Carlos (Ovidí Montllor) es un personaje extraño que vive completamente aislado de la sociedad. Vive en compañía de sus plantas y sus escasas interacciones sociales se reducen a rutinarias conversaciones con la empleada de una tienda de alimentación. Pero un día comienza a obsesionarse con una joven llamada Berta (Berta Cabré), lo que le traerá problemas con su novio, un motero con gusto por las peleas callejeras. Berta es actriz de teatro y pronto comienza a estrechar lazos con Carlos, hasta que se descubra que un invernadero parece esconder más secretos de los esperados…
El Invernadero es una de las raras avis más desconocidas de la producción española de género de los años 80, la misma que pareció resistir el envite de la temida Ley Miró con propuestas que repescaban el descaro de los años 70 junto a la anarquía formal del recién iniciado nuevo decenio. Dos interesantes coyunturas son las que podemos enlazar con esta película de Santiago Lapeira (quien venía de dirigir Asalto al banco central [1983]), tanto las locas propuestas con las que el cine español sobrevivía al inminente devenir del «grindhouse hispánico» (me permito citar dos títulos tan dispares como Mil gritos tiene la noche [1982] o Poppers [198] a modo de ejemplo), como esa gran generación cinematográfica que se urdió en el in pass de los 70 y los 80 en Cataluña; al calor del Cine S y las míticas firmas de ilustres como Ignacio F. Iquino, Manuel Esteba o Enrique Guevara, se estableció un cine catalán de géneros desvergonzados que regalaron títulos tan queridos en esta casa como Los Violadores (1980) o, aún en régimen de co-producción, Apocalipsis Caníbal (1980). El Invernadero es una consecuencia clara de estos dos citados movimientos, con un guion escrito por el propio Lapeira junto a José María Torruella (colaborador habitual de la factoría catalana en cintas de Ignasi P. Ferré o Sebastian D’Arbó), y en la que se apuesta por un horror surrrealista de corte oscuro e intimista, toda una extrañeza dentro de las propuestas que en aquel momento se estaban realizando tanto en Cataluña como en el resto de España. En su reparto, rostros tan habituales de ese cine catalán como el protagonista Ovidí Montllor (también popular por su faceta de cantautor), su íntimo amigo Alfred Luchetti, Berta Cabré (acreditada en ocasiones como Berta Singerman, vista en algunas cintas de D’Arbó), y tres grandes preesencias para nuestro cine de género como Bernard Seray, VíctorIsrael o Carmen Serret.
El Invernadero fractura las barreras formales del suspense haciendo ver ciertas raíces meditarráneas del fantástico con su habilidad en mostrar una trama en la que realidad y fantasía se unen y se desdoblan. Compensa su escasez de medios con un trabajado sentido para el misterio; su narrativa rupturista no pretende seguir ninguna línea convencional, dentro de una historia perfectamente reconocible para el espectador bajo el tópico de un joven extraño y retraído que conoce a una joven idealizada que le hace conectar con una realidad social a la cual no está acostumbrado. Lapeira crea una película que navega en su propio universo, jugando con la ambigüedad en todo momento y sin conectarse con un andamiaje de respiro para el espectador. Se apoya en escenas nocturnas y lluviosas, ambientación que levanta sus propósitos escénicos y origina un clima de irrealidad que sujeta su alienada propuesta. Su tono extraño, de perenne desconcierto, crece hasta llegar a un último acto en el que la mórbida oscuridad parece obtener todo el sentido, y donde la película muestra sus armas más extravaganes y surrealistas. Cayendo en lo gratuito de la comparativa, el gusto por la irrealidad de esta obra comparte ciertas intenciones con las transgresiones narrativas vistas en David Lynch o Alejandro Jodorowsky, no siendo mi intención la de poner a esta película a la altura de esas dos importantes firmas, sino la de dar al lector una idea de lo que puede encontrar. La película sigue siendo a día de hoy una gran desconocida, escondida en el subterfugio de la producción underground española de los años 80 aunque parece que paulatinamente algunos analistas y espectadores apuestan por su rescate.
Conviene no ignorar la mención a su compositor Ricardo Rauet, que aporta una música enferma, rozando la cacofonía, pura conexión con un personaje principal (Montllor en su típico papel introspectivo) que es utilizado en la película para trazar una especie de discurso sobre la obsesión y ciertas ramificaciones morales en torno a ella. Según la web del Ministerio de Cultura, El Invernadero se estrenó en España el 5 de mayo de 1993, con 480 espectadores en su haber, lo cual nos prueba el escaso impacto que generó en su día. Parece ser que en Estados Unidos se estrenó como The Greenhouse, desconociendo si llegó allí en alguna edición doméstica o pase televisivo.
Puedes escuchar el episodio que El Calabozo del Reverendo Wilson podcast dedicó a la película: https://go.ivoox.com/rf/166465969




