Express Reviews: «The Final Girls», «Deathgasm», «Cuentos de Halloween», «Maggie»

The Final Girls (íd, Todd Strauss-Schulson, 2015)

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Catapultada como una de las cintas más aclamadas en la pasada edición del festival de Sitges, The Final Girls se desarrolla bajo unas claras querencias reivindicadoras hacia uno de los (sub)géneros más adorados y explotados del fantástico como es el slasher. Strauss-Schulson pretende un homenaje, exageradamente auto-confeso aunque a la vez honesto en sus propósitos, en un juego metalingüístico en el que sus protagonistas acabarán siendo los principales partícipes de una ficción que aclimata en una pretendida y confesa exageración las constantes del mencionado (sub)género; esta maniobra retrotrae al espectador al instante a artificios creativos mucho más interesantes como Demons de Lamberto Bava o Angustia de Bigas Luna, aunque aquí la pirueta narrativa se acaba ahogando en las cansinas y gratuitas ganas de provocar el chiste, olvidándose de procrear un homenaje consecuente con el propio slasher y que acabará, de manera lamentable, en un batiburrillo de gags insulsos y olvidables. El rescate de los más manidos tópicos del slasher serán fruto de un conjunto de secuencias que explotan las bromas sin el cinismo y la mordacidad necesarios, cayendo en un tono cómico excesivamente superior a su empaque fantastique.

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Horns (Alexandre Aja, 2013)

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El siempre prometedor Alexandre Aja no lo tenía nada fácil al encontrarse con un material como Horns, la novela de Joe Hill que a modo de persuasivo cóctel de variantes ofrecía un extraño batiburrillo de elementos comandado por una historia de amor adolescente truncada por la tragedia, la misma que origina una venganza incesante con toques sobrenaturales todo ello con un alma fantastique repleta de humor negro  y perversión. El libro de Hill ofrecía esta extraña premisa bajo la frescura presente a la hora de unir y ensamblar sus más que estridentes particularidades que, en el caso de la versión fílmica del director francés, y aún destacando como una pieza singular y excéntrica, no acaban de aprovecharse al máximo dentro de su peculiar naturaleza.

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Extinction (Miguel Ángel Vivas, 2015)

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Extinction es la tercera película de uno de esos directores sobre los que se rodeó cierto estigma de futura promesa, tras presentar un debut tan estéticamente interesante como Reflejos (2001) o el impactante toque escénico de una home invasion tan enérgica como Secuestrados (2010), una de las más interesantes propuestas de género de los últimos años dentro de la producción nacional y que aún padece un injusto olvido. Miguel Ángel Vivas plantea ahora un escenario post-apocalíptico heredado de la novela Y pese a todo… de Juan de Dios Garduño, un relato de terror que forma parte de la enorme producción literaria sobre futuros trágicos, casi siempre con muertos vivientes o sucedáneos de por medio, que ha invadido los últimos años el mercado nacional. En este caso, la adaptación de la obra de Garduño (por parte del propio Vivas junto a Alberto Marini) presenta un mundo devastado por una catástrofe fruto de un virus que aniquila progresivamente al ser humano. Una premisa, ya mil veces vista, que aquí se dirige por el drama cuando una pequeña tragedia hará que dos hombres pasen los posteriores años de su vida enfrentados, teniendo como un nexo común la infantil mirada de una niña ante un mundo devastado y ambientado en un espectacular entorno nevado. Sigue leyendo

«La Horca» (Travis Cluff, Chris Lofing, 2015)

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La Horca tiene de inicio dos puntos bastante interesantes a tener en cuenta: el film viene producido por la Blumhouse Productions, compañía que además de responsabilizarse de una de las sagas de terror más exitosas de los últimos años (Paranormal Activity) parece luchar por una seria reivindicación del horror como género, auspiciada por un conjunto de filmes que lograron destacar en el campo; el otro aspecto cautivador recae en su propia premisa, un supuesto inicial heredado de los clásicos efluvios del slasher que propone encerrar en un instituto a un pequeño grupo de adolescentes que pretenden boicotear una obra de teatro que, 20 años antes, había acabado en tragedia. Sigue leyendo

Expediente Warren. The Conjuring (James Wan, 2013)

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Podemos definir The Conjuring como el rescate, puesta a punto y re-actualización del subgénero de las casas encantadas en el cine. James Wan se alimenta de la estética feísta del old school de los 70, y de muchas de las características que enriquecieron tanto la vertiente de los parajes embrujados como la fenomenología paranormal latente en los casos reales en los que el género se basó para engrandecer sus constantes. Se dramatiza el caso real supuestamente vivido por el matrimonio Warren, pareja de investigadores de lo paranormal que vivieron en primera persona el drama vivido por la familia Perron en su casa de Rhode Island. Sigue leyendo

Tú eres el siguiente (Adam Wingard, 2011)

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Tú eres el siguiente fusiona no sin cierto maniqueísmo la invasión doméstica con el slasher, subgénero anclado perpetuamente al cine de terror y cuyo mecanismo parece totalmente desgastado salvo honrosas excepciones. Adam Wingard, uno de esos enfant terribles del nuevo cine de terror norteamericano, construye la eterna y reiterada propuesta del grupo de supervivientes ante una amenaza exterior, siendo esto una influencia clara y confesa del cine de John Carpenter quien nutrió esta vertiente en base a su amor por Rio Bravo (1959) o La Noche de los Muertos Vivientes (1968). El film de Wingard se ha proclamado como una de las películas estrella de la pasada temporada, auspiciada por un supuesto retorno al slasher en su faceta más vintage. Sigue leyendo

Clown (Jon Watts, 2014)

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La premisa de Clown es tremendamente embriagadora. Un ejemplar padre de familia propone una solución rápida al inesperado impedimento que surge en la fiesta de cumpleaños de su hijo: el payaso contratado para animar a los infantes falta a su cita y nuestro protagonista, Kent, decide un improvisado remedio, como es el de disfrazarse él mismo con un traje de payaso encontrado en uno de los inmuebles que pretende vender como gestor inmobiliario. Los problemas aparecen cuando es incapaz  de despojarse de la vestimenta de tal simpática figura, punto de inicio del tormento que vivirá a continuación. Los tejidos del traje funcionan como una segunda piel para nuestro hombre y la peluca se le queda incrustada en su propio cuero cabelludo, momento en el que la película comienza a desarrollar una historia de horror que no duda en aprovechar uno de sus más siniestros atractivos,  como es la reversión perversa y maligna de una figura tan presuntamente inocente como la del payaso. Sigue leyendo

Wolf Creek 2 (Greg McLean, 2013)

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Al escribir sobre Wolf Creek 2 es bastante difícil abstenerse de plantear las escasas necesidades de la secuela, cuando la película de Greg McLean estrenada en el 2005 ya gozaba de un status propio que, aún amparándose en viejas aunque eternamente recurridas fórmulas, ya había alcanzando un culto casi instantáneo. Wolf Creek se lanzaría casi al momento como un clásico moderno del nuevo cine extremo arraigado en los estandartes más coléricos del horror de los años 70, convirtiendo a su antagonista, un redneck primigenio interpretado por un John Jarratt extraordinariamente desalmado, en toda una efigie primitiva de la maldad. Es precisamente con esta predisposición como se desarrolla Wolf Creek 2, que dando un ya desmesurado protagonismo a su villano aprovecha de una manera mucho más lumínica los pasajes desiertos de la Australia más profunda: si en la primera parte se exponía la aridez y asfixia de las llanuras aquí estas gozan de un componente mucho más fulguroso, que hace de esta atmósfera de un elemento algo más secundario pero que continúa imprescindible para la potencia visual de la película. Sigue leyendo

Wolf Creek (Greg McLean, 2005)

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Urbanitas perdidos y sometidos al desconocido e infravalorado poder del espacio rural, siendo cruelmente ajusticiados por subestimar al lugareño ante una supuesta posición privilegiada del habitante de ciudad. Esta atractiva premisa alimentó buena parte del terror de los años 60 y 70, desde los inicios del splatter de la mano de Herschell Gordon Lewis en su 2000 Maniacos (1964),  pasando por el Tobe Hooper que fomentara toda una oleada de terror que abrasaba con su calurosa y asfixiante ambientación del territorio rural con La Matanza de Texas (1974), surgiendo a raíz de ella toda una retahíla de émulos. Greg McLean parte en Wolf Creek de una premisa idéntica a la ideada por Hooper, heredando dos principios básicos: el abrumador y desasosiego provocado por la amplitud del terreno campestre (la sofocante Texas es sustituida aquí por la aridez del estéril campo australiano) y un intento de fomentar una violencia realista, dura y muy directa, que en el caso de La Matanza de Texas, en un ejercicio de ponderación de la sutileza, trabajó en base a una siniestra insinuación en detrimento de una tendencia expositiva. Supuestamente basada o inspirada en hechos reales, el poso que Wolf Creek deja en el espectador es el de un trabajado revival de aquel horror, aunque aquí se abogue por un exhibicionismo, controlado y comedido, de lo explícito de la violencia, no enturbiando la mejor de las intenciones de este tipo de propuestas: el dibujo de un terror primitivo y natural, basado en la recreación realista. Sigue leyendo

El Último Exorcismo (Daniel Stamm, 2010)

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El Último Exorcismo nace como uno de los episodios más importantes del nuevo falso documental, recluida aquí en la variante del found footage, posiblemente la distinción más aprovechable y explotable de ese subgénero auspiciado en la cámara mano con su juego implícito con el espectador en el que a través de ciertas aproximaciones al metalenguaje intenta hacer pasar por verídico lo expuesto en pantalla. El film de Daniel Stamm se aleja de las propuestas más mediáticas del subgénero, como el Holocausto Caníbal (1980) de Ruggero Deodato o El Proyecto de la Bruja de Blair (1999) de Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, heredando de ellas sólo la auto-asimilación de las formas y procesos de su impronta como mero recurso de estilo (no intenta ir más allá de elevar la etiqueta de terror a ningún otro tipo de intención lejana del lenguaje cinematográfico), predominando así sus puntos a favor en un marco formal tan limpio y enérgico como la cámara en mano. Sigue leyendo

«Memorias del Ángel Caído» (Fernando Cámara, David Alonso, 1997)

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Sería curiosa la labor de entender el crecimiento paulatino del culto hacia una película, que en este caso parece extenderse de manera proporcional a lo ya lejano de su fecha de estreno. Memorias del Ángel Caído es un film que irrumpe, sin avisar, en una época que se puede entender como plena decadencia del cine de género en España. Incomprendida e ignorada en su día, su trama se centra en un ámbito parroquial donde abruptamente comienzan a suceder extraños sucesos, comportamientos y fenómenos. Para los no iniciados en este film dirigido por una dupla de (por entonces) jóvenes directores conformada por Fernando Cámara y David Alonso, no conviene tener constancia de nada más. La película se disfruta por su reversa y atmosférica concepción del terror, que plantea un dibujo abstracto del antagonismo basado en una creciente sensación de perversidad, la misma que se apodera de la película insuflándola de creciente y enigmática aureola cargada de malignidad, estallando en un desenlace repleto de turbias sensaciones y ciertas postales de momentos para el recuerdo. Sigue leyendo

Wax (Víctor Matellano, 2014)

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Wax es una de esas películas que cuesta criticar. Se hace duro intentar transmitir el gran sentimiento de decepción que asola a una película realizada por alguien que ha demostrado cierto conocimiento del género, pero que acaba desembocando en una nimiedad repleta de frustración. La película de Víctor Matellano cae en un error de órdago, como es ahogarse en sus propios referentes. El director utiliza tanto vacuo esfuerzo en dejar claro todas y cada una de las influencias que parecen formar su imaginería como cineasta que hacen de la película algo vulgar y ordinario, algo que sumerge al film en un fallo imperdonable a estas alturas: la falta de entidad. Sigue leyendo