Entrevista con Enrique López Lavigne. El productor Apache.

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Esta semana el Gabinete ha estado dedicado en exclusiva a la figura del productor Enrique López Lavigne, con el análisis de cuatro de sus películas de ámbito fantástico como 28 semanas después, Intruders, Purgatorio y Out of the Dark. Este pequeño grupo de títulos tan solo son una muestra de la incombustible carrera de López Lavigne como uno de los más inagotables productores españoles de las últimas décadas, que apoyaría los primeros trabajos de importantes realizadores de la escena hispana como Julio Médem, Juan Carlos Fresnadillo o más recientemente Nacho Vigalando, entre otros muchos. Siempre en la vanguardia del cine arriesgado y experimental, este intrépido productor que desde hace años acoraza su profesionalidad bajo su compañía Apache Films tiene la gentileza de responder unas preguntas al Reverendo sobre el género fantástico, ese que tanto ha defendido en muchas de sus producciones, así como de algunas vicisitudes de los films que han visitado estos días atrás esta modesta bitácora virtual en honor a su figura. Sigue leyendo

“Out of the Dark” (Lluís Quílez, 2014)

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Las historias de fantasmas suponen una de las coyunturas más clásicas a la hora de abordar un relato de terror. Para su debut en el largo, el cortometrajista Lluís Quílez trata de contar un clásico relato de tragedias pasadas con maldiciones perennes, donde se recurre a un tótem que casualmente parece encandilar al fantástico español de los últimos tiempos: los niños fantasmales, la siempre cándida imagen del infante revertida en la monstruosidad del espectro que se presenta en búsqueda de justicia. Y sobre este eje central circula una trama que presenta a un matrimonio, Sarah (Julia Stiles) y Paul (Scott Speedman), que se traslada con su hija  un pequeño pueblo colombiano llamado Santa Clara; Sarah está destinada a ocupar un alto cargo de la empresa de su padre (Stephen Rea), motivo principal del traslado de esta familia modelo. Sigue leyendo

“Purgatorio” (Pau Teixidor, 2014)

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Se podría decir que Purgatorio es una película que mantiene intrínseco el entusiasta espíritu anexo al cortometraje como formato, pero que no esconde en ningún momento sus limitados medios de expresión. Por eso, en lo que supone el debut al largometraje de Pau Teixidor, hay que alabar en primera instancia el mérito de no caer en la ambivalencia de pretensiones, ponderando el intentar exprimir todo lo que se tiene a mano. Y es que nos encontramos ante un género muy peliaguado como el thriller psicológico, campo de acción donde el punch de la narración cae casi exclusivamente en las habilidades del director para crear opresión y angustia hacia el espectador. Cabe señalar también que Purgatorio tiene un foco de ambientación realmente fascinante, como es una ciudad dormitorio aún en ciernes: urbanizaciones residenciales todavía sin habitar que suponen, a pesar de su escasa explotación en la ficción cinematográfica, un medio de expresión hacia el suspense gracias a un espacio ampuloso y de un vacío humano inquietante, que aquí ejerce de amplio escenario de ubicación de la principal localización de la película. Sigue leyendo

“Intruders” (Juan Carlos Fresnadillo, 2011)

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Intruders no debería ser catalogada como una película de terror. Su campo de acción prefiere trascender cualquier tipo de delimitación genérica, ya que la tercera película de Juan Carlos Fresnadillo bien podría definirse como un meticuloso estudio del miedo. La sensación de terror, esa reacción primigenia de protección ante lo desconocido, que alcanza un imaginario interminable cuando se presenta en edad infantil, es esa percepción emocional sobre la que la trama de esta película gira constantemente. Y es que Intruders tiene una historia que reincide en los temores infantiles, los monstruos que salen del armario y como la inocencia e ingenuidad de los niños pueden presentar el lado más fascinante del temor ante aquello que desconocemos. Sigue leyendo

“28 semanas después” (Juan Carlos Fresnadillo, 2007)

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Después de tener ya un lejano estreno, es digno de mencionar cómo el director Danny Boyle es ahora uno de los considerados principales artífices de la nueva ola del llamado “cine zombie”, gracias a una producción británica que recuperaba la figura del “muerto infectado” (dejemos en un debate a parte si podemos considerar a las bestias de la película como muertos vivientes o no) en un contexto post-apocalíptico de primer orden, donde Londres dejaba a un lado su luminiscencia habitual para mostrar la gran urbe bajo el prisma de una gran catástrofe originada por una pandemia que sumiría al país en una situación dantesca. Es curioso apreciar a día de hoy como Boyle y su guionista Alex Garland utilizan el cosmos iconográfico del apocalípsis zombie como una simple vía de desarrollo, sin pretender la relevancia hacia el subgénero que sí ambicionaría el Amanecer de los Muertos de Zack Snyder, culminando por originar ese renacimiento de la corriente que llegará hasta los albores de la actualidad. Sigue leyendo