Trilogía “Mark il poliziotto”

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El Gabinete inicia el abordaje a la fantástica corriente de “il cinema poliziesco italiano”, o simplemente poliziotteschi, vertiente del cinemabis europeo urdida en Italia durante la década de los 70 que, teniendo presentes modelos norteamericanos como el cine policíaco urbano al calor de producciones como Harry el Sucio (Dirty Harry, Don Siegel, 1971) o The French Connection (William Friedkin, 1971), la sub-división “vigilante” que despertó El Justiciero de la Ciudad (Death Wish, Michael Winner, 1974), sin obviar, por supuesto, la influencia del cine criminal francés de la época. Los poliziotteschi presentaban férreos representantes de la ley, que en un marcado carácter de anti-héroe respondían a su propio código moral traspasando los márgenes de la legalidad y la fina burocracia, en tramas criminales donde multitud de cineastas impregnaron el paradigma socio-político vivido en aquellos momentos en Italia donde la delincuencia alcanzó de manera colateral cifras de vértigo. Tiroteos, persecuciones de automóviles, corrupción en las altas esferas y un espíritu tosco y directo para la acción son algunas de las características temáticas y tonales de este subgénero, que hoy se presenta aquí con una trilogía que sin ser de las más populares de la corriente, sí alcanzo ciertas dosis de consideración dentro de la misma.

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La triada compuesta por Mark il poliziotto (1975), Mark il poliziotto spara per primo (1975) y Mark colpisce ancora (1976) estaba dirigida por un especialista del subgénero como Stelvio Massi, quien venía de ser un prestigioso director de fotografía de multitud de Spaghetti Western, continuación artística de su labor como camarógrafo en varios peplums en la década de los 60. Su carrera como director estuvo íntimamente ligada al poliziesco en sus inicios, para acabar en el más puro exploit en los 80 con productos como Black Cobra (1987), film que alcanzó su principal campo de acción en los márgenes del videoclub para mayor gloria de Fred Williamson; una etapa, además, donde Massi también experimentaría con el mondo de manera tardía, ligera variación de una carrera como director que le acabó especializando en la acción. Además de Massi, el guionista Dardano Sacchetti o el compositor Stelvio Cipriani, el principal punto de unión de esta trilogía es el actor Franco Gasparri, quien previamente había hecho algún que otro pequeño papel en el peplum, además de convertirse en una estrella de la fotonovela italiana debido al enorme interés que su físico despertaba entre el público femenino. Su personaje de Mark Terzi respondía a los cánones estoicos de los protagonistas de los poliziotteschi (con una especial fotogenia que permitió al actor el potenciar el espíritu “cool” de estos papeles) aupando a Gasparri a una popularidad recibida en los momentos en los que intentaba despegar una carrera como intérprete; lamentablemente, un accidente de motocicleta en junio de 1980 le dejó postrado en una silla de ruedas hasta su muerte en 1999. A pesar de su corta filmografía, en la que destaca por mayoría sus interpretaciones del férreo policía Mark a las órdenes de Massi, Franco Gasparri se ha ganado su hueco de culto dentro del cinemabis italiano gracias a este inolvidable papel.

Mark il poliziotto (Stelvio Massi, 1975)

 

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Si bien el tiempo ha colocado a Stelvio Massi como un director siempre a rebufo en cuanto a popularidad de otros coetáneos del poliziesco como Umberto Lenzi o más especialmente Fernando Di Leo, siendo sus obras en la corriente menos exploradas que la de los cineastas también citados, lo cierto es que su nombre es uno de esos que han quedado adheridos a fuego en el cine de acción italiano de los 70. Tras Caza al marsellés (Squadra Volante, 1974), Massi iniciaría su saga de Mark con esta primera película que daría como fruto dos secuelas debido al éxito en taquilla de la primera de las tres aventuras urbanas protagonizadas por Franco Gasparri. Aquí presenta al policía Mark Terzi como personaje conductor, que hereda, al igual que otras cintas del movimiento, ese carácter contestatario, rebelde y resignado del Harry Callahan interpretrado por Clint Eastwood en la saga de Harry el sucio, uno de los tótems modélicos para estas películas; lo cierto es que sería injusto obviar que Mark responde a canon de sensibilidad no tan temperamental, un aire moderno que le permite inmiscuirse con comodidad en algunos de los colectivos sociales marginales de la época, diatriba que le distancia de ese clasicismo conservador tanto de Callahan como por extensión de otros roles simbólicos para el poliziesco, en status estos de pétrea dureza, como los interpretados por rostros como los de Franco Nero o Maurizio Merli; este último íntimo amigo y actor fetiche por excelencia para Massi, creando ambos un tándem colaborativo inolvidable para el subgénero. Mark sospecha que el tráfico de drogas que asola a la ciudad de Milán está orquestado en la sombra por un reputado empresario local llamado Benzi (interpretado por el norteamericano Lee J. Cobb, quien vivió sus últimos años en un exilio profesional en Italia), y por ello iniciará las acciones necesarias junto a su inseparable compañero Questore (Giorgio Albertazzi) para poner fin al entramado criminal.

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Massi no obvia la influencia de Don Siegel tanto a la hora de confeccionar a su personaje principal (si bien Gasparri no era un torreón interpretativo, sí que compensaba sus carencias con carisma y serenidad corpórea), sino también repitiendo algunos clichés escénicos ya vistos en Harry el Sucio, como un atraco a un banco frustrado por nuestro protagonista. A través de Mark la película se inmiscuye a modo de thriller por algunos de los conductos por los que la droga circula en la ciudad, dejando como momentos de impacto la gran especialidad del director: las persecuciones de coches. Rodadas, como mandaban los cánones de la época, de una manera tosca y abrupta,  su intensidad y cercanía proponen una aproximación física a la acción en el que la espectacularidad se reforzaba con enormes dosis de realismo, y donde Gasparri se sentía especialmente cómodo a la hora de dotar de épica a su tosco personaje. Otro tropo a tener en cuenta es la exploración urbana que se hace de las calles de Milán bajo un tono decadente y una cromática repleta del barroquismo propio de la orografía urbana italiana, que en los poliziotteschi convertían a las ciudades en auténticos campos de batalla. El ritmo de esta Mark il poliziotto está lejos de los vehementes narrativos y emocionales de otros clásicos del movimiento, pero cumple perfectamente a la hora de abordar un cine policíaco sin fisuras y condescendencias.

Mark il poliziotto spara per primo (Stelvio Massi, 1975)

 

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Tras el éxito de la primera entrega, su directa continuación no se hizo esperar, repitiendo además el tándem interpretativo formado por Franco Gasparri y el antagonista Lee J. Cobb. En esta ocasión Mark es enviado a Génova a una misión en la que ha de investigar los extraños asesinatos cometidos por un francotirador cuyo modus operandi corresponde al de un asesino en serie. Sobre ello, vuelve a sobrevolar en la trama los fantasmas de la corrupción empresarial (con el secuestro de un adinerado industrial), haciendo que ambas ramas argumentales se solapen generando no pocas confusiones en un guión no tan directo y ágil como el de la primera entrega, lo que provoca que la película esté globalmente menos depurada. Aún así, el singular carisma de Mark vuelve a imperar sobre la narración así como la repetición de los clichés vistos en la primera entrega, donde no faltarán las espectaculares persecuciones y un clima donde, si ya de por sí el engreído protagonista es el vehículo conductor para el espectador, la ciudad es perfilada como un fortín repleto de hostilidad.

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Esta segunda parte consigue cierta continuación argumental y formal con su predecesora (vuelve Berzi, interpretado por Lee J. Cobb, dando respuesta a la anticlimática resolución de su personaje en aquella), y si en general no consigue ser un producto tan hermético en su formalidad como la primera película, sí que guarda escenas con ciertas ansias de impacto, como un opening espectacular. El discurso anticonformista que se pudiera derivar de Mark no está tan marcado como en la obra anterior, quizá porque Massi no siente ya como necesario realzar la presentación de su controvertido carácter; por ello, una de las marcas constantes del subgénero, como es la del  agente de la ley sumiéndose en las aguas turbias de la corrupción industrial o burocrática, está presente aquí, aunque sin la vehemencia de otras propuestas, tanto las presentadas por Massi en el futuro como por las vistas en algunas piezas clave de este policíaco a la italiana.

 

Mark colpisce ancora (Stelvio Massi, 1976)

 

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En esta tercera entrega, para la que Sacchetti realiza el guion en solitario partiendo de una idea de Lucio De Caro (en las anteriores partes  se contó también con guionistas como Adriano Bolzoni, Raniero di Giovanbattista, Teodoro Corrà o el propio Massi), se cambia notablemente el esquema narrativo visto anteriormente. En este caso Mark se encuentra como agente encubierto  de una cédula terrorista que pretende sembrar el pánico bajo enérgicas querencias de rebeldía contra el sistema; en esta diatriba vemos la asociación temática que Sacchetti hace desde el guion a una de las problemáticas propias de la Italia de los 70, los estallidos sociales urdidos por grupos terroristas de izquierdas en la convulsa situación socio-política vivida por el país en la década.  El film es el día a día de Mark en su constante búsqueda de información acerca de los planes de los malvados, al mismo tiempo que se gana enormemente su confianza; por otra parte, otro tic de la evolución narrativa es la convergente persecución policial a esta operación, que provocará las requeridas escenas de acción además de un clima de tensión emocional que amplía en cierta medida el abanico interpretativo de Gasparri.

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Más interesante, en cuanto a concepto, es la incisión que se hace sobre Olga Kube y Paul Henke , la pareja que forma el grupo terrorista, y que son interpretados por  Marcella Michelangeli (vista ese mismo año en Forajidos 77 [Il grande racket] de Enzo G. Castellari) y el incombustible John Steiner, actor británico que urdió toda su carrera en Italia a través de todos los subgéneros habidos y por haber; Steiner, habitualmente encasillado en roles de villano, demuestra aquí el prototípico porte maquiavélico con el que fraguó algunos de sus mejores interpretaciones. Esta tercera entrega se separa de sus predecesoras ya no sólo en la confección de su entramado, sino que en ella vemos ligeras variaciones de tono; no tan condescendiente en la elaboración de sus set pieces para la acción, aquí se da una mayor relevancia tanto al suspense relativo a la tapadera urdida por Mark, como a unos inesperados apuntes dramáticos en su curioso trío protagonista que deja ese poso desesperanzador tan adherido en ocasiones al subgénero: policía, terroristas y demás elementos de la sociedad sucumbiendo como insignificantes componentes de una conjetura burocrática tan poderosa como inalcanzable. La película cuenta en su plantel actoral con dos agradecidas presencias: John Saxon, otro todo terreno foráneo que fraguó en Italia una de las etapas más productivas de su carrera, así como la espectacular Malisa Longo,  bello rostro veneciano convertido en una personalidad en sí misma para el cinemabis italiano.

Saludos desde el Gabinete, camaradas.

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