Rewind Pulp: “Lauri era inocente”, Kelltom McIntire.

Lauri era inocente

Se inaugura sección en el Gabinete, dedicada en esta ocasión a investigar y reivindicar los recovecos más hondos de la literatura pulp. Podemos distinguir aquí un fenómeno (contra)cultural en toda regla que impactó en las costumbres de antaño como principal ejercicio literario de toda una generación. Los bolsilibros, o las también llamadas “novelas de a duro” acapararán gran parte de la sección como uno de los principales ejes de todo un movimiento literario en el que un nutrido grupo de de escritores nacionales (casi siempre escondidos bajo pseudónimo anglosajón) ofrecían historias de toda una variedad genérica de consumo (terror, western, ciencia ficción…) embellecidas por unas portadas que tras un tebeístico diseño gráfico intentaban ofrecer una dramatización estilística del relato. Como uno de los productos estrella de los kioskos durante la mitad de siglo y que ahora circulan sin remilgo por toda librería de segunda mano, todo aquel bolsilibro que llegue a las manos del Reverendo será reseñado aquí. Por supuesto, en Rewind Pulp también tendrán cabida las revistas de historietas, antiguos fanzines y todo aquello que tenga dentro de sí el sello pulp corriendo por las venas.

Se inaugura la sección con “Lauri era inocente” una historia salida de la mente de Kelltom McIntire (José León Domínguez, cuya mayor producción se produjo dentro del campo de la ciencia ficción aunque abarcase otros géneros como el terror o el western en editoriales como Bruguera o Ediciones Toray) en la que un hombre se ve inmerso en una trama donde la extraña conducta de su mujer acaba por lastrar su día a día.  Una historia escrita desde el punto de vista de un personaje principal que disfruta de una vida acomodada (un ex policía que consigue un importante ascenso en una empresa de seguridad) con su mujer e hija; la primera, justo en el momento que nuestro protagonista pretende comunicarle su reciente éxito profesional, aparecerá con visos de incertidumbre en su propia casa víctima de un posible intento de violación y en una postal dramática en la que varias de las mascotas del hogar aparecen siniestramente ejecutadas. Aunque al principio de la historia parezca que se trata de un criminal asalto de morada, pronto se verán unos indicios de enfermedad mental en la esposa aunque se llegue incluso a culpar a Lauri, la pequeña de la familia, de la matanza contra los animales.

El protagonista deberá luchar no sólo contra el derrumbe que el siniestro suceso provoca en su vida en una trama de suspense donde mantendrá una retahíla de enfrentamientos contras sus suegros (su origen humilde choca, desde el primer momento, con la alta clase de su familia política), y los cada vez mayores indicios psicóticos de su mujer que incluso parece verse involucrada en un estrafalario hecho de desorden público en un bar de la zona. La novela responde de manera paulatina a todas las características del bolsilibro, en una narrativa de fácil lectura con toques puramente imbuidos por el thriller, con ciertos apuntes eróticos (presentados en un flashback hacia el tercio final de la trama donde se desplaza la ficción al momento en el que el matrimonio inician su relación) que en sus connotaciones hacia la demencia psicológica de la mujer pueden llegar a verse alguna que otra reminiscencia con los gialli italianos (con la mixtura entre el policíaco y un suspense marcado por supuestos desórdenes mentales), a la postre adaptaciones cinematográficas hereditarias este tipo de literatura. La historia presenta al prototipo de héroe contra el entorno que le rodea, sumido en una oleada de incomprensión e indefensa posición cuyo desarrollo se pueda antojar algo plano, pero que defrauda en un tramo final bastante descafeinado en el que se prometía una conclusión o giro narrativo de cierta potencia. Aún así, su corta longitud hará de “Lauri era inocente” una amena lectura, que no defraudará y  mostrará la falta de ambiciones autorales propias de este tipo de publicaciones en las que además se puede distinguir una auto-fidelidad formal a la postre digna del encanto de sus pequeñas grandes historias.

Observaciones: Editorial Bruguera. Colección “Punto Rojo” nº 1163. Edición noviembre, 1984.

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