Recomendando: “Grotespunk”, John Tones

Applehead Team Creaciones presenta en su división editorial dedicada a la ficción la obra Grotespunk, una antología de historias salida de la mente de John Tones, quien nos propone un viaje con tres suculentas paradas en las que disfrutar de las ramas del terror literario en su faceta más sórdida y descarnada. Su título, inventando un subgénero del horror escrito en páginas de sangre, ofrece ya ciertos vestigios del recorrido que a modo de tren de la bruja se propone al lector, configurando una serie de terrores extravagantes y sin remisión en sus descripciones más gráficas.

El prólogo escrito por Andrés Abel ya nos introduce de manera clara hacia el contenido de la obra, urdido con reflejos hacia el espanto y el impacto que el lector más avezado rápidamente conectará con los excesos de Clive Barker o el horror de visceral plasticidad que el director filipino Brian Yuzna exploró en sus inicios con un film ya de culto como Society (1989). Unas influencias que de manera directa se amoldarán en la cabeza del lector ante las sumisión escénica que Tones propone desde los aspectos narrativos más introductorios, hasta llegar a la propia concepción del horror; en ella se juega con unas maneras directas, y ampliamente descriptivas. Son esas ejecuciones donde el lector puede ampliar el arco de claras herencias que se intuyen en las historias: desde las postales abstractas, de lógica imprecisa, que bien nos pudieran evocar a H. P. Lovecraft, hasta las métodos más expeditivos y desvergonzados del cine de género de antaño. Unos referentes que Grotespunk se esfuerza en hacer patentes, generando un guiño constante a la mente más experimentada en esas coyunturas; la capacidad descriptiva de las imágenes no tarda en detonar una imaginería precisa, anexa a unos terrores cuyo exceso se liga con la plasticidad de lo maligno, y la extravagancia corpórea que pone en bandeja una imaginería repleta de libertinaje gráfico.

Tras una introducción, con floristería y una vista incómoda mediante, se da paso a las tres historias, presentadas como experiencias oníricas de un mundo surrealista en el que dar cabida a los pánicos etéreos, aunque en su desarrollo y ejecución apuesten por la creación de las ramificaciones más físicas del horror; universo donde dar cabida a monstruos, extraños seres e incluso apuntes sobrenaturales cuya transcendencia en lo terrenal supura la materialidad del exceso. En Carne de omnivagante en la nevera tenemos la confrontación de una mujer y un demonio, a la que luego se sumará algún que otro personajes más; terrores carnales y tremendamente físicos donde la fusión de aspectos de la realidad genera un juego de existencias, abordando temas como la sumisión, la índole sectaria taumatúrgica y esa fantástica idea conclusiva que en concepto y ejecución rápidamente nos recordará a la película de Brian Yuzna previamente citada. Todo un cóctel de extremismos y lujuria que luego dará paso a La noche de la matrona, donde una policía llamada Lola se encuentran en un caso de desaparición, indagando de manera paralela en la idiosincrasia de una mujer que colabora con el cuerpo policial en terrenos ocultistas; aquí, sin embargo, la historia se recubre en sus primeros vestigios por la labor de investigación, con un misterio que empieza a evolucionar con unos lenguajes hacia el espanto más propios del thriller, aunque no defrauda en su conclusión con un último acto en el que Tones es fiel al grotespunk en términos muy parecidos a los recreados en la anterior historia. Con Los monstruos no existen y los muertos resucitan nos envolvemos de fuertes raíces “lovecraftianas” en una narración en primera persona; dimensiones paralelas entre el mundo terrenal y el etéreo en el que se nos describe a un ser monstruoso, retratado con todo lujo de detalles (esta fijación hacia la especificación como forma de inmersión en el horror), con un personaje que atesora el lastre emocional de buscar justicia para un asesinato previo. En esta historia se fija una tipología de terror diferente en características formales a sus dos predecesoras, que añade cierta riqueza a su formato de antología con un broche final discurrido por derroteros más distinguidos.

Se desconoce si el subgénero grotespunk ha venido para quedarse, pero lo cierto es que John Tones defiende su origen y existencia en una obra con composiciones hacia el terror lejos de los cánones mayoritarios; sus asimilaciones hacia el extremismo visual se conciben como una especie de traslación literaria en torno a las ramas más viscerales de lo cinematográfico. La buena noticia, indudablemente, es que hoy se apueste por este tipo de productos que, haciendo confesas sus referencias, intenten encontrar un hueco propio en el panorama literario, como un intento de dar andamiaje a nuestra querida (contra)cultura del terror.

Pueden hacerse con un ejemplar a través del siguiente enlace, que les llevará directamente a la web de Applehead Team Creaciones: https://appleheadteam.com/producto/grotespunk/

Saludos desde el Gabinete, camaradas.

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