Santo contra el Doctor Muerte (Rafael Romero Marchent, 1973)

Con motivo del fallecimiento de Rafael Romero Marchent el pasado 13 de febrero, se rescatan unas palabras dedicadas a una de sus obras más conocidas, Santo contra el Doctor Muerte, publicadas originalmente el 25 de agosto de 2013 en Cine Maldito. Sirvan como homenaje a uno de los mayores fecundadores del cine de género español, que además de reformular las aristas formales del western con el hálito mediterráneo urdido al calor llamado eurowestern, su estilo ha quedado inmortalizado en el cinemabis gracias a una artesanía cinematográfica urdida bajo una variedad de géneros vista en cintas como Ocaso de un pistolero (1965), Disco Rojo (1973), Un par de zapatos del ’32 (1974), El lobo negro (1981) o el film que a continuación se desgrana:

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Dossier Slasher: Introduciendo un género. Máscaras, cuchillos y gritos en la oscuridad… (2)

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En la primera parte de este artículo introductorio al Slasher nos habíamos quedado justo en el momento en el que se puede catalogar el estallido comercial de este apasionante subgénero: el estreno en 1978 de La Noche de Halloween, el modesto film de John Carpenter que expondría y ampliaría enormemente las más representativas claves del mismo. Partiendo de una clara influencia como fue el esquema argumental de Navidades Negras de Bob Clark, Carpenter potencia hasta el extremo la utilización de una trama sencilla (un pequeño vecindario que sufrirá los crímenes de un villano) pero que gracias a una serie de conjunciones puramente fílmicas se convertiría en todo un clásico del terror. Asentando los que se considerarían muchos de los patrones básicos del Slasher, que ya venían dándose con anterioridad pero que el cineasta aquí los estandariza (víctimas adolescentes, localización aislada, villano enmascarado…), sumándole una elegante articulación narrativa (ya presentado con el plano secuencia de inicio y su maravilloso uso del formato panorámico), impropia de estas temáticas, y con un reparto que incluía a una vieja estrella de Hollywood como Donald Pleasence y la presentación al mundo de Jamie Lee Curtis, quien sobre ella recae la responsabilidad de establecer las coyunturas de lo que a partir de aquí se empezó a llamar como final girl. Sigue leyendo

“Necrophagus” (Miguel Madrid, 1971)

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Pocos antes de dirigir la curiosísima El asesino de muñecas (1975), el realizador Miguel Madrid estrenaría una de las piezas más bizarras y estrafalarias del fantaterror español. Conocida internacionalmente con el más sugerente título de Graveyard of Horror (Cementerio del terror, si traducimos literalmente), Necrophagus marca cierta curiosidad en la historia del terror español por su llamativo juego de géneros, dentro de un entramado en el que podremos encontrar desde mad doctors, ambientaciones de pura inspiración gótica o algún “muerto” revivido, hasta localizaciones tan afines al género como un majestuoso cementerio y dentro de un horror que apuesta por lo atmosférico. En este sentido, el film de Madrid, a pesar de contar en su título con un epíteto tan sonoramente gráfico como “Necrophagus” (que podemos traducir como necrofagia, el curioso a la par que singular arte de comer cadáveres), el film entra dentro del sector más moderado de la corriente de terror que se originó en España por aquellos días: la ausencia de violencia gráfica explícita (salvo leves apuntes), así como la exclusión de desnudos (muy habituales en películas coetáneas) sorprende, aunque es cierto que el director pretende imbuir al terror de un componente mucho más sutil y sugerente como es una sensación continua de perturbación en su ambiente. Sigue leyendo

In Memoriam: Saturno Cerra (1924-2015)

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El pasado sábado fallecía a la edad de 91 años Saturno Cerra, uno de los secundarios más incombustibles que ha dado el cine de género español, con especial recuerdo en su paso por el Western. Aunque, como en posteriores líneas veremos, participó en todo tipo de películas de diferentes  corrientes, sería el Spaghetti Western el género estrella de su filmografía, logrando aparecer en algunos de los films más recordados de la vertiente, siempre como estoico secundario de firme y tosca presencia. Nacido en la asturiana localidad de Sebreño, Ribadesella, su rocambolesca vida bien podría haber originado toda una película. Comenzaría, casi de niño, trabajando como albañil en su pueblo de origen (siempre sería conocido por los lugareños como “El críu de Sebreñu”), para posteriormente coger las maletas y emigrar a Madrid para buscarse la vida; allí trabajaría como dependiente de moda, obteniendo enorme prestigio en el oficio, hasta que la decadente posguerra que asoló al país le obliga a cruzar el charco  llegando a tierras brasileñas. Sigue leyendo