“Verónica” (Paco Plaza, 2017)

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A pesar de la escasa producción de tinte fantástico dentro del cine español, la última película de Paco Plaza nace con un encanto especial dentro del reducido número de películas de género que salen en este país. Su punto de partida es nada más y nada menos que uno de los casos más conocidos de la fenomenología paranormal ubicados en España: el Caso Vallecas. Estefanía Gutierrez Lázaro era una joven que en 1991 fallecía en Madrid bajo extrañas circunstancias tras practicar una sesión del mal llamado juego de la ouija; lo que ha pasado a la historia fue una situación paralela que se antoja escalofriante: los informes policiales que retrataron lo que varios agentes se encontraron en el domicilio vallecano tras recibir una llamada de socorro ante los inexplicables fenómenos que allí acontecían, entre armarios que se abrían solos y una especie de babas originadas de lo desconocido. Por primera vez un caso paranormal quedaba dramatizado de manera documentada y oficial, lo cual le da al mismo un culto apasionante entre los amantes del misterio. 

El caso de Estefanía es un episodio inquietante de la historia española más oscura. Se resumiría diciendo que es el incidente de una familia aterrorizada, gente de barrio golpeada por lo escalofriante y la incertidumbre, con el origen de un grupo de amigas que en un descanso escolar se dejan llevar por esa perenne curiosidad adolescente de la ouija como supuesta herramienta de contacto con el más allá; el motivo fue el contactar con el novio fallecido de una de las chicas, víctima de un accidente de moto. Estefanía pareció desde el primer momento como la más sensitiva en el ritual, algo que pareció quedar probado cuando de manera espontánea comenzó a salir humo por su nariz en plena sesión de espiritismo. A continuación una casuística muy habitual en este tipo de historias, muchas veces concebida ya como tópicos dramatizados por el cine de terror: una sesión de espiritismo interrumpida abruptamente y que desencadena el mal, fenomenología poltergeist con ruidos de origen desconocido, y hasta un Cristo separado de su crucifijo, circunstancias colaterales al epicentro de una entidad malévola usurpando el día a día de una joven, víctima inocente que hasta sus familiares verán convulsionar… Fenómenos de origen desconocido que aterrorizaron  a una familia de la barriada madrileña y que sucumbieron con la muerte de Estefanía en el Hospital Gregorio Marañón, todo ello en circunstancias difíciles de explicar. Pero el punto fuerte llega meses después con un atestado policial; con la muerte de la joven los misteriosos sucesos no cesarían en la casa de Estefanía para terror de sus allegados; la Policía Nacional recibe una llamada en la madrugada desde el domicilio vallecano, cuando una explosión de sucesos de origen desconocido llegan casi al clímax de su actuación. Los cuatro agentes que allí se personaron dejaron constancia por escrito de lo que allí vivieron: una extraña figura que les vigilaba desde el pasillo, crucifijos que se movían sin motivo aparente, o una puerta de un armario perfectamente cerrada y que se abrió “de una forma súbita y totalmente antinatural“. El propio caso en sí no iría más allá de ser un capítulo más de los innumerables expedientes de fenomenología paranormal ocurridos por todo el mundo; que aquí varios agentes de la ley (el entonces inspector jefe José Pedro Negri y otros tres policías de patrulla) visionasen in situ y documentasen este encuentro ante el desconocido, hacen del Caso Vallecas un suceso tan fascinante como misterioso.

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La nueva película de Paco Plaza se basa directamente en la historia de Estefanía Gutiérrez Lázaro; terreno pantanoso este, si tenemos en cuenta que algunas de las situaciones aparentemente vividas en el núcleo de la joven ya son de por sí tópicos anexos al cine que toca en mayor o menor medida el tema sobrenatural. Tomándose diversas licencias (el nombre de la joven que aquí da nombre a la cinta, los propios miembros de la familia, personajes secundarios inventados para la ocasión, el motivo de la sesión de ouija…) Paco Plaza adapta el Caso Vallecas ya con una propuesta inicialmente fascinante: el traslado al Madrid de primeros de los 90, el de la barriada madrileña de primeros de esa década en un contexto cuya adaptación merece un punto de apertura muy interesante. En su siempre presente valor por lo autóctono por parte del director (y ya visto en algunas de sus otras películas), el dramatizar el caso en su propia localización no viene asimilado como una adaptación, sino casi como una traslación necesaria en su contexto. Las localizaciones, principalmente exteriores, donde nos situamos en la Vallecas de los 90, hacen conducir a esta Verónica y su drama familiar por la cotidianidad, casi por lo urbano, lo cual no solo supone un punto positivo a la hora de tratar el caso (ya que bajo este estigma es como ha quedado en el imaginario popular), sino que casa también con algo que parece perseguir Plaza en su asimilación del terror: el hacer confluir un estilo por un sello oriundo que siempre funciona. Colegios religiosos o la dura vida de los currantes de barrio, todo ello envuelto con una premisa que circula sobre toda la trama: el retrato de la pubertad, la incipiente juventud y esa curiosidad por lo extraño y lo misterioso. Un mix que ante un entorno tan familiar y cercano tenía todo para confluir en una historia de terror con iconografía propia para desarrollar un contexto singular. Lamentablemente, y ya esto casi avisa de lo irregular de su propio estilo, el opening retratando la llegada de la policía al domicilio familiar funciona solo a medias; este sello autóctono desarrollado minutos después aquí converge con algún que otro cliché mal aprovechado y un look que avisa de algunas de las (fallidas) concepciones artísticas que estarán por llegar.

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El desarrollo de Verónica sigue a pies juntillas los tópicos de este tipo de propuestas, con buenas ideas de Paco Plaza en su peculiar y altamente referencial concepción del terror. Algunas secuencias se antojan muy bien planteadas, como la propia sesión de espiritismo (el momento en el que se fusionan dos construcciones de escena, eclipse mediante, es para el que esto escribe su momento favorito del film), los primeros contoneos de la protagonista con algo que la persigue (hay una escena de comida familiar también especialmente destacable y acertada) y con los titubeos de no caer, en inicio, en la rendición a algunos de los tópicos del propio género casi inevitables ante el material de partida; el núcleo familiar aquí con presencias de infantes, el mal usurpando el propio hogar, los guiños musicales a la propia época (y un tema principal de Héroes del Silencio que Verónica se apropia para dos de sus momentos trascendentales) y una premisa sobre la que Plaza circula constantemente y que anexa claramente con el calado que a día de hoy tiene el Caso Vallecas y que en estas líneas ya se han mencionado: la irrupción de un elemento de misterio, focalizado bajo las auto-exigencias en el terror, que rompe la cotidianidad de gente de la calle, no personajes prefabricados con el objetivo de caer rendidos al horror. A destacar otro apunte manido, casualmente muy rescatado en la actualidad y que parece una grotesca pero encomiable mezcolanza de cierto subgénero de la explotación con el terror: la figura de la monja ambigua y de sobrenatural apariencia, aquí en una ciega devota que se utiliza como mesiánica eminencia en su advertencia del terror, aprovechada con solvencia sólo en algunos momentos. Su escena de desarrollo, eso sí, a pesar de los tópicos, es otra de esas subidas de perturbación en Verónica tremendamente dignas.

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Verónica, sin embargo, falla en aquellos momentos donde se pretende dar un look mucho más convencional, algo palpable en las resoluciones de algunas secuencias que jugaban maravillosamente con la sugerencia y se finalizan bajo unas estamentos estéticos mucho más deudores del horror más habitual, de ese terror más digno del artificio y que la agregan al momento con las texturas menos excitantes del género moderno. Más grave aún se siente esto cuando se perciben al mismo tiempo los guiños y referencias a alguna que otra cinematografía del horror de décadas pasadas, resolviendo la puesta en escena con unos anticlimáticos clichés visuales.  Aunque la comparación sea odiosa y hasta quizá injusta, el terror autóctono que Plaza matizó en el primer tramo de la película se ve irrumpido en una especie de emulación barata y poco atractiva de los convencionalismos del cine de James Wan (mucho mejor asimilados por el director malayo), presente de manera paulatina en cuanto la intensidad de la irrupción del mal en Verónica sea más patente. Todo ello restará valor y encanto a algunos de los puntos de partida de Plaza en su abordaje al Caso Vallecas, tales como el nexo familiar (y donde la presencia de infantes se acerca a la trama con finura y sin estridencias), la irrupción del horror ante lo ordinario y un estilo narrativo que busca la complacencia y empatía del espectador. Verónica se gana al amante del terror en cuanto más evidente es su sello castizo, y lo aleja de su trama en el momento que más evidentes son tanto sus influencias como la innecesaria conexión con la dramatización del terror más contemporánea.

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Respecto a los apuntes artísticos de la producción, Plaza se aleja del look Filmax con una fotografía menos saturada y lineal que los productos de la compañía catalana, creando aquí una atmósfera de cierta opresión en los espacios cerrados (lamentablemente de la que poco se aprovechan algunas de las concepciones escénicas) y de cierto tono grisáceo para las escenas diurnas por las calles de Vallecas; la música, con ciertos retazos de los sintetizadores de John Carpenter, cumple sin más necesidad de auto-explotarse. Destacar, eso sí, una interpretación meritoria de su protagonista, la debutante Sandra Escacena, con el difícil oficio de no caer en el síntoma de repetición de un prototipo de personaje ya estandarizado en el cine de terror de todas las épocas. Con todo, Verónica deja el regusto a una propuesta con muy buenas ideas pero fallidas resoluciones, que ha desaprovechado un interesante punto de partida. Paco Plaza tiene el oficio y conocimiento suficientes para haber hecho de esta película una fina muestra del terror autóctono, ese que tan bien se supo sintetizar en nuestro país en alguna de sus etapas doradas para el cine fantástico. Lamentablemente, Verónica ha caído rendida a las manos de un terror más mainstream que quizá, y a lo mejor ese era el objetivo, no disgustará a los espectadores de un cine de género mucho más contemporáneo pero menos exigente con sus temáticas.

Saludos desde el Gabinete, camaradas.

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2 comentarios en ““Verónica” (Paco Plaza, 2017)

  1. Aunque bastante de acuerdo con tu reseña, yo salí del cine bastante contento, la película mas o menos tiene el tono que esperaba por lo que no me defraudo. Creo que la cotidianidad que muestra te hace empatizar bastante con esta familia y que vayas sufriendo con ellos hasta el final, ademas ayudado por estos chavales tan pequeños que creo que están bastante bien. Por otro lado Paco Plaza en mi opinión intenta hacer una realización y montaje con algo mas de calidad de lo que nos tiene acostumbrado el cine de este país. Como dices la escena del eclipse esta muy conseguida y posiblemente sea lo mejor de la peli.
    Por otro lado me sorprendió un poco la poca relevancia que se le ha debido de dar ya que en mi sala no eramos mas de 12-14 personas al día siguiente del estreno, entre ellos mis dos pequeños vástagos que con 14 y 9 años la pudieron ver mas o menos bien, aunque esa noche tuviera que dormir con la peque.
    Bueno un fuerte saludo y gracias por el gran trabajo que haces.

    • ¡Saludos Juan! Un placer leerte también por aquí. Entiendo en cierto modo el énfasis colectivo sobre la película. Plaza ha organizado una serie de patrones de éxito foráneo dentro del género más reciente que ha hecho incluso pensar que aquí se puede realizar cine de terror con éxito y en cierto modo oficio. Y en ese aspecto, muy de acuerdo contigo que incluso en sus maneras Plaza lleva las escenas mucho más allá en cuanto a planificación; lo que siento es que por una parte la historia de origen era lo suficientemente potente para añadir una iconografía mucho más perturbadora (con la diatriba de los policías y su encontronazo con lo maldito, y el devenir de clichés escénicos que me matan el poso más truculento de la historia. Respecto a la relevancia, seguramente el boca a boca comience a funcionar a partir de esta semana y nos encontremos con uno de lo grandes taquillazos del cine español.

      Muchas gracias por los halagos comentar, camarada del culto!

      PD: me encanta lo de tus vástagos, iniciándoles en el culto desde muy pronto. ¡Bien!

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