Dossier Giallo: “La muchacha que sabía demasiado” (Mario Bava, 1963)

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Dictaminar el momento en el que eclosiono el Giallo es una tarea realmente complicada, aunque parece claro que su estallido comercial se inició con El pájaro de las plumas de cristal de Dario Argento, que sería también el comienzo de su icónica “Trilogía animal”. Aunque encontramos en la década de los 40 algunos ejemplos de thriller italiano, el Giallo como el fenómeno cinematográfico que hoy conocemos comenzaría sus efluvios con La muchacha que sabía demasiado de Mario Bava, ya que en ella se empiezan a contemplar muchas de esas señas  de identidad que posteriormente Argento cimentaría como constantes para el subgénero. Y es que, Bava, que aquí se encontraba ante una de sus primeras películas dirigidas en solitario (su pasado como reputado director de fotografía le hizo co-dirigir, la mayoría de las veces por accidente, varios productos previos), parte de una historia ambientada en la turística y luminiscente Roma. A ella llega una joven visitante (una adorable Leticia Román), norteamericana que se ve envuelta en un crimen de manera accidental, como testigo inoportuno de un conflicto ajeno (planteamiento muy similar a la citada película de Argento) que a vlcsnap-2016-02-10-08h51m15s834la postre sería diatriba elemental del subgénero. Una joven de apariencia inocente que se involucra de manera tan fortuita como pasional (es una ávida lectora de novela policíaca) en un crimen que traerá consigo un entramado homicida que paulatinamente se irá complicando envolviendo a la joven de una sensación constante de peligro y amenaza. Como decimos en este inicio nos adentramos en la figura del testigo casual, que como en todo Giallo se encuentra en la localización principal debido a otro tipo de menesteres y que acabará formando parte de un complot de misterio y muerte.  También aquí veremos esa disposición del protagonista, elemental tanto en la corriente como en los primeros films de Argento, de intentar reconstruir en su mente el crimen presenciado, aquí con la peculiaridad de que sobre la joven recae de manera constante la posibilidad de una inventiva imaginaria debida a la neurosis provocada por la muerte de su tía; hasta su compañero, interpretado por John Saxon, duda de la veracidad de la joven, otro recurso usurpado en muchos posteriores gialli, donde las protagonistas femeninas eran fruto de extrañas paranoias psicológicas que enturbiaban la veracidad de los hechos. Como ya hemos dicho, sería Argento, en su “Trilogía animal” y muy especialmente en Rojo Oscuro, donde ese componente psicológico de reconstrucción del crimen cobrará especial importancia.

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Conviene señalar dos peculiaridades de la película, provocadas directamente del ímpetu del propio Bava: la primera, la vicisitud de que la protagonista de la película sea una tenaz consumidora de literatura pulp, esas publicaciones de consumo popular de diversos géneros cuya rama policíaca sería influencia clave del subgénero (“No lea esos libros. Son lecturas muy peligrosas“, le llegan a decir a la joven Nora Davis); también encontramos como Bava hace una mención directa a Alfred Hitchcock en su título original, versión femenina y libre de El hombre que sabía demasiado, film estrenado por el maestro del suspense en 1956. No entendemos esa referencia como algo casual, ya que la influencia del director británico aquí es clara, con un constante juego de sórdida intriga que utiliza un lenguaje complejo respecto a la imagen (destacando el esencial uso de la localización, tanto interior como exterior, vlcsnap-2016-02-10-08h51m57s947así como la manera en la que la cámara la recorre) y al uso de diatribas paralelas con la música; por no hablar de la jugada maestra rescatada aquí por Bava, al situar al espectador siempre un paso por encima de lo que la trama establece: si bien a este se le hace partícipe del juego de pistas y especulaciones, hay un componente voyeurista respecto al crimen y sus peculiaridades anexas. Para ello el director se ayuda de una voz en off que nos transmite la sensación de estar leyendo una de esas novelas pulp que incluso la protagonista utiliza como referencia para realizar una de las trampas para cazar al asesino, en una de las escenas más recordadas de la película.

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El extraordinario calado visual que ofrece el blanco y negro (recordamos que Bava es uno de los artistas más vigorosos de la imagen que se recuerden y en una tonalidad parecida retrató una de sus obras cumbre, la previa La máscara del Demonio) enmarca un suspense dinámico, que guarda para sí momentos de respiro con los tonos voluntariamente cómicos del film (parece ser que el proyecto nació como comedia, hasta que Bava se involucró en él reduciendo progresivamente esas dosis) con un entramado de narración que se ondula de manera enérgica, asimilando la agilidad y la esquematización clave de una historia criminal: todo está especialmente bien definido, desde el carácter inocente de la protagonista, el contrapunto cómico de su acompañante y el cariz extraño y enigmático de algunos de sus secundarios. De la película también llama poderosamente la atención la manera inteligente en la que está asimilado su paraje visual, con una idílica Roma (el personaje de Saxon llega a decirle la imposibilidad de pudieran ocurrir historias truculentas en un enclave tan bucólico como la capital italiana) que es presentada como un emplazamiento poderosamente luminoso y embriagador. vlcsnap-2016-02-10-08h52m08s515Será en la popular Plaza de España donde ocurra el crimen central del film, aunque Bava escapa de la agresividad escénica propia del cine de terror (que luego sí heredaría el Giallo como subgénero) para secuenciar los homicidios en unos juegos de cámara realmente interesantes, situaciones fuera de plano inclusive, que aporta un componente tan inusual como inspirado hacia la escena del crimen. La habilidad para la concepción de la secuencia por parte de Bava ha sido una de las constantes de su filmografía y hasta en un producto de cierto espíritu naif como este el director la resuelve con muchísimo acierto, aprovechando hasta el extremo la iluminación natural de la localización en las escenas diurnas (que no serán pocas) y la arquitectónica medición con el que compone los planos de interiores con ampulosa oscuridad.

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Otra peculiaridad clave con la que Bava reviste su película y que sería también recurrida en posteriores gialli es el siempre presente engaño de apariencias, elemento fundamental del suspense italiano a la hora de entramar el juego de suposiciones y sospechosos; en menor medida, también podemos discernir de otras enjundias de habitual presencia: unas son las llamadas anticipadas en las que el asesino de la trama, en palabras del propio periodista que Nora Davis conoce, realiza antes de cometer sus crímenes (visto en los inicios del Slasher, aunque con más influencia del folclore urbano en su inclusión allí). El propio periodista hace hincapié en unas suposiciones respecto a los crímenes, que según sus palabras parecen realizados por un maníaco sexual ante la ineptitud de la policía por atraparle. Ambas serían señas de identidad del Giallo, cuyos villanos sufren patologías mentales habitualmente provocadas por sucesos pasados ante una investigación policial que no surge efecto, por lo que un héroe anónimo ha de entrar en acción para resolver el misterio. Respecto al villano, en La muchacha que sabía demasiado no nos encontraremos ninguna figura enmascarada acechando en las sombras: en las pocas ocasiones que podamos ver al homicida, lo hará escondido entre la penumbra urbana.

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De su reparto destacan muy especialmente la pareja protagonista, interpretados por una dulce Leticia Román, que lamentablemente no evolucionaría su carrera como intérprete más allá de los años 60, y el incombustible John Saxon, uno de los actores norteamericanos que comenzaba esos días su importante periplo en el cine de italiano. Como secundarios conviene destacar a Valentina Cortese, enorme actriz muy bien considerada en el país transalpino, o Milo Quevlcsnap-2016-02-10-08h49m58s408sada, rostro habitual del cinemabis italiano especializándose poco después en el Spaghetti Western. Volviendo a la película, y aunque se pueda echar de menos el Bava más extremo y de luminosidad alienada como el visto en su etapa en color, aquí tenemos al director italiano en su vena más ambigua y sarcástica (una broma que se inicia a modo de prólogo y concluye como epílogo, cajetilla de cigarrilos inclusive, nos deja ante la duda de que todo pueda ser una alucinación de la joven), con una narración de tradición británica y con una agilidad tremenda al dosificar el suspense empero de unas dosis de hilaridad que sorpresivamente funcionan de manera excepcional en la trama. En realidad Bava triunfa en su intento de homenajear y asimilar el arte de dos pilares clave aquí: Alfred Hitchcock y su concepción minuciosa del miedo, además de la incisiva habilidad narradora de Edgar Wallace y otros coetáneos de la literatura pulp. Un minucioso trabajo de narración, en la última obra del director en blanco y negro, que avanzará en el florecimiento del thriller italiano con su siguiente película, mucho más cercana aún en posición e intenciones con lo que hoy conocemos como Giallo: Seis mujeres para el asesino.

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Saludos desde el Gabinete, camaradas.

 

8 comentarios en “Dossier Giallo: “La muchacha que sabía demasiado” (Mario Bava, 1963)

  1. Cierto, en la película hay mucho sarcasmo venido del propio Bava. Ya el título da mucha pistas sobre ello. Siempre he considerado la película como un juguete en su mayor punto de inflexión de su carrera.

    Gracias por tu comentario, camarada abúlico!

  2. ¿Un giallo que en lugar de ser explícito, hace juegos de cámara para mostrar menos? ¡Parece interesante! Y me hace falta ver más de ese subgénero que más allá de algunas de Dario Argento no es que haya visto demasiado.

    P.D.: Quizá un comentario muy superficial pero me encantan los pósteres de las películas de terror de los 70-80 y las del giallo en especial. Los encuentro muy sugerentes.

  3. Bueno, y sí, ya sé que esta es de los 60 (desde los 60 hasta los 80, ¿entonces? 😉 ). Que por cierto algo que me resulta muy llamativo es el diseño de la mano empuñando un arma. Uno de los carteles de “La Residencia” de Serrador me recuerda mucho al de esta película. Sólo que es un trozo de cristal (que por supuesto refleja a una victima gritando 🙂 ) en lugar de un cuchillo.

  4. Sí, camarada Rope, aunque los gialli irían progresivamente aumentando dosis de contenido explícito con el paso de los años, lo cierto es que el propio Argento dotó de mucha elegancia visual sus puntos de impacto cogiendo, precisamente, mucho de lo que Bava asentó tanto en esta como en la siguiente “Seis mujeres para el asesino” (de próxima reseña por estos lares). Te invito a que te sumerjas en un fascinante subgénero en el que, como en todo aquello que erupcionó en una catarsis comercial, encontrarás enorme variedad de calidad entre productos, pero siempre con la agradecida pasión de la arqueología cinéfaga.

    Precisamente, al publicar la entrada, veía que en este póster de “La muchacha que sabía demasiado” encontraba parecidos con otro cartel, aunque cierto es que su idea fue bastante explotada. En efecto, era a “La Residencia” de Chicho donde ya había visto recientemente algo similar, que además creo que se respetó para su edición hispana en vídeo y dvd. Por cierto, que la película, perfecta muestra de efluvios góticos italianos y hammerianos, es una piedra angular de nuestro fantaterror patrio.

    Gracias siempre por tus aportaciones!

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