Rewind Pulp: “El miedo tiene ojos”, Curtis Garland

Puede usted morir como murió él… el hombre cuyos ojos lleva usted ahora. ¿Es que no ve usted las mismas cosas que viera antes el muerto?

Curtis Garland, alias bajo el que se escondía Juan Gallardo Muñoz, presenta en la serie “La Huella” de Bruguera El miedo tiene ojos, una trama de suspense que aborda la introspección del miedo en su protagonista y que tiene el mundo del cine como telón de fondo. Narrada de manera ágil, directa, y con ciertas turbiedades anexas a su condición de thriller reflexivo, tiene en su poso psicológico unos rasgos identificativos que amplía el contexto formal con el que estas tramas se abordaban en el pulp nacional.

Alan Reeves es un famoso actor de Hollywood que ahora se encuentra recluido en el mundo de la televisión. Cuando se dirige en automóvil a llevar a cabo su boda ante un juez de Santa Mónica, sufre un accidente que le provoca una fulminante ceguera. En el momento de la tragedia le acompañan Rachel, su pareja, aspirante a estrella que se ha quedado soterrada en el mundo del celuloide en labores de script, además de Waldo Carpenter, amigo íntimo de la pareja y director de algunas de sus películas de televisión. Con Rachel y Waldo ilesos en el siniestro, Reeves se lleva la peor parte; quedarse ciego supone el inmediato fin de su carrera, pero le ofertan una proposición irrechazable: un prestigioso oftalmólogo, el doctor Lockyer, le habla de la posibilidad de realizar una intervención que conlleva el trasplante de las córneas de un donante anónimo, aún a riesgo ser una operación en la que no le aseguran el 100% de éxito. Acepta, apenado por el hecho de que la que iba a ser su futura mujer rechaza seguir con el matrimonio debido a las circunstancias actuales, descubriendo que ahora vive emparejada con quien menos sospechaba.

El miedo tiene ojos es una vehemente inmersión psicológica a través del personaje principal, quien descubre que el trasplante de ojos le conlleva una inesperada sorpresa: parece revivir las visiones del anterior propietario de sus ojos. A través de este punto de partida en la que se pretende un calado introspectivo acerca del suspense, siempre a través del punto de vista de un personaje perdido ante la nueva situación, Garland utiliza una necesaria reiteración de la voz en off, indagando a través de los pánicos del protagonista. La novela aporta unas interesantes conexiones con el ímpetu más visceral del terror (especialmente, en lo que concierne a las experiencias alucinatorias de Alan Reeves), llevando a un espacio de cierta distensión la asimilación de sus tropos con el suspense. A este respecto, El miedo tiene ojos puede recordar a algunas obras cinematográficas del gialli italianos, en especial a aquellos en los que el elemento malvado que acecha al protagonista parece encontrar confort en los conflictos internos, también emocionales, de su personaje principal.

Se presencian intentos de asesinato (casualmente, a través de un criminal con sombrero, máscara de calavera y guantes, otro ítem formal que conecta la obra con el mencionado giallo) o momentos de impacto en torno al misterio como detonante, proyectado principalmente en unas visiones estrechamente relacionadas con su donante de ojos. Una interesante obra que se revuelve entre el terror psicológico, el policíaco y el terror, además de ligeros apuntes dramáticos, con un telón de fondo tan fascinante como el de las estrellas de Hollywood y las situaciones ocurridas entre las paredes de los grandes estudios. Hablando de alusiones cinematográficas, el capítulo Eye, aportación de Tobe Hooper a la película episódica Bolsa de Cadáveres (Body Bags, John Carpenter, Tobe Hooper, 1993), guarda ciertas similitudes con la novela de Garland. En Eye Mark Hamill interpreta a un ex jugador de béisbol que pierde su ojo derecho en un accidente de coche; tras efectuarle un trasplante del globo ocular perdido, sufre a posteriori una serie de macabras visiones relacionadas con el anterior propietario de su nuevo ojo.

Observaciones: Editorial Bruguera. Colección “La Huella”, nº 68. Cubierta: Jorge Núñez. Edición febrero, 1976.

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