La Horca tiene de inicio dos puntos bastante interesantes a tener en cuenta: el film viene producido por la Blumhouse Productions, compañía que además de responsabilizarse de una de las sagas de terror más exitosas de los últimos años (Paranormal Activity) parece luchar por una seria reivindicación del horror como género, auspiciada por un conjunto de filmes que lograron destacar en el campo; el otro aspecto cautivador recae en su propia premisa, un supuesto inicial heredado de los clásicos efluvios del slasher que propone encerrar en un instituto a un pequeño grupo de adolescentes que pretenden boicotear una obra de teatro que, 20 años antes, había acabado en tragedia. Sigue leyendo
Crítica
Jack el destripador (Jess Franco, 1976)
Jack el destripador es uno de los productos más interesantes de la etapa suizo-germana de Jess Franco, más que por sus cualidades cinematográficas (innegables, aunque no esté la altura de algunos de los previos trabajos del director malagueño) por la curiosa aproximación al universo del insigne del famoso homicida. Un siempre hipnótico e impenetrable Klaus Kinski se mete en a piel del célebre asesino, cuyo peculiar fisonomía apoya a la hora de mostrar un dibujo ténebre del personaje, auténtico hito de una película que pretende con éxito llevar las peculiaridades que rodean al famoso asesino (aquí denominado como el Doctor Dennis Orloff) a las propias filias escénicas del director aprovechándose para ello de una ambientación perfecta para la historia. Franco sacrifica, en cierta medida, la misteriosa estampa del anonimato del Jack «El destripador» real en favor de un acercamiento del personaje hacia una mentalidad prototípica, muy propia del mad doctor, de otros iconos (contra)culturales como «Dr Jekyll and Mr Hyde», hasta el punto de que el rol acabe formando una extraña mezcolanza de referentes. Sigue leyendo
Escalofrío (Carlos Puerto, 1978)
Escalofrío es una de las rara avis del fantaterror español, injustamente olvidada cuando se trata de repasar algunas de las obras relevantes de la vertiente. Con las sectas satánicas como epicentro de la historia (tema muy de actualidad en la época) y con títulos como La Semilla del Diablo (1968) o El Exorcista (1978) en el punto de mira de la influencia, Carlos Puerto rueda una de las películas más tétricas y oscuras del terror nacional, con una atmósfera que no duda en jugar con la crueldad, la lujuria y unos efluvios claros de incomodidad, claves que el film maneja de manera mecánica pero efectiva y práctica. Puerto fue uno de los hombres de confianza de Juan Piquer Simón, productor y alma creativa de la cinta, ya que justo el año anterior de esta película había guionizado la adaptación de Julio Verne dirigida por el realizador valenciano Viaje al Centro de la Tierra (1977); como director, tras iniciarse en el documental, Puerto tiene una leve carrera de la que se podría destacar El Francotirador (1978) donde Paul Naschy, a parte de colaborar en el guión, interpreta a un humilde relojero que tras la muerte de su hija en un atentado terrorista pretende asesinar al mismísimo Francisco Franco. Sigue leyendo
Rewind Pulp: «Mato, luego existo», Ralph Barby
Nacido como Rafael Barberán Domínguez, Ralph Barby responde como uno de los incombustibles escritores que alimentaron durante décadas la literatura popular española. En esta diatriba, su compromiso con el medio se urdió mediante la historieta narrada para el gran público con el objetivo de construir un entretenimiento barato y efectivo, al igual que otros muchos autores que irán pasado por esta sección de El Gabinete. Barby, uno de los últimos estandartes vivos del pulp español, y que aún a día de hoy se encuentra en activo (presentó recientemente La Baronesa, una ambiciosa obra de corte gótico), suma la friolera del millar de títulos publicados solo en España (también su obra ha sido lanzada a otros mercados como el portugués o el estadounidense) abarcando varios de los géneros leales a esta literatura libre de altas pretensiones. Comenzaría, como muchos otros de sus coetáneos, con los géneros solicitados por la masa popular en aquellos años 50 donde Barby comienza a fraguar su incesante carrera: el bélico y el oeste. Pronto se pasaría a la ciencia ficción y el horror, géneros en los que el autor demostraría a lo largo de los años sentirse más cómodo dejando ahí sus más notables obras, siempre ligadas a la literatura de la historieta pulp. Sigue leyendo
Expediente Warren. The Conjuring (James Wan, 2013)
Podemos definir The Conjuring como el rescate, puesta a punto y re-actualización del subgénero de las casas encantadas en el cine. James Wan se alimenta de la estética feísta del old school de los 70, y de muchas de las características que enriquecieron tanto la vertiente de los parajes embrujados como la fenomenología paranormal latente en los casos reales en los que el género se basó para engrandecer sus constantes. Se dramatiza el caso real supuestamente vivido por el matrimonio Warren, pareja de investigadores de lo paranormal que vivieron en primera persona el drama vivido por la familia Perron en su casa de Rhode Island. Sigue leyendo
Tú eres el siguiente (Adam Wingard, 2011)
Tú eres el siguiente fusiona no sin cierto maniqueísmo la invasión doméstica con el slasher, subgénero anclado perpetuamente al cine de terror y cuyo mecanismo parece totalmente desgastado salvo honrosas excepciones. Adam Wingard, uno de esos enfant terribles del nuevo cine de terror norteamericano, construye la eterna y reiterada propuesta del grupo de supervivientes ante una amenaza exterior, siendo esto una influencia clara y confesa del cine de John Carpenter quien nutrió esta vertiente en base a su amor por Rio Bravo (1959) o La Noche de los Muertos Vivientes (1968). El film de Wingard se ha proclamado como una de las películas estrella de la pasada temporada, auspiciada por un supuesto retorno al slasher en su faceta más vintage. Sigue leyendo
La Mansión de la Niebla (Francisco Lara Polop, 1972)
Nos encontramos ante una de las cada vez menos subterráneas muestras del fantaterror patrio dirigida por Francisco Lara Polop, activos cineasta de la dorada década de los 70 en lo que fue su única aportación a esta adorada vertiente dentro su filmografía. De espíritu «giallesco» y con el punto de vista en una concepción del terror bastante cercana a la Hammer, su narrativa recurre al eterno y reiterativo esquema del grupo de personajes anclados en una localización ante una amenaza en el propio espacio interior (herencia del archiconocido argumento de Diez Negritos de Agatha Christie) envuelto con un exquisito gusto por la tradición gótica anglosajona que hacen de la propuesta algo atrevido, exótico y visualmente embriagador. Sigue leyendo
Clown (Jon Watts, 2014)
La premisa de Clown es tremendamente embriagadora. Un ejemplar padre de familia propone una solución rápida al inesperado impedimento que surge en la fiesta de cumpleaños de su hijo: el payaso contratado para animar a los infantes falta a su cita y nuestro protagonista, Kent, decide un improvisado remedio, como es el de disfrazarse él mismo con un traje de payaso encontrado en uno de los inmuebles que pretende vender como gestor inmobiliario. Los problemas aparecen cuando es incapaz de despojarse de la vestimenta de tal simpática figura, punto de inicio del tormento que vivirá a continuación. Los tejidos del traje funcionan como una segunda piel para nuestro hombre y la peluca se le queda incrustada en su propio cuero cabelludo, momento en el que la película comienza a desarrollar una historia de horror que no duda en aprovechar uno de sus más siniestros atractivos, como es la reversión perversa y maligna de una figura tan presuntamente inocente como la del payaso. Sigue leyendo
Wolf Creek 2 (Greg McLean, 2013)
Al escribir sobre Wolf Creek 2 es bastante difícil abstenerse de plantear las escasas necesidades de la secuela, cuando la película de Greg McLean estrenada en el 2005 ya gozaba de un status propio que, aún amparándose en viejas aunque eternamente recurridas fórmulas, ya había alcanzando un culto casi instantáneo. Wolf Creek se lanzaría casi al momento como un clásico moderno del nuevo cine extremo arraigado en los estandartes más coléricos del horror de los años 70, convirtiendo a su antagonista, un redneck primigenio interpretado por un John Jarratt extraordinariamente desalmado, en toda una efigie primitiva de la maldad. Es precisamente con esta predisposición como se desarrolla Wolf Creek 2, que dando un ya desmesurado protagonismo a su villano aprovecha de una manera mucho más lumínica los pasajes desiertos de la Australia más profunda: si en la primera parte se exponía la aridez y asfixia de las llanuras aquí estas gozan de un componente mucho más fulguroso, que hace de esta atmósfera de un elemento algo más secundario pero que continúa imprescindible para la potencia visual de la película. Sigue leyendo
Wolf Creek (Greg McLean, 2005)
Urbanitas perdidos y sometidos al desconocido e infravalorado poder del espacio rural, siendo cruelmente ajusticiados por subestimar al lugareño ante una supuesta posición privilegiada del habitante de ciudad. Esta atractiva premisa alimentó buena parte del terror de los años 60 y 70, desde los inicios del splatter de la mano de Herschell Gordon Lewis en su 2000 Maniacos (1964), pasando por el Tobe Hooper que fomentara toda una oleada de terror que abrasaba con su calurosa y asfixiante ambientación del territorio rural con La Matanza de Texas (1974), surgiendo a raíz de ella toda una retahíla de émulos. Greg McLean parte en Wolf Creek de una premisa idéntica a la ideada por Hooper, heredando dos principios básicos: el abrumador y desasosiego provocado por la amplitud del terreno campestre (la sofocante Texas es sustituida aquí por la aridez del estéril campo australiano) y un intento de fomentar una violencia realista, dura y muy directa, que en el caso de La Matanza de Texas, en un ejercicio de ponderación de la sutileza, trabajó en base a una siniestra insinuación en detrimento de una tendencia expositiva. Supuestamente basada o inspirada en hechos reales, el poso que Wolf Creek deja en el espectador es el de un trabajado revival de aquel horror, aunque aquí se abogue por un exhibicionismo, controlado y comedido, de lo explícito de la violencia, no enturbiando la mejor de las intenciones de este tipo de propuestas: el dibujo de un terror primitivo y natural, basado en la recreación realista. Sigue leyendo
El Último Exorcismo (Daniel Stamm, 2010)
El Último Exorcismo nace como uno de los episodios más importantes del nuevo falso documental, recluida aquí en la variante del found footage, posiblemente la distinción más aprovechable y explotable de ese subgénero auspiciado en la cámara mano con su juego implícito con el espectador en el que a través de ciertas aproximaciones al metalenguaje intenta hacer pasar por verídico lo expuesto en pantalla. El film de Daniel Stamm se aleja de las propuestas más mediáticas del subgénero, como el Holocausto Caníbal (1980) de Ruggero Deodato o El Proyecto de la Bruja de Blair (1999) de Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, heredando de ellas sólo la auto-asimilación de las formas y procesos de su impronta como mero recurso de estilo (no intenta ir más allá de elevar la etiqueta de terror a ningún otro tipo de intención lejana del lenguaje cinematográfico), predominando así sus puntos a favor en un marco formal tan limpio y enérgico como la cámara en mano. Sigue leyendo
«Memorias del Ángel Caído» (Fernando Cámara, David Alonso, 1997)
Sería curiosa la labor de entender el crecimiento paulatino del culto hacia una película, que en este caso parece extenderse de manera proporcional a lo ya lejano de su fecha de estreno. Memorias del Ángel Caído es un film que irrumpe, sin avisar, en una época que se puede entender como plena decadencia del cine de género en España. Incomprendida e ignorada en su día, su trama se centra en un ámbito parroquial donde abruptamente comienzan a suceder extraños sucesos, comportamientos y fenómenos. Para los no iniciados en este film dirigido por una dupla de (por entonces) jóvenes directores conformada por Fernando Cámara y David Alonso, no conviene tener constancia de nada más. La película se disfruta por su reversa y atmosférica concepción del terror, que plantea un dibujo abstracto del antagonismo basado en una creciente sensación de perversidad, la misma que se apodera de la película insuflándola de creciente y enigmática aureola cargada de malignidad, estallando en un desenlace repleto de turbias sensaciones y ciertas postales de momentos para el recuerdo. Sigue leyendo











