Dossier Nasty: “La casa sperduta nel parco” (Ruggero Deodato, 1980)

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Las rape and revenge movies fueron uno de los subgéneros estrella del cine de explotación de los años 70. La corriente se iniciaría con una majestuosa muestra de crueldad como La última casa a la izquierda (1972), ópera prima de de un profesor de instituto que en aquellos momentos coqueteaba con el cine norteamericano más underground , Wes Craven.  En ella se citaba una premisa que narraba la violación y vejación cometido por un grupo de delincuentes, quizá símbolo del lado más oscuro de la loca sociedad norteamericana de entonces, a dos chicas de clase media-alta que se disponen a ir a un concierto de rock. La suerte y el destino hará que los maníacos acaben buscando alojamiento en la casa de los padres de una de las jóvenes, lo que ocasionará una venganza de gigantescas proporciones. Ante el enorme éxito del film de Craven, aún siendo caldo de cultivo de los circuitos más marginales de la distribución, muchas serían las modestas películas que repetirían esa premisa de violaciones castigadas con actos de violencia aún más cruentos; La casa sperduta nel parco (evitaremos citar el título al español, todo una revelación de su giro final en sí mismo), proveniente de un director que en aquel 1980 causaba tanta fascinación como indignación con Holocausto Caníbal, sería una de las varias respuestas italianas a uno de los subgéneros más viscerales del cine de explotación. Sigue leyendo

Especial Caníbal: “Holocausto Caníbal 2. The Green Inferno” (Antonio Climati, 1988)

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El final de la década de los 80 supuso un decadente y triste final para la cinematografía de géneros populares italiana, incluida la explotación de temática caníbal. Iniciada al principio de la década con el éxito abrumador de la polémica Holocausto Caníbal, con el subgénero ya casi extinto se presentaron dos películas que pretendían aprovecharse directamente del film de Ruggero Deodato haciéndose pasar por secuelas directas, pero que en realidad no tenían ningún enlace de continuación argumental: la primera sería Holocausto Canibal 2: La historia de Catherine Miles, que en breve tendrá reseña en este especial;  justo tres años después llegaría la película que hoy nos ocupa, que prácticamente daría un amargo carpetazo final al subgénero caníbal. Sigue leyendo

Especial Caníbal: “The Green Inferno” (Eli Roth, 2013)

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En su incesante espíritu reivindicador de cinematografías del horror pasadas, Eli Roth pretende con este The Green Inferno rendir culto al clásico  Holocausto Caníbal (1980) de Ruggero Deodato, que a su vez sería en su tiempo el polémico film estrella del subgénero de indígenas antropófagos. En realidad, y dentro de ese ímpetu del cineasta que siempre antepone su cualidad de cinéfago a la de director, Roth invoca todo un homenaje y revisión al canibalismo italiano no sólo recordado por el film de Deodato, sino también impulsado por cineastas como el Umberto Lenzi de ¡Comidos Vivos! (1980) y Caníbal Feroz (1981), el Sergio Martino de La montaña del Dios caníbal (1978) o el Joe D´Amato de Emanuelle y los últimos caníbales (1977), entre otros. Como films de explotación se aprovechaban de frondosas localizaciones selváticas para mostrar de manera exacerbada los instintos carnívoros y primarios de grupos de indígenas, dentro de un horror de enorme calado gore que en algunos casos, como el propio Holocausto Caníbal, gozaban de un realismo natural aterrador y más concretamente en el film de Deodato con una mirada al horror directa gracias a sus formas narrativas que de paso inaugurarían en popularidad el llamado found footage. Influenciado y apadrinado por el subgénero mondo (con gran relevancia en los años 60 y que el film Este perro mundo a.k.a. Mondo Cane [1962]) popularizaría, ofrecía una interacción con la imagen auspiciada por su intrínseco carácter documental), y tan odiado como amado a partes iguales, el cine de caníbales  se recuerda bajo la alta exposición de su violencia que aunque le sea achacable cierta gratuidad en su incidencia, se alimentaba de una lectura sobre el despertar del lado más salvaje del ser humano, quien recibiría una especie de justicia poética cuando los caníbales hiciesen despertar sus instintos más bajos. 

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Dossier Nasty: “Caníbal Feroz” (Umberto Lenzi, 1981)

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Umberto Lenzi, cineasta todotorreno que se adaptaría a la perfección en la industria de géneros europea de los años 60 y 70, comprendió una artesana carrera en todo tipo de vertientes. Desde el western al giallo, pasando por el poliziesco y llegando al terror, en 1981 labraría un díptico dentro del cine de explotación que centraría su temática en un elemento de candente actualidad por aquel entonces, la antropofagia; esta se popularizaría como causa del enorme y polémico éxito de Ruggero Deodato con Holocausto Caníbal (1980), el metraje encontrado más escandalizador de la historia del cine que hizo creer a multitud de espectadores que las tropelías que una tribu de caníbales del Amazonas hacían sobre un grupo de reporteros era real. Lenzi dirige en 1980 ¡Comidos Vivos! y un año después esta Caníbal Feroz, en un claro intento de seguir el rebufo del enorme éxito comercial del film de Deodato aunque es cierto que el gran Umberto ya había tocado el género mucho antes con El país del sexo salvaje, de 1972. Si bien esta última está considerada como una de las más primerizas muestras del “canibalismo italiano”, sería Deodato con Mundo caníbal, mundo salvaje (1977) y sobretodo Holocausto Caníbal el que daría su pistoletazo de salida a nivel comercial. De hecho, existe una trifulca entre Lenzi y Deodato que nace a partir del momento en el que el director de Holocausto Caníbal critica duramente a Caníbal Feroz tildándola como un pobre exploit de su película. Además, en el Comidos Vivos de Lenzi se utilizan varios planos de la exótica actriz Me Me Lai extraídos de Mundo caníbal, mundo salvaje de Deodato (la intérprete aparece en ambas películas) algo que a este no le agradaría nada.

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“El Último Exorcismo” (Daniel Stamm, 2010)

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El Último Exorcismo nace como uno de los episodios más importantes del nuevo falso documental, recluida aquí en la variante del found footage, posiblemente la distinción más aprovechable y explotable de ese subgénero auspiciado en la cámara mano con su juego implícito con el espectador en el que a través de ciertas aproximaciones al metalenguaje intenta hacer pasar por verídico lo expuesto en pantalla. El film de Daniel Stamm se aleja de las propuestas más mediáticas del subgénero, como el Holocausto Caníbal (1980) de Ruggero Deodato o El Proyecto de la Bruja de Blair (1999) de Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, heredando de ellas sólo la auto-asimilación de las formas y procesos de su impronta como mero recurso de estilo (no intenta ir más allá de elevar la etiqueta de terror a ningún otro tipo de intención lejana del lenguaje cinematográfico), predominando así sus puntos a favor en un marco formal tan limpio y enérgico como la cámara en mano. Sigue leyendo

“El Heredero del Diablo” (Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett, 2014)

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Nos encontramos ante una muestra más del ya consumido subgénero del found footage, sumamente popular en su día gracias a interesantes productos como Holocausto Caníbal (1980) o El Proyecto de la Bruja de Blair (1999), éxito acompañado en aquellos casos de una desmesurada campaña mediática originada por la supuesta veracidad de las imágenes. Lo que distancia a estos mencionados films de la mayor parte de la nueva generación que ahora parece vivir el “metraje encontrado” es que si bien el subgénero era utilizado en aquellas  como una mera herramienta de construcción de la manera de impactar con la imagen, los nuevos usos con los que una generación de jóvenes cineastas reviven el subgénero se limitan en muchas ocasiones en ser un mero (e injustificado) recurso estilístico en la narración, desaprovechando su utilización y obviando muchas de sus ventajas. El Heredero del Diablo se antoja totalmente idónea para entender esto, ya que aunque el film recorre los principales recursos estéticos del found footage como pudieran ser la vista en primera persona o la cámara zarandeada, se prescinden de unas serie de características clave para que el subgénero ofrezca utilidad en la trama: la suciedad en la imagen, el cariz underground o la atmósfera híper-realista, herramientas todas ellas que conceden funcionalidad al metraje encontrado, y que eran requeridas en Holocausto Caníbal o propuestas más actuales como las sagas  [•REC] o Paranormal Activity viéndose aprovechadas de estas formas narrativas tan peculiares y dejando aún lado lo precarios o manidos que pudieran ser sus argumentos.

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En este caso, El Heredero del Diablo se centra en las aventuras de una joven pareja que después de su luna de miel emprenden un viaje de novios a Santo Domingo, donde serán fruto de las artimañas de un oriundo personaje para que posteriormente la mujer experimente un embarazo no esperado y unas situaciones anexas realmente perturbadoras. El principal problema de la película es que pretende ser tan leal al subgénero que acaba sumergiéndose en un recorrido previsible, cansino y aburrido por todos y cada uno de sus parámetros, no obteniendo ningún resultado favorable de ellos y cayendo además en una narración lenta, carente de atmósfera y súbitamente vacía. Como película de horror su inmersión en el género llega por ramalazos, ofreciendo una re-escritura bastante pobre de algunos de las situaciones más recurridas del cine satanista pero sin afrontar esos momentos con soltura o personalidad. Tan solo algunos enclaves de la trama llegan realmente a generar cierto interés o rendimiento hacia el producto global, como los planos de la habitual cámara nocturna (la presencia de la mujer en soledad aquí genera cierta inquietud), la secuencia de la comunión (con una conclusión previsible pero con cierta turbación) o el descubrimiento por parte del protagonista del germen de la maldición (que ya se había expuesto con anterioridad al espectador), instantes donde la película parece instaurar cierto oficio aunque lejos de la tónica general exhibida.

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El film está dirigido sin pulso y con aires muy complacientes hacia los recurridos tópicos del moderno found footage por Matt Bettineli-Olpin  y Tyler Gillett, tal y como hicieron en su episodio de V/H/S (2012), uno de los proyectos clave para entender el resurgimiento del subgénero aunque se vea muy claramente superado por su secuela y el capítulo de los directores de El Heredero del Diablo fuese uno de los más flojos de la propuesta. El trabajo interpretativo recae lógicamente en la pareja protagonista, formada por un Zach Gilford (Anarchy: La Noche de las Bestias [2014]) cumplidor y la televisiva Allison Miller, a la que el papel le ofrece un peso que no parece aguantar. La película que aquí nos ocupa sólo es apta para permisivos incondicionales, aunque en su desarrollo se encuentren algunos apuntes que desgraciadamente se acaban sumergiendo en un film que no acaba de despertar interés.

Saludos desde el Gabinete, camaradas.

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Coming Soon: “The Green Inferno” (2013, Eli Roth)

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Uno de los proyectos más esperados para el que esto escribe es “The Green Inferno”, del siempre insigne realizador Eli Roth. Popular gracias a su “Cabin Fever”, conglomerado de influencias del terror rural de los 70 con la que se presentó allá por el año 2003, y su saga “Hostel”, inaugurando la vertiente más comercial del llamado torture porn, Roth se ha convertido en uno de esos enfants terribles del nuevo cine de terror norteamericano (ya hacíamos referencia a él en esta faceta en el artículo de  su amigo Ti West). Sus películas, generadoras de placer y odio a partes iguales, dejan entrever los compromisos hacia el género en sus vertientes más extremas, heredando las maneras enloquecidas de pasados directores de culto, coqueteando hasta con cierta mordacidad en sus tratados argumentales. Un compromiso hacia el horror como género que parece alcanzar con “The Green Inferno” un nuevo capítulo. Aquí Roth pretende, o al menos, eso ha declarado, un ampuloso homenaje al subgénero caníbal del trash italiano, que tiene como película tótem su adorada “Holocausto Canibal” de Ruggero Deodato. Tal es la adoración que el director de “Cabin Fever” siente por Deodato y su película que hasta incluso  reservó al realizador un cameo bastante cachondo en “Hostel 2”, donde aparece jalándose los restos de una de las víctimas de la película. Hace escasas semanas salía la noticia de que su estreno en Estados Unidos en salas comerciales quedaba momentáneamente cancelado, estando previsto en un inicio para el próximo 5 de Septiembre. Muchos, quisieron ver en esto una prohibición ante una exorbitada cantidad de gore en la película. Otros tantos, vemos una posible maniobra comercial para aumentar el hype entre los amantes del género. Recordemos que siempre se cierne una aureola de extremismo y ultra-violencia en las películas de Eli Roth, desde los supuestos espectadores indignados ante la carne desgarrada a borbotones en “Cabin Fever” hasta los pasillos de multicines llenos de vomitadas en los preestrenos de “Hostel”. Cierto es que “The Green Inferno” fue proyectada en la pasada edición del festival de Sitges, y a pesar de la disparidad de opiniones, el gore exacerbado con el que se relacionó a la película desde un primer momento parece que no lo es tanto. Aún así, aquí teneis uno de los tráilers de “The Green Inferno”, a la espera de saber si realmente llega a las salas comerciales o va directa al “video on demand” y al mercado doméstico del Blu-Ray/DVD.

La historia parece que tratará de un grupo de jóvenes activistas neoyorquinos que viajan a la selva para impedir una tala masiva de árboles en una región ocupada por una tribu indígena.  Todo se tornará en tragedia cuando dicha tribu demuestre sus costumbres antropófagas. A los jóvenes les darán matarile y del bueno, dejando para el aficionado buenas sesiones de miembros cercenados, jóvenes desbordando los límites del estado de shock y sangre a borbotones. Al menos, eso es lo que espera el que esto suscribe, al saber que ha obtenido para su primer estreno en festivales la categoría “R”: esto significa violencia perturbadora, canibalismo a tutiplén, desnudos, lenguaje inapropiado y consumo de drogas, según la MPAA. Se ha rodado en parajes naturales de Perú y Chile.

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Y a continuación se adjuntan los pósters de algunas de las películas del adorado subgénero de caníbales italianos que creo que pudieran haber influenciado a Roth para la película. Cabe señalar, una curiosidad: “Holocausto Caníbal” y su polémico legado sabido por todos y que casi acaba con Ruggero Deodato en el trullo tuvieron dos secuelas apócrifas: la primera, distribuida por la incombustible Empire de Charles Band, está dirigida por el italiano Mario Gariazzo y es conocida en España como “Holocausto Caníbal 2: La historia de Catherine Miles” (Schiave Bianche: violenzia in Amazzonia, 1985) y trata sobre una estudiante universitaria que acaba adoptada por una familia de indígenas; la segunda, y con mucho más interés y conexión con el film de Deodato, es una producción de la Medusa dirigida por Antonio Climati conocida mundialmente como “Holocausto Caníbal 2” (Natura Contro, 1988)  pero con un título original alternativo (por el que posteriormente acabaría siendo más identificada) mucho más embriagador: “The Green Inferno”. De todos modos, El Reverendo promete estudio de la vertiente caníbal del exploit italiano en cuanto se acerque el estreno, sean en el medio que sea, de la nueva película de Eli Roth:

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“Holocausto Canibal” (Cannibal Holocaust, Ruggero Deodato, 1980)

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“Holocausto Caníbal 2: La historia de Catherine Miles” (Schiave bianche: violenza in Amazzonia, Mario Gariazzo, 1985)

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“Holocausto Caníbal 2” (Natura Contro a.k.a. The Green Inferno, Antonio Climati, 1988)

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“Mundo Caníbal” (Ultimo Mondo Cannibale, Ruggero Deodato, 1977)

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“¡Comidos Vivos!” (Mangiati vivi!, Umberto Lenzi, 1980)

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“Caníbal Feroz” (Cannibal Ferox, Umberto Lenzi 1981)