“Lucifer: El ángel maldito” (Elo Pannacciò, 1975)

Un urlo dalle tenebre

Dentro de las muchas variantes que adquirió la cinematografía de explotación italiana, a mediados de los 70 se originaría una retahíla de películas que intentarían emular el éxito de El Exorcista (1973), la película de William Friedkin que originaría que en el cine de terror comenzasen a surgir recurrentes incisiones en tramas de corte satánico o luciferino. En Italia esta corriente de émulos tendría a El Antricristo (1974) de Alberto de Martino como uno de sus principales títulos, que entre otros estaría acompañado por esta  Lucifer: El ángel maldito (libre traducción del original Un urlo dalle tenebre), segunda incursión de Angelo Pannacciò en el cine de terror tras Il sesso della strega y que en algunos copias vendría firmada por uno de sus pseudónimos anglosajones, Frank C. Lucas. Según IMDb la película estaría co-dirigida junto a Franco Lo Cascio, que como Pannacciò luego se convertiría en un efusivo director de cine porno. Lo cierto es que nos encontramos con la que posiblemente es la película más recordada de Elo Pannacciò, cuya personalidad fílmica destaca hoy por una tosca y perturbadora puesta en escena, aquí algo más atada a sus condiciones de exploit. Y es que, en efecto, dentro de la desvergonzada manera que la cinematografía de explotación italiana trataba de adquirir modelos extranjeros de éxito, en este caso la ya citada película de William Friedkin, las conexiones con ella son constantes a través de la habitual ingenuidad de aquella industria en no disimular su condición de imitación al mismo tiempo de intentar anexionar cierta personalidad y originalidad. Un urlo dalle tenebre, a pesar de ser fiel a la demente y narrativa de su director, acaba por conseguirlo, aunque le pesen su naturaleza interna de copiar algunos de los puntos clave de su modelo, en especial un tramo final donde el predecible exorcismo tiene lugar para aparición estelar de Richard Conte en las labores de la imprescindible presencia de un exorcista.

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La historia, directa y sencilla, se centra en un adolescente llamado Piero quien, tras realizar una serie de fotografías a una mujer, comienza a  experimentar abruptas sensaciones como violentos cambios de humor o insoportables dolores que acabarán por evolucionar en una posesión demoníaca en toda regla.La hermana de nuestro protagonista, monja (bajo la piel de la bella Patrizia Gori), conseguirá que el caso sea investigado por las altas esferas del Vaticano hasta el punto de que se requieran los servicios de un reputado exorcista. La historia se complementa con una serie de flashbacks que irán componiendo una trama que tiene como epicentro una inconmensurable orgía satánica (capitaneada por el personaje interpretado por Franco Garofalo); el guión tendrá bastantes lagunas e inconexiones, muy habituales en los libretos manejados por Elo Pannacciò, con la típica atmósfera sucia y parcialmente opresora de su cine. Aunque tiene un tono de terror bastante asimilado, desde el primer momento (con unos primeros planos en el Vaticano, sucios y perturbadores, con una Roma empapada por la lluvia), también con algunas secuencias que a pesar de sus anacronismos serán en ciertos momento bastante efectivas, como cierta persecución por unas pequeñas callejuelas (con unos muy interesantes juegos de cámara), algunos enclaves sobrenaturales o sobretodo la recurrente ceremonia satánica, que en su exposición no presenta ningún tipo de detrimento a la hora de mostrar todas sus crueles y enloquecedoras imágenes. El ritmo lento y sus ciertas vistosidades fotográficas podrían recordar a las narrativas de Jean Rollin o Jess Franco (además de por su mixtura constante entre terror y erotismo), aunque de una manera mucho menos temperamental.

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Su trastornado concepto de imitación podrá ser disfrutado a pesar de algunas de sus taras, como es la pobre interpretación del protagonista Jean-Claude Vernè, en una ridícula y pobre imitación que originaría, lamentablemente, que algunos de los enclaves en los que la película logra conseguir cierto desconcierto en su concepto del horror se vean dañados por una ridícula exégesis de la original posesión interpretada por Linda Blair en El Exorcista, acentuado esto en su tercio final. Este último tramo estará protagonizado por la estelar aparición de Richard Conte, antigua estrella de Hollywood que aquí finiquitaba su periplo por la cinematografía italiana (moriría poco después de acabar este rodaje), quien oficiará en su papel de sacerdote un exorcismo que trae para sí algunos de los momentos más recordados de la película de William Friedkin: la batalla entre el bien y el mal personificada entre el sacerdote y el mal que posee al joven (aquí, al contrario que en El Exorcista, la voz maligna de Satanás la oiremos en off), muebles que se desplazan solos, una cama que convulsiona… Eso sí, todo ejecutado de una manera mucho más pobre y menos efectiva, aunque Pannacciò vuelva a beneficiarse aquí de lo inquietante y perverso de sus atmósferas.

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Si hay algo que beneficia a Un urlo dalle tenebre es el hecho de que como buena copia italiana parece querer ir mucho más allá en transgresión respecto a su modelo (aquí reincidiremos en la orgía satánica, cruel y encarnizada, que visualmente será de lo más destacado del metraje) que, a pesar de algunos momentos que pueda caer en el ridículo, apuesta por el componente sordidez para tonalidad  de su atmósfera, que hace de ella un ejemplar peculiar dentro de la grotesca producción italiana de emulación foránea.El film tiene cierta fama hoy en día por ser vendido por algunos distribuidores como una secuela de El Exorcista, bajo títulos como El Regreso de el Exorcista (Perú), The Exorcist III: Cries and Shadows (Reino Unido) o The Return Of The Exorcist (Estados Unidos); popularmente más conocida por sus títulos internacionales Nake Exorcism o The Possessor,  en nuestro país se estrenó como Lucifer: El ángel maldito en ese mismo 1975, teniendo 22.664 espectadores que dejaron una recaudación de 26.323 euros (4.379.890 pesetas de la época). Respecto al protagonista de esta semana en El Gabinete, Franco Garofalo, volvería a trabajar aquí con Angelo Pannacciò tras haberlo hecho en Il sesso della strega, y lo hace en el inquietante papel de líder del aquelarre satánico presente en el film; su papel, presentado a modo de flashbacks, tendrá la relevancia de ser el germen de todo el conflicto presente de la película, aunque sus apariciones en pantalla no sean excesivas.

 

Saludos desde el Gabinete, camaradas.

Un comentario en ““Lucifer: El ángel maldito” (Elo Pannacciò, 1975)

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