Dossier Slasher: Introduciendo un género. Máscaras, cuchillos y gritos en la oscuridad… (2)

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En la primera parte de este artículo introductorio al Slasher nos habíamos quedado justo en el momento en el que se puede catalogar el estallido comercial de este apasionante subgénero: el estreno en 1978 de La Noche de Halloween, el modesto film de John Carpenter que expondría y ampliaría enormemente las más representativas claves del mismo. Partiendo de una clara influencia como fue el esquema argumental de Navidades Negras de Bob Clark, Carpenter potencia hasta el extremo la utilización de una trama sencilla (un pequeño vecindario que sufrirá los crímenes de un villano) pero que gracias a una serie de conjunciones puramente fílmicas se convertiría en todo un clásico del terror. Asentando los que se considerarían muchos de los patrones básicos del Slasher, que ya venían dándose con anterioridad pero que el cineasta aquí los estandariza (víctimas adolescentes, localización aislada, villano enmascarado…), sumándole una elegante articulación narrativa (ya presentado con el plano secuencia de inicio y su maravilloso uso del formato panorámico), impropia de estas temáticas, y con un reparto que incluía a una vieja estrella de Hollywood como Donald Pleasence y la presentación al mundo de Jamie Lee Curtis, quien sobre ella recae la responsabilidad de establecer las coyunturas de lo que a partir de aquí se empezó a llamar como final girl. El villano, cuya abstracción impresa se eleva a un dibujo impreciso de etérea maldad, ya es todo un emblema del cine de terror moderno: Michael Myers, cuyas andaduras nos serían relatadas en las siete secuelas que daría de sí la película de Carpenter, sin contar las nuevas revisiones de Rob Zombie. La Noche de Halloween hizo que el Slasher explotase comercialmente: su apabullante éxito de taquilla la convertiría en aquel entonces en la película independiente más rentable de todos los tiempos, provocando que los productores más avispados siguiesen un modelo de película de terror barato y que parecía fascinar al público adolescente. Nacía el fenómeno del Slasher y su “Edad dorada”.

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Estamos a finales de los 80 y el Slasher estaba a punto de convertirse en todo un fenómeno de masas. Multitud de jóvenes, quizá identificados ante los temores que los adolescentes vivían en la gran pantalla, se atemorizaban ante las vivencias de un grupo de personas perseguidas por un maníaco homicida enmascarado. Lo convulso de la sociedad norteamericana de la década de los 70, quien sufría la crisis social de la guerra del Vietnam o los altos índices de criminalidad en una época de alegoría de libertades y cambios, hacía que el terror se sumergiese por unos derroteros viscerales que muchos jóvenes cineastas planeaban imprimir en sus films, quizá como retrato y/o denuncia a un clima colectivo tan liberal como convulso. carpenterEn lo que respecta al Slasher La Noche de Halloween de Carpenter sumió en un estándar sus influencias previas y trajo consigo importantes derivaciones en lo que se refiere al cine fantástico en general: su director, que venía de hacer un sci-fi tan modesto que es asimilado hoy como un proyecto universitario como Dark Star (1974), así como un durísimo retrato de violencia urbana como Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), se postuló inmediatamente como uno de los nombres más a tener en cuenta en esa nueva generación del horror; además, Jamie Lee Curtis, con cierta popularidad en aquel entonces por ser la hija de la icónica Janet Leigh, se convirtió al momento en una de las primeras jóvenes intérpretes en ser catalogadas como una imponente Scream Queen (como si cogiese el testigo de su madre, que bien demostró sus capacidades vocales con los gritos que profirió en Psicosis [1960]) y quedando algo encasillada en la figura de actriz ligada al Slasher, de lo que conseguiría salir años después sin que su carrera sufriese por ello. En lo respectivo al subgénero, La Noche de Halloween fue tan elemental que pegó el pistoletazo de salida para que, como ya hemos comentado, multitud de pequeñas compañías de cine modesto iniciasen la solidificación de un modelo de film de género barato y que parecía tener asegurado el respaldo de la taquilla; tan solo se necesitaban un puñado de adolescentes jóvenes estereotipados y un villano enmascarado oficiando de asesino; además, aunque el film de Carpenter no necesitase requerir de ello,  quedarían como tótem las inevitables escenas truculentas donde el alto contenido de sangre mostrase de manera directa una peculiar manera de ver el horror.

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Quizá la primera respuesta importante a La Noche de Halloween sea otro de los slashers de cabecera como es Viernes 13 (1980), cuya simbología quedaría aún más perenne en los iconos representativos del subgénero. Pero en esos dos años escasos que separan ambas películas, podrían citarse una serie de films que bien intentaban de manera ingenua repetir el modelo impuesto por Carpenter o, simplemente, respondían a las influencias previas que ya hemos comentado en el anterior artículo pero no conseguirían dar en el clavo como La Noche de Halloween sí hizo. A este respecto mencionaremos un telefilm estrenado en ese mismo año 1978 que, también inspirado también por las Navidades Negras de Bob Clark, se centraba en una adolescente que sufría las llamadas acosadoras de un maníaco: ¿Estás sola en casa?, dirigida por el televisivo Walter Grauman y protagonizada por la joven Kathleen Beller. are you in the house aloneDe ese mismo año tenemos El asesino de la caja de herramientas, en el que un esquizoide ejecuta a un grupo de personas de manera rebuscada y estrambótica, y que es hoy considerada todo un tótem del Slasher aunque, analizando el film, se vea mucho más influenciado por el tono árido y perturbador que catalogaba al cine de terror menos ortodoxo de la época; dirigida por otro director televisivo como Dennis Donnelly, 26 años después sería revisitada de la mano de uno de los directores más representativos de ese duro cine de terror, Tobe Hooper, aunque quedase destinada al mercado de vídeo. A tenor del horror enfermizo que categorizaría a los 70, en 1979 saldría a la luz otro film que aún siendo clasificado hoy como slasher tiene muchísima más relación con clásicos como La Matanza de Texas (1974) del propio Hooper o Las Colinas Tienen Ojos  (1977) de Wes Craven, auspiciado esto por el encuadre rural de su desarrollo: Trampa para Turistas, que comparte con La Noche de Halloween su premisa de grupo de adolescentes ante un villano enmascarado, es dirigida por el joven David Schmoeller (futuro gurú del imperio fílmico formado en esos años por Charles Band) yendo mucho más allá de la mera copia del modelo, derivando incluso hasta unas influencias europeístas y en cierto modo transgresoras, ambientación surrealista mediante.

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De ese mismo 1979, nos encontramos con otra película trascendental, quizá algo olvidada a la hora de hacer ránkings del terror de la época pero que partía de una leyenda urbana bajo la que se (confesamente o no) se habían basado tanto Navidades Negras como La Noche de Halloween (sin olvidar la seminal Acosadas por el pánico [1971], que ya hicimos referencia en la primera parte de este Dossier), la de la joven indefensa que recibe llamadas intimidatorias procedentes de una  amenaza (masculina) exterior: Llama un extraño, de Fred Dalton, con una primera parte claramente identifiwhen a stranger callscable donde se conjuga esa maravillosa premisa de la indefensión ante una mal ubicado en en el exterior (bajo el que se construiría, muchos años después, el prólogo de Scream. Vigila quien llama [1996]), con un ejemplar entendimiento de una angustia apresada en interiores, con muchas conexiones con el cine policíaco de entonces y un tramo final donde la joven Carol Kane enerva la figura de la final girl. Del mismo año es una de las primeras muestras de un cineasta trascendental para el indie americano como Abel Ferrara, que en El asesino del taladro muestra una de esas primeras piezas amparadas en el clima callejero underground, aquí con una atmósfera de bajos fondos altamente enfermiza donde acontece la historia de un artista frustrado (interpretado por el propio Ferrara) que recorre las calles más mugrientas de Nueva York en busca de víctimas a las que perforar con su taladro. La obra destaca, más que por algún tipo de relevancia dentro del Slasher (con la que únicamente compartirá una premisa similar), en la perspectiva de sufrir los acontecimientos desde la óptica del villano dentro de un clima opresor y de asfixia urbana que un año después repetiría William Lustig en la icónica Maniac (1980), erróneamente entendida como pieza angular del subgénero que nos ocupa. Quizá la alta carga de gore en ambas películas, ofreciendo un tono de la violencia tosco, desmedido y de raíces “grand guignolescas” (que incluso llevaría a la película de Ferrara a la famosa lista de las “Video Nasties“) hizo que rápidamente se encuadraran en el subgénero en boga en aquel momento, aunque lo correcto sería definirlas como medidos retratos de un interior completamente esquizoide y enfermo.

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La década de los 80 comienza con uno de los slasher con más peso simbólico que se recuerden, al menos en su época dorada: Viernes 13, proveniente de todo un gurú del cine oscuro y underground de los 70 como Sean S. Cunningham, alcanzaría tal éxito en la taquilla que su fama sólo era alcanzada en aquellos momentos por La Noche de Halloween. El film contaba la historia de un grupo de adolescentes que van a pasar unos días de vacaciones en Crystal Lake, un lago recordado por una triste y oscura historia de años atrás: un niño llamado Jason Voorhees moriría ahogado tras el descuido de varios de los monitores del campamento allí situado, mucho más ocupados en pasarlo bien gracias al alcohol y al sexo. Básicamente lo que hacía esta película era llevar los entonces ya asentadas naturalidades del Slasher (grupo de jóvenviernes13es, asesino misterioso, terreno aislado, etc.) a una localización rural, añadiéndole unas dosis de violencia que quedarían para siempre como anexadas al subgénero y suministradas de tal forma que asentarían, quizá en una manera básica pero muy eficiente respecto al público, el generar un horror de fácil digestión en un campo de acción tan familiar para el adolescente norteamericano medio como un campamento de verano. Basándose en algunos de sus planteamientos escénicos en la Bahía de Sangre de Mario Bava (en la segunda entrega dirigida un año después por Steve Miner directamente se plagiaría uno de los asesinatos más célebres de la película italiana), Viernes 13 fue tan sumamente importante que daría de sí a una de las sagas slasher más exitosas de la década, dejando en la cultura popular un villano híper icónico (que en esta primera parte no aparecería como tal, sino que el rol malvado es ejecutado por otra villana inmortal como la madre del pequeño Jason) y determinando unas formulas de creación que hacían del Slasher una corriente fácil de economizar y mucho más asequible de distribuir que cualquier otro subgénero de terror. A pesar de que la crítica no se postulase a favor del camino que parecía ejecutarse en Viernes 13, con claros índoles mercantiles, la taquilla respondió de tal manera que sería otra de esas películas de bajo presupuesto (aunque en este caso, bien respaldada por una major como la Paramount) que obtendrían una escandalosa rentabilidad.

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Con el inicio de los 80 categóricamente se entiende el comienzo del Slasher tal y cómo lo conocemos hoy. Ese 1980, abrumado hoy en el recuerdo con el abrupto éxito de Viernes 13, también tuvo el estreno de otros slashers más minoritarios como No respondas al teléfono, la única película de un tal Robert Hammer que cogía referencia directa de la ya citada película de Fred Dalton; aquí las llamadas telefónicas vuelven a ser el principal síntoma de la amenaza, cuando un veterano de Vietnam (los efluvios sociales del conflicto, tan presentes en el horror de los 70, son aquí retomados) llame insistentemente a una radio local para relatar sus crímenes y obsesiones. A modo más anecdótico conviene mencionar también de ese año el Vestida para matar de Brian De Palma, erróneamente atribuida en algunos círculos al Slasher, cuando únicamente comparte con el género una herencia bastante clara del thriller psicológico de Alfred Hitchcock; además, como gran admirador de los gialli italianos como era De Palma, cabe decir que los puntos escénicos en los que la película pudiera emparentarse con el Slasher (asesino anónimo, fetichismo con su vestimenta, etc.) están mucho más ligados a las extravagancias y estilismos del thriller italiano. No todos los slashers triunfaban en aquel 1980: Navidades Infernales, partiendo de esa ubicación en festividad tan propia del subgénero, fue una película que ambientándose en unas fiestas tan poco propensas a la maldad como la Navidad no lograría tener el apoyo del público, a pesar de que la primera de las partes de la futura saga Noche de paz, noche de muerte, partiese de una premisa bastante similar; para John Waters, eso sí, esta película dirigida por un desconocido Lewis Jackson sería “la mejor película navideña de todos los tiempos“.feliznochebuena En aquel año se estrenaría paradójicamente otra película también ambientada en esas fechas tan señaladas: Feliz nochebuena, dirigida por el actor de culto David Hess, era un slasher de bajísimo presupuesto en el que un grupo de chicas escondían a sus novios en su colegio de señoritas para pasar una noche de diversión; lo que no sabrán es que un asesino anda suelto… El film de Hess (icono del cine de explotación gracias en gran parte a su papel de villano en La última casa a la izquierda [1972]) fue una pieza desconocidísima, pero la prueba irrefutable de que las modestas compañías de cine de terror habían visto en el Slasher el modelo para contribuir a la escena con cintas de escasísimo presupuesto que fácilmente podrían tener una rápida amortización en taquilla. Otra celebración, como la del fin de año, tiene lugar en Fin de año maldito, proveniente de la cámara de un Emmet Allston venido de la comedia y que aquí cuenta como un asesino, previo aviso, atemorizará a todo un edificio repleto de jóvenes celebrando la entrada del año nuevo. Aunque estemos en los primerizos años del subgénero, este ya gozaría algún tipo de mutación con la peculiar y singular Gira Sangrienta, dirigida por Don Edmonds (al que se le deben las dos primeras partes de la erótica y sangrienta saga de Ilgirasangrientasa, esa loba dominatrix de las SS…) en la trama de un grupo de rock cuyos miembros se convierten en los principales sospechosos de unos asesinatos cometidos por alguien que parece vestirse igual que ellos…  Aunque se le noten ciertas maneras que podrían emparentarla directamente con el subgénero, el Fundido a Negro dirigida por Vernon Zimmerman en aquel mismo año, es hoy una película de semi-culto que se recuerda más por la reflexión sobre la violencia en el cine y su impacto en los jóvenes (un joven cinéfilo sufriría en su infancia todo tipo de burlas y para su posterior venganza tomará como modelo sus películas favoritas…) que por su encuadre en el terror; Sabe que está sola, dirigida por Armand Mastroianni, no disimulaba su concepción totalmente hecha a rebufo de La Noche de Halloween calcando emplazamientos escénicos, así como situaciones y efectos de impacto, lo que la convierte en un slasher demasiado cristalino y dirigido para el gran público (estaba amparada por un gran estudio como la Metro Goldwyn Mayer) en una trama en la que un asesino en serie aterroriza a Staten Island, con un joven Tom Hanks en su reparto. En aquel año una producción canadiense como El Tren del Terror, de Roger Spottiswoode con Ben Johnson y una cada vez más popular Jamie Lee Curtis, pasaría a ser uno de los títulos más recordados de aquella temporada; un grupo de jóvenes se disponen a celebrar el fin de año en un tren, con el recurso estilístico de la fiesta de disfraces para añadir un clima de cierta confusión en un slasher de manual.

the burning

1981 sería sin lugar a dudas el año en el que la producción del Slasher estuvo en su más alta efervescencia, llegando justo el momento en el que se podría ya tildar esa época como la “Edad dorada” del subgénero. En este periodo encontramos clásicos instantáneos hechos completamente a rebufo de Viernes 13 como The Burning (también conocida como La Quema o incluso El Quemado), dirigida por Tony Maylam y en el que como en la película de Cunningham tenemos una ambientación en un campamento; en esta ocasión una trastada infantil ocasionará una muerte accidental que años después será vengada, aquí en una de las primeras producciones de Bob y Harvey Weinstein, con la aparición de una futura estrella como Holly Hunter y contando con un elemento tan importante como los efectos especiales de Tom Savini, quien rechazó en participar en Viernes 13 Parte 2 a favor de esta producción. Savini aportaría también su arte en otro clásico de ese año como El asesino de Rosemary, panicoantesdelamanecerdel todo terreno Joseph Zito (dirigiría para el subgénero años después la cuarta parte de Viernes 13), aquí con los efluvios belicistas de un villano vestido de militar en una historia  donde Zito se alía con Savini para ofrecer una muertes espectaculares.  Pánico antes del amanecer, del peculiar Jeff Lieberman, que aporta una curiosa mezcla entre los patrones que el Slasher estaba en esos momentos estableciendo con raíces claras con el survival horror de los 70 urdido con clásicos como Deliverance (1972) de John Boorman. Mencionable, aunque viva hoy en cierto olvido, es Los ojos de un extraño, dirigida por un Ken Wiederhorn que ya gozaba de un compromiso previo con el cine de género (dirigió años antes la peculiar Ondas de choque con Peter Cushing), en la historia de una periodista de televisión que investiga una serie de crímenes hasta que se da cuenta  de que el homicida parece estar más cerca de ella de lo que parece. No podía faltar en aquel año la participación de Jamie Lee Curtis con su recién apelativo de la “Reina del grito”; en 1981 rodaba Roadgames, en el que a modo de road movie un asesino en serie se cobraba sus víctimas por las carreteras secundarias australianas, bajo la dirección de Richard Franklin (Patrick [1978], Psicosis II [1983]…) y con el protagonismo de Stacy Keach

roadgames

Por supuesto, los institutos y universidades serían localizaciones idóneas donde llevar a cabo la matanza de adolescentes, como bien ocurre en El día de la graduación, film de un Herb Freed quien ya había coqueteado con el slasher en su desconocidísma Haunts (1977); bajo los mismos derroteros se desarrolla Escuela Nocturna, del británico Ken Hughes y con upsicosis2na joven Rachel Ward en su primer papel para el cine, con una escena de ducha que para algún distribuidor avispado sería suficiente para ser vendida como Psicosis II, cuando en realidad Hughes se dejaba influir de manera más clara por el giallo italiano que por el clásico de Hitchcock. Otros campus universitarios mortíferos serían los de Examen Final, dirigida por Jimmy Huston. Diatriba clásica del Slasher sería la de las celebraciones folclóricas, como el Día de Acción de Gracias bajo el que se ambienta Hogar dulce hogar, con un huido enfermo mental que tratará de aguar la fiesta de una funcional familia norteamericana. Similar premisa es la de Pesadillas de una mente enferma (o también llamada Pesadilla mortal), que como luego veremos no será el único slasher presente en la lista de las “Video Nasties“, con otro psicópata salido de un hospital mental  nightmare(en esta ocasión, bajo el beneplácito de los facultativos médicos al creerle ya curado) bajo la dirección del italiano Romano Scavolini con un espectacular mix de sexo y violencia, y con unos truculentos efectos gore de Ed French. Los responsables del film casi se ganan una demanda de Tom Savini por asegurar que era él quien los había realizado, cuando en realidad solo actuaría de asesor del trabajo de French; aunque estrenada con cortes, la película se ganaría la calificación “X” para su distribución en cines. Otra curiosa “Video Nasty“, y relativa también a cierto clima pesadillesco, es El asesino de la isla (más conocida por su original The Slayer), film del posterior especialista en direct to video J. S. Cardone con dos parejas de vacaciones que sufrirán el acoso de un asesino en serie que parece actuar a través de sus traumáticos sueños… Como habrá adivinado el lector, se ha tildado a la película de ser un film completamente germinal e influyente para el posterior y  quizá más mediático slasher de la década, Pesadilla en Elm Street (1984) de Wes Craven.

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Curiosa es la mezcla entre el Slasher y la recurrente premisa de las mansiones encantadas o malditas como en la Noche Infernal dirigida por Tom DeSimone, film anclado en la vertiente más exploit del subgénero quizá debido a la experiencia de su director en el cine undeground (especialmente el carcelario, como La jungla del cemento [1982] y Motín en el reformatorio de mujeres [1986]) y los derroteros hacia la Serie B más canalla que su estrella, Linda Blair, venía protagonizando esos años después de iniciarse en el mundillo como una auténtica estrella del terror gracias a su legendario papel en El Exorcista (1973). La mansión ensangrentada (título abrupto con el que se tradujo su más sugerente original The Dorm That Dripped Blood), dirigida por la dupla de realizadores Jeffrey Obrow y Stephen Carpenter, con un grupo de jóvenes que serán perseguidos en un antiguo inmueble a punto de ser demolido, también encajaría en esa faceta del Slasher de aportar importancia a la cacería en una única localización con oscura historia detrás.

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Si líneas atrás hacíamos mención a una rama del Slasher mucho más marginal y oscura, que incluso nos puede hacer hablar de una rama del terror más secundaria y más ligada a la explotación (como también hemos dicho, el Slasher era el tipo de producto que muchos distribuidores y productores independientes veían como más amortizable y seguro), bajo estas diatribas encontramos en este 1981 como la “Video NastyMadhouse (quizá más conocida, incluso, por su título alternativo There Was a Little Girl), co-producción italo-americana dirigida por un cineasta todoterreno (prototipo de distribuidor productor y director de cine de género underground) como el egipcio Ovidio G. Assonitis, que en el Reino Unido no sería vista sin cesura hasta el año 2004 por sus altas dosis de violencia. don´t go in the woodsNo vayas al bosque… sola, que como ocurría con Pánico antes del amanecer también ofrece una curiosa mezcla entre Slasher y survival, y fue otra “Video Nasty” tan incomprensible como inconscientemente paródica dirigida por James Bryan (otro infatigable director de género con títulos como Lady Street Fighter [1981] o Hell Riders [1984]) que finalmente no sería procesada por el Gobierno británico, aunque no sería vista íntegramente hasta 2007. Quien se libró por los pelos de entrar en la famosa lista del órgano censor británico fue Madman, el loco, aquí apoyándose en la ambientación de un campamento de verano como la única película de su director Joe Giannone pero que cada vez goza de más culto.  Dentro de las aportaciones al cine más minoritario del circuito comercial también se pueden citar las contribuciones que la cinematografía europea pudo haber hecho al subgénero, no concebidas puramente como slashers, pero si dejándose influenciar por la corriente del momento: a este respecto se pueden citar Terror sin límite (más conocida por su título internacional Absurd), en la que Joe D´Amato ofreció una secuela pirata de su popular Gomia, terror en el Mar Egeo (1980) con su inseparable George Eastman haciendo de loco homicida; Jess Franco dirigía en aquel 1981 Colegiadas Violadas, una de happy birthday to mesus más populares aportaciones a la lista de las “Video Nasties“, donde su alusión al Slasher es mucho más clara: un grupo de jóvenes se van de vacaciones a España en un centro con oscuro pasado y donde un asesino pasado de vueltas comienza a aniquilarlas una a una… el film no podría ser visto íntegro en el Reino Unido hasta 2008. También la producción canadiense seguía dando sus frutos con clásicos del subgénero como San Valentín Sangriento, dirigida por George Mihalka quien vio sus violentas escenas clave masacradas por la censura; también proveniente del país está Cumpleaños Mortal, en esta ocasión como un clásico subterráneo y peculiar venido del todoterreno realizador J. Lee Thompson, que por su coincidencia en nombre y año de producción es fácil que se confunda con Cumpleaños Sangriento, esta ya con origen yankie y donde la figura del niño es utilizada como elemento malvado, algo no muy habitual en la corriente, bajo la dirección de Ed Hunt.

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La oscura noche del espantapájaros, con un circuito mucho más recordado en televisión que por las pantallas de cine, es otro de los slasher con más culto de aquel 1981; una historia de bullying con un joven inadaptado bajo la realización del televisivo Frank De Fellitta y con las presencias  de Charles Durning y Larry Drake. Otro director venido de la pequeña pantalla es William Asher, quien relata en Amenaza en la noche como un niño huérfano presencia como un homicidio cometido por su tía siendo algo que le dejará marcado para siempre Aunque no sea propiamente un slasher, sino un thriller de corte clásico con ciertas reminiscencias al mismo, y con las interpretaciones de dos pesos pesados del viejo Hollywood como Lauren Bacall o James Garner, El admirador se basa en una novela de Bob Randall para relatar la historia de un enfermizo fanático de una reputada actriz cuya obsesión hará que aniquile a todos y cada uno de los allegados de la estrella. Para terminar el repaso a ese año, cabe mencionar, por supuesto, que los éxitos de La Noche de Halloween y Viernes 13 halloween 2(acompañados con la explosión comercial del subgénero que expandieron entre el gran público) originaría las inevitables primeras secuelas de las iniciadas sagas: Halloween II (conocida en España como ¡Sanguinario!) tenía la particularidad de continuar el relato de Carpenter justo en el mismo momento cronológico en el que acababa la primera entrega, ahora con dirección de un Rick Rosenthal que vio como los productores suplicaron a Carpenter rodar escenas extra; Viernes 13. Parte 2 comenzaba a explotar el icono por el que sería conocida la saga iniciada por Sean S. Cunningham, el villano Jason Voorhees, aquí repitiendo ambientación en campamento y con el homicida ataviado con un saco en su cabeza que recordaba muy sospechosamente al antagonista principal de un slasher germinal como Terror al anochecer (1976). 

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Aunque mucho menos productivo que el anterior año, 1982 también cuenta en su producción con películas gratamente recordadas como la paródica  The Slumber Party Massacre , una reversión cómica del Slasher con ciertas ínfulas feministas provenientes de la directora Amy Holden Jones, que ambienta en una fiesta de chicas las andanzas de un psicópata con ansias de matar. Solos en la oscuridad, donde el especialista Jack Sholder eleva el subgénero de unos niveles atmosféricos y claustrofóbicos excelsos, es otra de esas películas de culto con un espectacular reparto (Jack Palance, Martin Landau, Donald Pleasence, Dwight Schultz…) donde un grupo de psicópatas escaparán de un sanatorio aprovechándose de un apagón de luz general. Anteponiéndose un par de años a una de las sagas icónicas delsolos en la oscuridad  Slasher que veremos posteriormente, Deadly Games fue una película bastante olvidada de aquel año donde un asesino se vestirá de Santa Claus atemorizando a toda una ciudad; dirige Scott Mansfield y cuenta en su reparto con dos actores de culto para el género como Steve Railsback o Colleen Camp. Bajo el contexto del rodaje de una película en una extraña isla se presentó en aquel 1982 Sentenciados (quizá más conocida por sus otros títulos como Island of Blood o Whodunit?), en el que el equipo de rodaje será paulatinamente asesinado inspirándose parcialmente en la obra de Agatha Christie, bajo la dirección del desconocido William T. Naud. La lista de las “Video Nasties” también se engrandecería con algún Slasher ese año: Angustia en el hospital central, de Jean Claude-Lord, film canadiense cuya excesiva violencia le haría ganarse en el Reino Unido la calificación “X”, relata el acoso de un loco interpretado por Michael Ironside a una periodista que trabaja en televisión. Para la siguiente película prohibida en Reino Unido (aunque paradójicamente no entraría en la lista oficial de los vídeos perseguidos) nos trasladamos a Italia, país de producción de El destripador de Nueva York de Lucio Fulci, aunque se sirviese de localizaciones propias de la ciudad que nunca duerme para contar su historia de un misógino asesino que causa estragos en aquel Nueva York sucio y mugriento de los 80; navegando entre esa fina barrera que en aquel momento separaba al decadente Giallo con el incipiente Slasher, siendo una de las películas más excesivas de Fulci el film tendría hasta la actualidad excesivos problemas para verse sin censura en territorio británico. Italiana también es la aportación que haría Alberto de Martino (El anticristo [1974], El hombre puma [1980]) con Lazo Mortal, una co-producción entre Italia, Estados Unidos y Alemania con el protagonismo de Michael Moriarty donde un americano viaja a Europa y se da cuenta que pieces2un asesino en serie con su misma apariencia está cometiendo una ola de crímenes. Para concluir con ese 1982, un slasher de origen español de un cada vez más creciente culto en Estados Unidos: Mil gritos tiene la noche (o Pieces, como la conocen en los States), del todoterreno Juan Piquer Simón, con un espectacular slogan en su campaña de promoción que vaticinaba la oleada de salvajes y cruentos crímenes que se ven en pantalla: “¡No hace faltar irse a Texas para una matanza de sierra mecánica!“; con un internacional reparto en el que se encuentran Christopher George, Lynda Day George, Edmund Purdom, Emilio Linder o el incesante astur Frank Braña, además de foráneas asentados en España como Jack Taylor o May Heatherly, el film se centraba en una Universidad norteamericana donde sus desmedidas “murder set pieces” son recordadas entre los vestigios más salvajes del Slasher. Por cierto, que la saga de Viernes 13 continuaba en aquel 1982: Steve Miner repetía en la dirección con Viernes 13. Parte 3, que aprovechaba la efímera moda de las terceras partes rodadas en 3 dimensiones para ser rodada en ese formato; además de por esto, es principalmente recordada por ser la primera vez en la franquicia en la que Jason Voorheess vestía su ya inseparable máscara de hockey.

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1983 sería considerado también como un año importante en la llamada “Edad Dorada” del subgénero, aunque la escasez de títulos excesivamente memorables ya daba visos de que quizá el Slasher comenzaba a ser una corriente de desmesurado abuso para las productoras. En ese año se estrenan Sweet Sixteen de Jim Sotos, donde una joven se muda a un pueblo en el que cada una de las personas con las que se relaciona irán desapareciendo de manera extraña; Cortinas, producción canadiense bajo la dirección de Richard Ciupka, que como en Sentenciados teníamos un rodaje asolado de extrañas muertes, aquí con el añadido de un majestuosa mansión como localización; finalterrorTerror Final, del posterior especialista en la acción Andrew Davis, que con un reparto encabezado por Daryl Hannah y Rachel Ward relata como unos excursionistas sufrirán en un frondoso bosque las iras de un homicida despiadado; de idénticas localizaciones se sirve Mad Mutilator, film de origén francés dirigido por N. G. Mount, cinta que se deja llevar por las estridencias del trash en una historia de un retrasado mental que ataviado con una máscara de cuero aniquila a todo aquel que se cruza en su camino; sugerente título es Una noche para descuartizar, proveniente de la especialista en exploitation Doris Wishman, quien rodó a finales de los 70 (aunque alcanzase circuito comercial este año, seguramente motivado por el auge del Slasher) este delirio trash con la despampanante Samantha Fox en su reparto. A pesar de gozar de una ya disminuida aportación al subgénero, ese 1983 contaba con dos clásicos del mismo: Siete mujeres atrapadas (más reconocible es su título original, The House on Sorority Row), de Mark Rosman, que tira del tópico de la fiesta de graduación para relatar una oleada de asesinatos en un clima universitario, siendo un film bastante recordado cuando se establecen los patrones y films más remarcables del subgénero; también icónica, más por su condición de admirable émulo de Viernes 13 y su consiguiente retahíla de copias en ambientaciones similares, es Campamento Sangriento de Robert Hiltzik, regalando además uno de los pósters más icónicos del Slasher y originando una de sus más representativas sagas. Y hablando de franquicias, cabe mencionar que ese mismo año se estrenaba la fascinante Halloween III: El día de la bruja, entrega dirigida por Tommy Lee Wallace que supuso un notorio fracaso por obviar la presencia de Michael Myers y centrarse tan solo en la iconografía de la festividad a la que alude; una maravillosa pieza de género que mereció mejor suerte, pero su cisma respecto al Slasher fue algo imperdonable para muchos en aquellos tiempos.

sleepaway camp

Con 1984 llegamos prácticamente a la cumbre de la “Edad Dorada” del Slasher con una pieza altamente representativa que ya hemos mencionado: Pesadilla en Elm Street de Wes Craven, aunque los derroteros por los que derivaría el subgénero ya serán reseñados posteriormente en la continuación del Dossier.

Saludos desde el Gabinete, camaradas. 

pesadilla

 

 

 

 

3 comentarios en “Dossier Slasher: Introduciendo un género. Máscaras, cuchillos y gritos en la oscuridad… (2)

  1. Una entrada muy completa (otra vez), llevaba esperando con muchas ganas la continuación del dossier slasher.
    Un artículo, como el anterior, que merece la pena volverlo a visitar de vez en cuando. Me apunto los títulos, creo que empezaré por la de The Slumber Party Massacre que llevo queriendo verla por un buen tiempo ya y además, de forma curiosa, se llama parecido a mi grupo musical favorito The Birthday Massacre (que bien podría ser el título de otro slasher).

  2. Muchas gracias por vuestros comentarios, camaradas. Me voy a apuntar esa banda The Birthday Massacre, porque ya su nombre me parece muy idóneo para protagonizar algún interludio musical, jejeje.

    Naír, lo que comentas se verá de manera más clara en la siguiente entrega, donde entraremos de lleno en la decadencia y nuevo resurgir del subgénero.

    Muchísimas gracias de nuevo!

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