Wax es una de esas películas que cuesta criticar. Se hace duro intentar transmitir el gran sentimiento de decepción que asola a una película realizada por alguien que ha demostrado cierto conocimiento del género, pero que acaba desembocando en una nimiedad repleta de frustración. La película de Víctor Matellano cae en un error de órdago, como es ahogarse en sus propios referentes. El director utiliza tanto vacuo esfuerzo en dejar claro todas y cada una de las influencias que parecen formar su imaginería como cineasta que hacen de la película algo vulgar y ordinario, algo que sumerge al film en un fallo imperdonable a estas alturas: la falta de entidad. Sigue leyendo
Crítica
Rewind Pulp: «El Mejor con el Rifle», Marcial Lafuente Estefanía
Justo en la semana en la que muchos lamentamos la muerte de Francisco González Ledesma (Silver Kane), una de las plumas referenciales del western en la literatura nacional, nos paramos en una de las obras del otro pilar del género en el bolsilibro: Marcial Lafuente Estefanía. Sería el propio Silver Kane quien diría de él lo siguiente: «No me gustó nunca el estilo literario de Marcial Lafuente Estefanía, por demasiado directo y elemental, pero siempre fuimos buenos amigos, pese a la diferencia de edad. Era un hombre generoso que llegó a ganar mucho dinero, pero nunca tuvo nada suyo. Un día me dijo: ´Amigo mío no te tomes las cosas demasiado en serio. Al fin y al cabo, la vida puede depender de una mujer que pasa´«. Sigue leyendo
El Heredero del Diablo (Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett, 2014)
Nos encontramos ante una muestra más del ya consumido subgénero del found footage, sumamente popular en su día gracias a interesantes productos como Holocausto Caníbal (1980) o El Proyecto de la Bruja de Blair (1999), éxito acompañado en aquellos casos de una desmesurada campaña mediática originada por la supuesta veracidad de las imágenes. Lo que distancia a estos mencionados films de la mayor parte de la nueva generación que ahora parece vivir el «metraje encontrado» es que si bien el subgénero era utilizado en aquellas como una mera herramienta de construcción de la manera de impactar con la imagen, los nuevos usos con los que una generación de jóvenes cineastas reviven el subgénero se limitan en muchas ocasiones en ser un mero (e injustificado) recurso estilístico en la narración, desaprovechando su utilización y obviando muchas de sus ventajas. El Heredero del Diablo se antoja totalmente idónea para entender esto, ya que aunque el film recorre los principales recursos estéticos del found footage como pudieran ser la vista en primera persona o la cámara zarandeada, se prescinden de unas serie de características clave para que el subgénero ofrezca utilidad en la trama: la suciedad en la imagen, el cariz underground o la atmósfera híper-realista, herramientas todas ellas que conceden funcionalidad al metraje encontrado, y que eran requeridas en Holocausto Caníbal o propuestas más actuales como las sagas [•REC] o Paranormal Activity viéndose aprovechadas de estas formas narrativas tan peculiares y dejando aún lado lo precarios o manidos que pudieran ser sus argumentos.
En este caso, El Heredero del Diablo se centra en las aventuras de una joven pareja que después de su luna de miel emprenden un viaje de novios a Santo Domingo, donde serán fruto de las artimañas de un oriundo personaje para que posteriormente la mujer experimente un embarazo no esperado y unas situaciones anexas realmente perturbadoras. El principal problema de la película es que pretende ser tan leal al subgénero que acaba sumergiéndose en un recorrido previsible, cansino y aburrido por todos y cada uno de sus parámetros, no obteniendo ningún resultado favorable de ellos y cayendo además en una narración lenta, carente de atmósfera y súbitamente vacía. Como película de horror su inmersión en el género llega por ramalazos, ofreciendo una re-escritura bastante pobre de algunos de las situaciones más recurridas del cine satanista pero sin afrontar esos momentos con soltura o personalidad. Tan solo algunos enclaves de la trama llegan realmente a generar cierto interés o rendimiento hacia el producto global, como los planos de la habitual cámara nocturna (la presencia de la mujer en soledad aquí genera cierta inquietud), la secuencia de la comunión (con una conclusión previsible pero con cierta turbación) o el descubrimiento por parte del protagonista del germen de la maldición (que ya se había expuesto con anterioridad al espectador), instantes donde la película parece instaurar cierto oficio aunque lejos de la tónica general exhibida.
El film está dirigido sin pulso y con aires muy complacientes hacia los recurridos tópicos del moderno found footage por Matt Bettineli-Olpin y Tyler Gillett, tal y como hicieron en su episodio de V/H/S (2012), uno de los proyectos clave para entender el resurgimiento del subgénero aunque se vea muy claramente superado por su secuela y el capítulo de los directores de El Heredero del Diablo fuese uno de los más flojos de la propuesta. El trabajo interpretativo recae lógicamente en la pareja protagonista, formada por un Zach Gilford (Anarchy: La Noche de las Bestias [2014]) cumplidor y la televisiva Allison Miller, a la que el papel le ofrece un peso que no parece aguantar. La película que aquí nos ocupa sólo es apta para permisivos incondicionales, aunque en su desarrollo se encuentren algunos apuntes que desgraciadamente se acaban sumergiendo en un film que no acaba de despertar interés.
Saludos desde el Gabinete, camaradas.
Tusk (Kevin Smith, 2014)
A muchos aún sorprende a día de hoy el inesperado, pero a la vez necesario, giro que emprendió la carrera de Kevin Smith con su magnífica y desasosegada Red State (2011). El colega de New Jersey se había convertido en todo un icono de la comedia absurda (en todo su buen sentido) con una amalgama de películas que enardecían el sentimiento hacia el fandom, las autoreferencias constantes y la descripción emocional de toda una generación, con un variopinto grupo de personajes que acabaron por convertirse en iconos ante la fácil empatía que se podría sentir hacia ellos en los círculos en los que algunos nos movemos. Después de sonoros fracasos, Red State suponía el esperado y anunciado coqueteo de Smith con un género bastante alejado de lo que nos tenía acostumbrados, en un producto caracterizado por la falta de limitaciones autorales de quien pretende descubrir nuevos territorios; un nervio narrativo sentido y experimental que acababa cimentado un discurso de una seriedad abrumadora, y con una sutilidad pasmosa en su etiqueta de infausto y a la vez latente terror, en unas disposiciones que ya se han visto en el género con otros directores como Ti West y su The Sacrament (2013). Smith repite estos esquemas en un segundo experimento, esta vez encaminado de manera más descarada hacia el terror con Tusk, para la que se requiere la presencia de uno de los mayores atractivos de Red State: un Michael Parks, auténtico terremoto interpretativo que parece vivir una segunda juventud desde que Quentin Tarantino lo rescatase hace ya unos cuantos años, y que aquí vuelve a asombrar con uno de sus ya característicos y siempre perspicaces exhibiciones interpretativas. Sigue leyendo
Nadie Vive (Ryûhei Kitamura, 2012)
Kitamura presenta en Nadie Vive un capítulo más en su más que evidente perfilación de estilo, más patente aún desde que saltó a las américas. Desde la melancolía hacia el horror que de un relato de Clive Barker hizo en El Vagón de la Muerte (2008) , si hay algo que destaca y rotula al director de Versus (íd, 2000) o Azumi (íd, 2003) es algo ya patente en aquellas obras que rozan el culto: las inverosímiles, sorprendentes y súbitas normas que aparecen de imprevisto en sus metrajes, dando la sensación que cualquier cosa puede ocurrir tanto en la formalidad como evolución de sus cintas. Esto se presenta en Nadie Vive como una re-fórmula hacia el slasher, una de esas vertientes de constantes infranqueables, con una trama rocambolesca que presenta a un Luke Evans con anexa sobredosis testosterónica en una peculiar reversión del villano, inabordable cazador y sufrido cazado, que ejecuta bajo normas impredecibles y fórmulas rebuscadas algunos de los patrones del subgénero.
Aunque la película comienza bajo los típicos pasajes del terror rural presentando a una joven pareja perdida en inhóspitos parajes, la trama pronto se tornará en locura mostrando una disparatada historia de «mata mata», de estallidos hemoglobínicos mostrados sin tapujos y una factura hasta en cierta medida algo efectista, maquillada bajo la aridez de una tonalidad sucia hacia la oscuridad; siendo, este apunte visual, bastante efectivo. A pesar de ser un film cuyo disfrute se apoya en lo excesivo, la bizarra sensación que se palpa en algunas de las escenas principales, pronto se le pillan las claras ambiciones bufonescas del producto. Esto primeramente hacen echar en falta su etiqueta de película de género (sus formas parecen más amoldadas al splatter de acción de los primeros trabajos del realizador que al terror), además de apoyar la broma en una sobreexplotación de ciertos cánones algo machacados a estas alturas, que da poco lugar a la innovación dentro del slasher salvo su anhelo de broma macabra.
Superficial a nivel de caracteres y algo estéril en su ritmo (el film da la impresión de ser una conjunción de escenas grotescas premeditadas sin una unidad conceptual entre ellas), de ella se destaca principalmente esa oda a lo desmesurado, con poco sutiles y muy extravagantes romances con los clásicos del splatter. Acaba derrumbándose cuando su guión quiera de manera algo torpe engranar unas ligaduras con el género que Kitamura parece obviar en su narración, a pesar de alguna vuelta de tuerca digna de destacarse. Para el aficionado fiel y exquisito con este tipo de productos, como el que esto suscribe, quedarán marcadas algunas de las set pieces clave de la obra, aunque en su conjunto deje la sensación de insuficiencia para quien supo tan bien mimetizar en la pantalla el desfase mental de Clive Barker años atrás.
Saludos desde el Gabinete, camaradas.
The Babadook (Jennifer Kent, 2014)
De los áridos terrenos australianos llega la que muchos se han empeñado en ver como una de las grandes sensaciones del cine de terror de los últimos tiempos. The Babadook, dirigida por la debutante Jennifer Kent, cuenta la historia de una viuda que años después de perder a su marido le toca convivir con un hijo exageradamente aterrorizado con el personaje al que da nombre la película. Esto ocurre cuando a manos del infante llegue un extraño libro llamado «The Babadook», hasta convertirse en epicentro de una historia que sin contar nada nuevo bajo el sol sí muestra ciertos elementos que la hacen destacar entre la producción de género actual. Es en su eficiente mezcla y fomento de relaciones entre el drama y el terror donde el film se asienta acertadamente y logra perpetuar su discurso. Madre e hijo protagonizan una relación traumatizada por el temor, que supone un viaje al origen más ancestral del miedo bajo el enclave de los terrores infantiles, la creencia en el folkclore o la catastrofista sensación con la que castiga la soledad, aquí mostrada en el drama de la incapacidad de asumir la pérdida. Sigue leyendo
House of the Witchdoctor (Devon Mikolas, 2013)
Popularmente se dice que toda película de serie b debe tener al menos alguna estrella pasada del género en decadencia artística. Esta táctica, bien requerida actualmente entre la nueva generación de cineastas del terror que traen para sus productos a aquellos actores que idolatraban cuando eran púberes espectadores, se convierte casi en el principal reclamo de este House of the Witchdoctor. Y es que, como ya adelantábamos en el Coming Soon de hace semanas sobre la película, en este film nos encontramos con nada más y nada menos que Bill Moseley, reactualizado como icono del terror gracias a Rob Zombie; Leslie Easterbrook, la voluptosa y espectacular teniente Callahan de la saga Loca Academia de Policía (también rescatada por Zombie en Los Renegados del Diablo y Halloween. El Origen; Dyanne Thorne, uno de los mayores iconos de la sexploitation gracias a la saga de Isla, la dominatrix nazi, que aquí además estará acompañada por su marido Howard Mauer (compañero de reparto habitual de la actriz, la misma que vive ahora en un retiro interpretativo cobrando por sus autógrafos en las convenciones de fans).
Cuernos, de Joe Hill
El próximo estreno de la nueva película de Alexandre Aja ha generado interés en descubrir la obra que se toma como adaptación, «Cuernos». Si además se revela que la publicación proviene del hijo de Stephen King, probablemente las ganas de enfrentarse a su lectura se multiplican. Tras el nombre de Joe Hill se esconde Joseph Hillstrom King, uno de los hijos del rey del terror y que centra sus labores como escritor y artista de cómic en los géneros de la fantasía y el terror, al igual que su exitoso padre. Sería un atrevimiento obviar que gran parte del éxito le viene por el prestigio añadido de ser el hijo del que pósiblemente es el más prestigio autor de literatura de terror de todos los tiempos, aunque sería injusto obviar que la crítica le ha apoyado por demostrar ciertas dotes para el género en obras previas como «Fantasmas» y sobretodo «El Traje del Muerto». Sigue leyendo
«Cabeza de Ciervo», de Francisco Miguel Espinosa
La última novela de Francisco Miguel Espinosa fue una auténtica sorpresa para los que consumismos con cierta habitualidad literatura fantástica de origen nacional. Si bien es la primera obra que leo del autor, he de reconocer que su sinopsis fue lo primero que me atrayó para su posterior lectura, a pesar de ser una premisa mil veces vista en el género policiacio y/o terror. En el solitario y lejano territorio rural de la pequeña localidad de Abismo, aparece el cadáver del sheriff del pueblo en un enclave visual realmente siniestro y sórdido: el cuerpo presenta la cabeza cercenada y la ausencia de sus fémures. Parece ser que un asesino en serie anda suelto por Abismo y su vestimenta es realmente estremecedora: de su oscura figura sobresale sobre su cabeza una enorme cornamenta construída con huesos humanos.
Hay algo del argumento, con tan solo leerlo, que hace rezumar la perversidad y perfidia que uno busca en este tipo de relatos. Este entroncado argumental bebe a partes iguales de las bases del slasher y del thriller policíaco con tintes terroríficos, como se comprobará una vez nos sumemos en la lectura de «Cabeza de Ciervo«. La obra tiene multitud de virtudes tanto en su continente (la extraordinaria portada de Daniel Expósito nutre de «pulp terror» la presentación de la novela, no escondiendo sospechosas similitudes con los pósters de una corriente cinematográfica muy adorada por estos lares) pero sobretodo en su contenido. Y es que Espinosa narra con una gran habilidad todos y cada uno de los hechos que construyen la historia, con un elemento que para el Reverendo resultó embriagador: la afligida y catastrofista forma con la que se describe a Abismo, como un encuadre rural de la trama realmente admirable, y sus habitantes, construyendo una comunidad de residentes de incierto presente y pasado con un aura de misticismo alrededor sobre la que la obra recurrirá para fomentar su misterio. Narración efectiva, ágil y muy descriptiva, que huye de la densidad con una atmósfera perversa que parece heredar del cine de terror más transgresor. Altamente recomendable. Pueden leer la reseña completa que el Reverendo realizó hace ya unas cuantas semanas para Ultramundo, haciendo click aquí.
«Perdida» (Gone Girl, David Fincher, 2014)
Se había creado mucha expectación con el último trabajo de David Fincher. Esta tenía una clara extra motivación al encontrarse el director con su género predilecto, aquel que le lanzó a la fama de cabeza con Seven (1995) conformando el enclave narrativo donde ha sabido sacar mucho mejor su potencial, no desdeñando sus otros importantes trabajos para todos sabidos. La trama, aunque dentro de unos elementos quizá demasiado recurridos, se antoja muy interesante: una pareja está a punto de cumplir su quinto aniversario de boda y la mujer desaparece súbitamente de su casa dentro de un escenario que podría dar que pensar hacia a una desaparición en contra de su voluntad. El marido, interpretado por un Ben Affleck quien ya ha circulado con temática similar en su debut como director en Adiós pequeña, adiós (2007), asume rápidamente el protagonismo de una trama que permitirá a Fincher desarrollar unos inquietantes juegos con su peculiar forma de ver, sentir y vestir el género. Gillian Flynn guioniza su propia novela, logrando un libreto sólido y con sus aristas bien cimentadas, dando carta abierta al director a una manipulación interesantísima. Sigue leyendo
Los ritos sexuales del Diablo (José Ramón Larraz, 1982)
Su póster invita a pensar que nos encontramos ante una de las piezas claves de nuestro querido «Fantaterror». Además, estas esperanzas parecen confirmarse, aunque finalmente no será así, al ver el nombre de su director. Firma como tal un célebre autor como José Ramón Larraz, fallecido hace ahora más de un año dentro de una constante reivindicación de su figura artística (recordemos que Larraz, además de director, también fue historietista de cómic y fótografo de moda) fruto de un buen puñado de películas muy dignas de mención, encontrando muchas de ellas en sus primeros trabajos. Estos, en su mayoría de producción británica, dejaron ver a un autor con unas inquietudes visuales realmente embriagadoras (algo venido, posiblemente, del torrente visual imaginativo de quien llega del mundo de la viñeta) con piezas totalmente a reivindicar como «Whirlpool» (íd, 1970), «Síntomas» (Symptoms, 1974) o «Las Hijas de Drácula» (Vampyres, 1974), siendo está última la considerada obra tótem de su carrera (dentro de esa oleada de productos que se relamía en mezclar vampiras y lesbianismo, con Jess Franco o Jean Rollin a la cabeza) y de la que incluso se prepara en estos momentos un remake de autoría nacional.
En 1982 Larraz filma, justo después de labrar una cadena de productos de alto grado de erotismo en plena época del destape, uno de los títulos más conocidos de su carrera: «Los Ritos Sexuales Del Diablo«, prototípica historia de tintes satánicos donde se ofrece la confrontación de una protagonista débil e inocente contra una conspiración satanista proveniente de su alrededor. Sí, las influencias parecen claras. Lamentablemente, Larraz parece no tomarse en serio las posibilidades hacia el género que podría dar de sí su historia y lo encandila todo al despiporre sexual y al folleteo explícito con el que disfrutan sus protagonistas. Aún con ciertos toques visuales interesantes, la película navega en un mar de hilaridad y sinsentido. La crítica completa del Reverendo, para todos ustedes en Ultramundo dentro de su especial «Fantaterror Español» en el que tengo el placer de colaborar con asiduidad. Click aquí para acceder a ella. Enjoy.
Dossier Lovecraft: «La Novia de Re-Animator» (Brian Yuzna, 1989)
Continuamos con el Dossier Lovecraft referenciando de nuevo un artículo para Ultramundo. Se trata de La Novia de Re-Animator, la secuela oficial y oficiosa del Re-Animator de Stuart Gordon capitaneada en esta ocasión por Brian Yuzna, el principal impulsor creativo de aquella y quien aquí toma las riendas en solitario de esta segunda parte. Siguiendo una labor plenamente continuista y con una relación más estrecha con los relatos de Lovecraft sobre Herbert West (que ya hemos revisado aquí), el director filipino (quien tendrá en escasas semanas un estudio propio en el Gabinete) se rodea de un grupo de especialistas de efectos de maquillaje de excepción para añadir extremismo y sordidez a esta historia que usurpa la concepción del título y premisa argumental del clásico La Novia de Frankenstein. Sigue leyendo




















