“Leatherface” (Alexandre Bustillo, Julien Maury, 2017)

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Con cierta esperanza se iban aglutinando las noticias e imágenes de la nueva entrega de una de las sagas más icónicas que ha dado el terror, la originada en La Matanza de Texas (1974), aquí a modo de precuela/reboot y viniendo además de una dupla de directores que marcaron a fuego cierta relevancia en el género con sus aportaciones a la ya llamada crueldad francesa con Al interior (2007) o Livide (2011), Alexandre Bustillo y Julien Maury. Como un intento de abordar el origen y primeras andanzas de Leatherface, uno de los más recordados y relevantes matarifes del terror moderno, el proyecto se presenta apadrinado, entre otras (y junto a ilustres nombres como Tobe Hooper o Kim Henkel, nombres propios para la franquicia), por una infatigable compañía del moderno cine de explotación como Millenium Films (especialistas del cine de acción de índole casi revival) y con el mediático fichaje de la pareja de directores franceses como intento de insuflar de nuevos aires una saga que como muchas de las que en su día sucumbieron el éxito, parece ahogada por los más convencionales clichés modernos.  

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Dossier Slasher: Introduciendo un género. Máscaras, cuchillos y gritos en la oscuridad… (1)

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Si dentro de las abultadas variantes del cine de terror existe una corriente que se haya mantenido con el paso del tiempo, aún teniendo en cuenta diversas decadencias y renovaciones, es el slasher. Con él se cumplen muchos de los patrones que establecen y dan forma a los subgéneros del cine fantástico, como bien pudieran ser unas influencias previas formales, una serie de obras prototípicas que darían pie a unos patrones que luego desarrollarían unos cineastas dando pie a sus tótems, además de la consecución de un movimiento anclado a una época determinada, que provocaría una futura explotación comercial y decaimiento. Aunque entraremos luego en ello, el slasher ha sufrido varios ocasos que no impedirían que fuese eternamente recurrido en los cánones de la serie B, destacando eso sí una explosión comercial que tendría en los años 80 su auténtico culmen. Sigue leyendo