actioner instaurado en aquel momento por la Cannon pero con todos los puntos remarcables y personales de ello, incluyendo el derroche de estilismo estético del cine de acción de la época (volvemos a incidir en su falta de pretensiones “convencionalistas” hacia la violencia y una exageración visual más bien propia del cómic) y el derroche de carisma y sentido del entretenimiento tan positivo e ingenuo.  El film es hoy en día uno de los más reivindicados del primer acto de la carrera de Van Damme (antes de meterse de lleno en las majors a principios de los 90), responde bien a las pretensiones exigidas y dio origen a una serie de secuelas que a día de hoy aún no he podido ver.

“Mortal Kombat” (íd, Paul W.S. Anderson, 1995)

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El amigo Paul W.S. Anderson comenzó su carrera en su Inglaterra natal allá en el año 1994 con “Shopping: de tiendas” (Shopping, 1994) un thriller de acción que a pesar de sus defectos escondía algunos aciertos en los aspectos más espectaculares de su realización. Y en efecto, Anderson se convertiría con los años (daría el salto a Hollywood tan solo un año después con la película que nos ocupa) en un especialista del cine de acción con una película de culto (“Horizonte Final” [Event Horizon, 1997]) y una retahíla de producciones con una gran disparidad de opiniones para la crítica y una especialización en las adaptaciones de videojuegos, crossovers, o remakes. En su filmografía figura alguna que otra pieza salvable como la previamente mencionada “Horizonte Final” (un sci-fi de impresionante tensión), “Soldier” (íd, 1998) o “La Carrera de la Muerte” (Death Race, 2008) (remake de “La Carrera de la Muerte del año 2000″[Death Race 2000, Paul Bartel, 1975]), y cosas tan discutibles como esta “Mortal Kombat”, “Resident Evil” (íd, 2002) o su ambiciosa “Alien Vs. Predator” (AVP: Alien Vs. Predator, 2004). Con un ego como un caballo y con la siempre utilizada excusa de “me han cortado mi montaje, esto no es mi versión” cuando una película suya fracasa en taquilla y/o crítica,  Paul W.S. Anderson se ha afianzado entre el fandom como un director chusco en las formas pero con ciertas maneras en el trabajo con la acción. Porque la espectacularidad de la imagen es para él su principal objetivo, dejando a un lado cualquier otro elemento cinematográfico. ¿La consigue?. En contadas ocasiones.

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En 1995 llega “Mortal Kombat”, adaptación del famoso videojuego que planteaba, como “Street Fighter”, un combate global (aquí jugando con elementos mucho más fantásticos) entre los más variopintos personajes. La película, al igual que ocurrió entre ambos videojuegos, venían hecha completamente a rebufo de la moda del principio de los 90 de adaptar videojuegos, con “Street Fighter, la última batalla” (Street Figther, Steve E. de Souza 1994) a la cabeza . Para más inri, Jean-Claude Van Damme rechaza participar en la película de Anderson a favor de la adaptación del juego de Capcom, un producto hecho más a su servicio. En “Mortal Kombat” interpretaría a Johnny Cage, uno de los personajes del juego que es a partes iguales estrella del cine y experto luchador. La trama de la película viene heredada del videojuego planteando un torneo en una especie de dimensión paralela donde Shang Tshung, un malvado ser interpretado por el gran Cary-Hiroyuki Tagawa (tan habitual en las producciones 90´s donde se requiriese a un asiático con cara perpetua de malignidad y mala hostia),  ejerce de anfitrión del torneo llamado Mortal Kombat. Si su banda de descerebrados bastardos llamados “Outlaws” consiguen vencer, acabarán dominando la tierra, algo que por supuesto habría que evitar. Tshung cita al combate a los “mejores luchadores de la tierra” compuestos por el citado Johnny Cage (Linden Ashby), Liu Kang ( un poderoso guerrero oriental interpretado por el habitual del cine de artes marciales occidental Robin Shou, experto stunt man), o Sonya Blade (Bridgette Wilson), una policía que reparte estopa cosa fina, o al menos eso nos quieren hacer creer. Ellos serán los encargados de salvar al mundo, con la supervisión de un extraño, caricaturesco e imcomprensible personaje llamado Lord Rayden con el físico de Christopher Lambert

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“Mortal Kombat” es una oda a la hilaridad, empezando por su machacona música techno muy popular en su época pero que ahora se hace imcoprensible su asociación a una película de mediana seriedad. Auque su guión roce lo esquemático de principio a fin y su desarrollo y evolución cabalguen por todos y cada uno de los estereotipos más sobados del cine de acción, cierto es que Anderson optó por lograr cierta fidelidad hacia la historia del videojuego y sus personajes. Teniendo en cuenta la dificultad que tiene para sí adaptar al cine una trama que se basa principalmente en combates cuerpo a cuerpo, el film opta por unir estos con una historia que respete mínimamente una coherencia argumental. Aún así, las posibilidades de esto siguen sin explorarse (la saga de videojuegos”Street Fighter”, por ejemplo, tiene un trasfondo hacia la acción y unos personajes muy ricos que esperan aún la adaptación definitiva) y Anderson aquí lleva la película por aquello que más le interesa: la acción oligofrénica y desenfrenada, aquí más cercana a la parodia. Su tono acerca a la película más al cachondeo y al despiporre que al trasfondo serio; si esto es premeditado o no, habría que preguntárselo a Anderson, pero viendo el tono de su posterior carrera la respuesta parece clara y no juega muy a su favor. Aún así, hay un conjunto de elementos que hacen que “Mortal Kombat” sea vista hoy en día con mucha ingenuidad: la habitual sobreactuación de Cary-Hiroyuki Tagawa, el sinsentido de las apariciones de Lambert (que empezaron aquí a germinar su leyenda de actor-caspa), los efectos especiales que hoy en día parecen venidos de un Spectrum y el halo de exageración extrema que rodea a la película acaban por llenarla de encanto. Como adaptación de videojuego de los primeros 90´s, no podían faltar los agujeros de guión inexplicables (¿Qué pinta aquí el hermano de Liu Kang?), un animatrónico de acojonante sensación (de inquietante presencia sólo comparable al Blanka re-pintado y con peluca del film de Steve E. de Souza) y los one-liners de ineptitud de campeonato. Sí, “Mortal Kombat” puede ser vista a día de hoy como algo denigrante, pero con el encanto de la desmesura fílmica. Y de eso, los 80´s y 90´s estaban bien servidos.

 A continuación, se adjunta el programa número 3 del fantástico podcast “Ninja Vs. Commando“, el mejor reducto virtual dedicado al cine de acción y artes marciales donde se habla largo y tendido de “Mortal Kombat” y su universo:

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http://www.ivoox.com/ninja-vs-commando-3-mortal-kombat_md_610525_wp_1.mp3″

Saludos desde el Gabinete, compañeros.

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