Express Reviews: «Coche policial», «Kung Fury» «Sinister 2», «Una chica vuelve a casa sola de noche»

Coche policial (Cop Car, Jon Watts, 2015)

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Curioso juego de géneros proveniente del prometedor Jon Watts, quien aquí imbuye una narración de 90 minutos en una persecución de la que son objeto dos niños, quienes roban bajo ingenuas intenciones el coche de un sheriff involucrado en turbios asuntos. Con aroma al espíritu aventurero infantil tan arraigado en la década de los 80, el film de Watts ejerce unas extrañas mixturas con el género de terror de cierta mordacidad y amparadas en el personaje de Kevin Bacon, intransigente villano de la función  que tendrá en sus participaciones los momentos más destacables del film. 
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Express Reviews: «Bone Tomahawk», «Charlie´s Farm», «The Stranger», «Demonic»

Bone Tomahawk (íd, S. Craig Zahler, 2015)

Dentro de la curiosa revisión que parece vivir el western con sus dilatadas aportaciones en los últimos años, Bone Tomahawk pega un fuerte puñetazo en la mesa proponiendo una curiosa reversión del género en la que sus clásicos estereotipos se codean con unas ínfulas fantásticas que incluyen aquí la aparición de un grupo de caníbales. Como si el clásico Oeste americano cruzase su camino con la América Profunda enardecida en el American Gothic de los 70, S. Craig Zahler demuestras unas habilidades narrativas que le hacen capaz de dominar el ritmo y la estoicidad del western, apoyado en un agradecido y variopinto reparto, nutriéndolo sarcásticamente de una atmósfera viciada y excéntrica sin perder en ningún momento un temple narrativo digno de elogio. 
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Express Reviews: «The Final Girls», «Deathgasm», «Cuentos de Halloween», «Maggie»

The Final Girls (íd, Todd Strauss-Schulson, 2015)

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Catapultada como una de las cintas más aclamadas en la pasada edición del festival de Sitges, The Final Girls se desarrolla bajo unas claras querencias reivindicadoras hacia uno de los (sub)géneros más adorados y explotados del fantástico como es el slasher. Strauss-Schulson pretende un homenaje, exageradamente auto-confeso aunque a la vez honesto en sus propósitos, en un juego metalingüístico en el que sus protagonistas acabarán siendo los principales partícipes de una ficción que aclimata en una pretendida y confesa exageración las constantes del mencionado (sub)género; esta maniobra retrotrae al espectador al instante a artificios creativos mucho más interesantes como Demons de Lamberto Bava o Angustia de Bigas Luna, aunque aquí la pirueta narrativa se acaba ahogando en las cansinas y gratuitas ganas de provocar el chiste, olvidándose de procrear un homenaje consecuente con el propio slasher y que acabará, de manera lamentable, en un batiburrillo de gags insulsos y olvidables. El rescate de los más manidos tópicos del slasher serán fruto de un conjunto de secuencias que explotan las bromas sin el cinismo y la mordacidad necesarios, cayendo en un tono cómico excesivamente superior a su empaque fantastique.

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